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¡Te amo!?¿Te amo?

Manuel Kalmanovitz reseña "La felicidad conyugal" de Lev Tolstói. Editorial Acantilado

2012/04/18

Por Manuel Kalmanovitz.

La felicidad conyugal, de 1859, fue la cuarta novela que publicó Tolstói, aunque estuvo a punto de no hacerlo. En su biografía, Ernest Simmons dice que tras leer las pruebas de imprenta escribió en su diario que era una “abominación vergonzosa” y le pidió a su editor que cancelara la publicación y quemara el manuscrito, aunque era demasiado tarde.

Está basada en una relación que tuvo el conde Tolstói con Valerya Arseneva, la hija de un vecino de su hacienda, cuando aún no tenía treinta años.

En el libro, un hombre de treinta y seis años, agudo y perceptivo, se enamora y se casa con una muchacha de diecisiete que no ha salido de su casa. Todo está narrado en primera persona por la muchacha y el conflicto central es la diferencia de edades, una situación que aparece en las dos grandes novelas de Tolstói sin ser protagónica.

El hombre quiere una vida tranquila, dedicada a los asuntos de su hacienda y a su familia. La muchacha aún no sabe lo que quiere. Quiere agradarle al hombre, “ser a sus ojos lo que él creía que yo era”, pero eso no significa nada específico.

El título es irónico. La felicidad no está presente en el ámbito de la familia sino antes del matrimonio, en el cortejo, en la ilusión de lo que puede pasar, o sea, en la imaginación.

Esa felicidad es retratada con sabiduría por Tolstói, como algo que existe con una mezcla de alegría intoxicante y oscuros temores. El hombre le confiesa en esta etapa que siente miedo “porque la vida sigue y algo puede cambiar; y nada puede ser mejor que lo que hoy tenemos”.

El miedo resulta ser justificado. La muchacha sale al mundo y la vida de fiestas, conocidos, relaciones sociales, le resulta embriagante. La relación con su marido, que no comparte esa fascinación, se enfría. Ella siente que la desprecia, que no la quiere y eso no hace sino aumentar la distancia entre los dos.

Tolstói escribe con cuidado y corazón. Y la traducción de Selma Ancira, Premio Nacional de Traducción 2011 en España, transmite plenamente la luminosidad de quien Virginia Woolf llamó “el más grande de todos los novelistas”.

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