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Otra cara de la pobreza

Marta Ruiz. reseña "Los pobres" de William T. Vollmann. Editorial Debate.

2012/04/18

Por Marta Ruiz.

Cada año se destinan miles de millones de dólares a los pobres. Unos cuantos de esos miles se van a los bolsillos de los economistas que hacen estudios concienzudos sobre la pobreza, así, en genérico, y cuyas aplicaciones son dudosas en casi todo el mundo. Quizá los antropólogos han metido un poco más el dedo en la llaga de los pobres, como lo hizo por ejemplo Oscar Lewis en los años sesenta con su famosa obra Los hijos de Sánchez, a la que muchos miran con el con el rabillo del ojo por haber acuñado el concepto de cultura de la pobreza.

Lo novedoso de este libro de William T. Vollmann es que el autor les da voz a los pobres, a partir de la pregunta ¿por qué eres pobre? Unas respuestas llegan desde la percepción (la falsa conciencia, por ejemplo, que da la religión), desde el resentimiento (soy pobre por culpa de los ricos), o la idea de que algo hará cambiar las cosas en algún momento (la esperanza es lo último que se pierde). Vollmann detecta ciertos rasgos asociados a los pobres y construye sus propias categorías que dan forma a los capítulos: invisibilidad, deformidad, indeseabilidad, dependencia, propensión a los accidentes, dolor, insensibilidad y enajenamiento.

Y empieza su viaje por el mundo: una prostituta de Tailandia, una mendiga de Rusia, gente que vive bajo los puentes en todas partes del mundo desde Yemen hasta Japón, los miserables que viven en carpas en Estados Unidos y hasta los habitantes del Cartucho y de los barrios más pobres de Ciudad Bolívar son personajes que entran y salen del escenario en este relato que transita entre el reportaje y el ensayo.

El resultado: un fresco en alto relieve lleno de sensaciones, olores y texturas, muchas de ellas repugnantes y agresivas, y otras muy líricas. Eso sí, sin pretensión de compasión o de manipular los sentimientos del lector. Porque el libro mantiene una permanente dialéctica entre inmersión y distanciamiento, y es exigente tanto en su estructura como en el lenguaje.

Es experimental, pues aunque respeta todos los códigos del periodismo tiene un poco de libro de viajes, otro tanto de collage y aunque es escrupulosamente verídico, se deja leer como la buena literatura. No por nada el autor tiene un lugar de honor en las letras de lengua inglesa por sus trabajos anteriores como Europa central y La guerra.

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