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Perorata del condenado

Alberto de Brigard reseña "Conversaciones con el profesor Y" de Louis-Ferdinand Céline. Caja Negra Editora.

2012/04/18

Por Alberto de Brigard.

Después de ser condenado por colaboracionismo con los ocupantes nazis, encarcelado, desterrado y amnistiado, Céline regresa a Francia para tratar de recuperar un lugar en una sociedad que, por una parte lo desprecia, y por otra parece temer que su sola presencia despierte fantasmas que seguían muy vivos. Aunque logra publicar y vender sus obras, no se acostumbra a estar fuera del centro de la actividad literaria; la actitud de los críticos cuando aparecen sus obras es hacer juicios sumarios, sin invitar a la polémica, y ese ninguneo resulta menos soportable para el escritor que otras manifestaciones de desaprobación.

Como reacción, Céline gestiona la publicación de una serie de artículos en una prestigiosísima revista, la Nouvelle revue française, en los cuales se propone presentar su posición frente a la literatura francesa de la inmediata posguerra y recordar sus aportes anteriores. Por diversos motivos esta idea no llega a cumplirse a satisfacción del autor, quien decide, en 1955, publicar esos textos en un libro de género indefinible, entre el ensayo, el reportaje y la (mala) novela.

El título es engañoso: se trata de un extenso monólogo, no hay conversación porque no se oyen ideas distintas de las que Céline tiene de sí mismo y las que cree que los demás tienen de él. El interlocutor no es sino un foco de burlas, de insultos y de ataques; canaliza los rencores del escritor contra las academias, los premios literarios, el cine y un largo etcétera.

Céline defiende —con todo derecho— sus innovaciones en el uso del lenguaje oral cotidiano y su idea de que llevar ciertas emociones a la prosa obligaba a torcer los modelos aceptados hasta el momento. Sin embargo, sus juicios sobre el mundo literario que le tocaba vivir, sobre sus aspiraciones para su propia obra y la de otros, no aparecen en este texto en donde el ruido de los insultos, las vulgaridades y la rabia sepulta todas las ideas; así, lo que hubiera podido ser un valioso manifiesto literario o siquiera una obra humorística muy personal, termina siendo apenas un panfleto patético que poco agrega a lo admirable de la obra de este escritor y, por el contrario, refuerza los motivos para afirmar que este gran artista era un ser humano deplorable.

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