Piedad Bonnett.

Explicaciones no pedidas

Piedad Bonnett / Visor

2011/12/20

Por Santiago Espinosa.

Cuando le preguntaban a Isadora Duncan por qué amaba a Esenin, el explosivo poeta ruso, la bailarina norteamericana respondía: “Sabe acariciar la tristeza”. Eso podríamos decir de este libro de Piedad Bonnett, ganador del premio Casa de América. Sus poemas logran pulsar nuestras heridas sin que el dolor los encandile: “No hay cicatriz, por brutal que parezca, / que no encierre belleza”. Se sitúan en las ciudades como un testigo insomne, atentos, trazando los hilos del que sueña. Cuentan con intuición e ironía cuánto hay de muerto en nuestras diarias rutinas: “Como si lo mordiera la costumbre / (esa forma taimada de la muerte)”. Sin excusas ni certezas, Bonnett vuelve a preguntarnos sobre lo importante: aquello que somos y ocultamos. Lo que hemos dejado de ser. Un demorado proceso de depuración, verbal y psicológica, para llegar al lugar en que los sabios antiguos se sentaban frente al poema a conversar con su alma.

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