Habitante de Parisopolis, favela de Sao Paulo.

Retrato de la periferia

La literatura marginal es relativamente nueva y tuvo un 'boom' con la publicación de la novela 'Ciudad de Dios' a finales de los años noventa. Hoy hay varios autores que escriben sobre los bajos mundos.

2012/04/18

Por Mariana Filgueiras, São Paulo.

La tradición de la literatura marginal en Brasil es muy reciente. Uno de los primeros autores que dejó ver, bajo una luz moribunda, lo que ocurría en los bajos fondos de Brasil fue Lima Barreto (Río de Janeiro, 1881). Pobre, mulato y finalmente loco, Lima fundó un reino marginal en la literatura brasilera con catorce obras pobladas de temas y personajes parias de la sociedad.

Vendrían otros pocos, como el poeta Solano Trindade (Recife, 1908), que se convirtió en artista y cineasta. Carolina María de Jesús (Sacramento, 1914), empleada doméstica que vivió en una favela y publicó su diario Quarto de despejo (1960), un éxito comercial publicado en cuarenta y tres países. El calderero y buhonero y después actor y dramaturgo, Plinio Marcos (Santos, 1935), con varios textos —entre los que está la pieza teatral Barrela— que fueron prohibidos durante la dictadura militar. Y João Anthony (São Paulo, 1937), habitante de la periferia, que después de interpretar la intimidad de los bajos fondos de São Paulo en sus libros Malagueta, Perus y Bacanaço, pasó a ser un reconocido escritor y periodista. No es casualidad que?toda su obra fuera dedicada a Lima Barreto.

En los años setenta, las dunas de arena de la playa de Ipanema en Río vieron el término marginal acuñado en un movimiento poético que reunió a varios colectivos de escritores, como Nuvem Cigana y Folha de Rosto. Los poetas marginales vivieron y crearon juntos y repartieron por toda la ciudad sus obras impresas en mimeógrafos. Sin embargo, como miembros de una clase intelectual, fueron más marginales por la forma —su poesía rompía con las vanguardias de la época como el Concretismo— que por su origen. Sus temas: la libertad, el fracaso y el consumo de drogas, eran muy diferentes a los explorados hasta entonces por los marginales: la exclusión, la identidad y la pobreza.

Pero fue al final de los años noventa cuando la literatura marginal cobró protagonismo y adquirió el significado que tiene hoy —se entiende por marginal la literatura producida fuera de un sistema editorial establecido, cuyos autores pertenecen a grupos sociales excluidos y cuyos temas abordan lo que es típico de los espacios y sujetos marginales—.

En 1997, la novela Ciudad de Dios, publicada en Río de Janeiro, rompió el marasmo literario de la época como un tiro de un fusil. Su autor, Paulo Lins (Río de Janeiro, 1958), habitante de la favela carioca que dio título al libro, cuenta la historia violenta de la comunidad con tintes sanguinarios. (En solo un capítulo de quinientas páginas hay noventa muertes y la batalla final entre pandillas no tiene nada que envidiarle a una epopeya). Lins ha sido aclamado por el público y por la crítica. En el 2002, su libro fue adaptado al cine en una película homónima que obtuvo cuatro nominaciones a los Premios Oscar.

Dos años después, en 1999, inspirado por Ciudad de Dios, apareció el libro Capão pecado, del escritor Ferréz (São Paulo, 1975), que escarba en la cotidianidad de Capão Redondo, uno de los barrios más violentos de São Paulo. Fue un complemento simbólico a Ciudad de Dios, pues las dos capitales constituyen el eje cultural y económico de Brasil. Capão pecado pasó de mano en mano entre los jóvenes, pero fue prohibido en las escuelas.

Capão pecado dio origen a la colección de revistas Literatura marginal, publicada por Ferréz en el 2001. Fueron cuatro ediciones especiales durante más de cuatro años, que culminaron con una antología que tuvo como tema la periferia de São Paulo. Ferréz terminó siendo el representante del movimiento al reunir textos de escritores de la periferia como Sergio Vaz, Gog, Alessandro Buzzo y el mismo Paulo Lins. Es imposible hablar hoy de literatura marginal en Brasil sin citar la labor aglutinadora de Ferréz.

“Han cambiado muchas cosas desde Capão pecado —dice Ferréz antes de viajar a la Feria del Libro de Bogotá—. Antes no teníamos espacio para nada, pero ahora la gente sabe quiénes somos y el tipo de trabajo que hacemos”. Incluso antes de publicar su primer libro, Ferréz ya hacía un trabajo de fomento a la literatura que se propagó por todo Brasil: da conferencias en las cárceles, realiza veladas en hospitales psiquiátricos, visita escuelas y lleva su literatura a cualquier lugar. Hoy, existe una larga lista de escritores marginales que, como él, buscan sustrato en sitios donde ni siquiera hay libros.

“Está Catia Cernov y sus textos sobre el medio ambiente, en Rondônia. Está doña Laura y sus textos escritos a los ochenta y cuatro años, en Rio Grande do Sul. Está la historia del fallecido escritor y rapero Preto Ghóez, de Maranhão. Está el Gato Preto, en Bahía. Hay escritores en todas partes”, dice Ferréz, para quien Internet facilita el fortalecimiento y el estímulo entre los escritores.

Libros de cartón

La literatura marginal de Brasil pasa por un momento interesante. En las fronteras del país apareció el “cartonerismo”, un movimiento de distribución inspirado en otros países de Latinoamérica. Son pequeñas editoriales independientes que publican a autores marginales de manera artesanal: los libros de papel reciclado son vendidos en las esquinas y las portadas son realizadas por artistas locales. Brasil ya tiene a Dulcinea Cartonera en São Paulo y a Katarina Kartonera en Santa Catarina. Muchos autores que simpatizan con la causa piden ser publicados por las cartoneras, lo que ha servido para aumentar el catálogo. En la frontera entre Brasil y Paraguay, por ejemplo, la cartonera Yiyi Jambo fue esencial para la difusión del movimiento literario —bastante marginal— Portunhol Salvaje, cuyas obras están escritas en una mezcla entre portugués, español y guaraní: “Una flor que nasce en la bosta de las vakas”, sintetiza el escritor brasiguayo Douglas Diegues, líder del movimiento que publica poemas de raperos, recolectores de basura, prostitutas, artistas y de toda la fauna que habita en las fronteras.

Hace dos años se publicó en Río de Janeiro la Guía afectiva de la periferia, del actor y director de teatro Marcus Vinicius Faustini. Es una especie de inventario periférico que se ha convertido en la metodología de la Agencia de Redes para la Juventud, un proyecto social que actualmente reúne a más de quinientos becarios. Oriundo de la periferia de Río de Janeiro, la estética de Faustini se basa en su territorio.“La favela no es solo carencia. La favela tiene que ser vista como potencia”, dice.

Este fortalecimiento creó un precedente inédito: la literatura marginal es hoy objeto de debate, gana premios y tiene sellos editoriales propios. Dos universidades brasileras publican actualmente libros sobre el tema: UFJF en Minas Gerais y UnB, Distrito Federal. En Río de Janeiro se realiza la Flupp, la primera Feria Literaria de las Favelas Pacificadas, a la que asisten, a una especie de juego literario, escritores de las comunidades y policías que trabajan en estos barrios. Al final del proceso quince textos de cada grupo son seleccionados y publicados.

“Queremos reforzar lo marginal. Queremos mostrarle al marginal lo mucho que puede parecerse a lo establecido y viceversa —dice el periodista Toni Marqués, curador de la Flupp—. Queremos mostrar que es difícil cultivar una voz propia cuando no se tienen los medios, pero no es imposible. El talento y la vocación no dependen del dinero. Dependen de la educación y hoy existen formas solidarias y conectadas de aprendizaje e intercambio de experiencias”.

La historia de la literatura brasilera comienza a ser escrita desde los márgenes.

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