El escritor italiano Francesco Forgione estará presentando su libro "Mafia Export" en la Feria del Libro de Bogotá.

“Los políticos son los que le dan fuerza y aliento a la mafia”

Francesco Forgione es uno de los más interesantes invitados a la Feria del Libro de Bogotá. Dirigió la Comisión Antimafia del Parlamento italiano hasta hace tres años, y acaba de publicar Mafia Export, una implacable radiografía de un negocio multimillonario cuyas dimensiones planetarias parecemos empeñados en ignorar aquí. Arcadia conversó con él.

2011/05/03

Por Marta Ruiz

Corría enero de 2001 cuando Salvatore Miceli, uno de los hombres más importantes de la mafia siciliana Cosa Nostra, estaba secuestrado en un lugar de Colombia por grupos paramilitares. Una tercera parte de las 900 toneladas de cocaína que habían embarcado en Barranquilla, había sido decomisada en Atenas. Pero cerca de 700 toneladas deambulaban por los mares de África sin llegar su destino. Era el segundo cargamento del que no veían ni un dólar, y Miceli se convirtió en prenda de garantía para que alguien en Italia respondiera por el negocio. Quien salvó la situación logrando llevar la droga a un puerto donde fue desembarcada bajo la vista gorda de las autoridades fue Roberto Pannunzio, otro conocido mafioso italiano, al servicio de la que hoy es considerada la mafia más globalizada y poderosa del mundo: la Ndrangueta, de la Calabria, principal distribuidora de la droga colombiana en el mundo.

 

Esta historia es apenas una de las muchas que se encuentran en las páginas de Mafia Export, el más reciente libro de Francesco Forgione, un atlas detallado sobre la presencia de las mafias italianas en todos los continentes. El libro ha causado revuelo en Europa, donde la prensa le ha dado profuso despliegue que incluyó una portada de L’Express en Francia. El mayor impacto del libro son los mapas que Forgione ha construido y que detallan con nombres propios, por ciudades y barrios de un centenar de países, la presencia de los clanes mafiosos y los negocios a los que estos se dedican. Desde una cadena de pizza que sirve para encubrir la distribución de droga, hasta negocios inmobiliarios, de moda y de contratación pública. Desde Venezuela hasta España, y desde Irlanda hasta Australia, pasando obviamente por New York.

 

Forgione sostiene que las mafias actualmente se han globalizado y que tienen más impacto en la economía legal de lo que se piensa. Es así como han logrado que sus sucios capitales ingresen en el ciclo financiero y empresarial de Europa, y que pasen ante los ojos de todos como una burguesía que emerge gracias a la hipocresía de los gobiernos del mundo.

 

La investigación hecha por el autor se basa, en buena medida, en el trabajo que como presidente de la Comisión Parlamentaria Antimafia realizó en 2008. Como diputado y como profesor de historia y sociología, ha dedicado la mitad de su vida a estudiar el crimen organizado. Por eso su libro Mafia Export y su visita a la Feria del Libro de Bogotá, en mayo próximo, serán la oportunidad para debatir de manera menos localista sobre el nuevo rostro del narcotráfico en el mundo. Su visión sobre la mafia italiana ofrece, como puede verse en esta entrevista, un juego de espejos con la realidad colombiana, y ofrece un nuevo paradigma para la lucha contra el crimen organizado.

 

Hace un siglo su compatriota Gaetano Mosca definió a la mafia como un espíritu basado en un sistema de protección y lealtad. ¿Cómo la definiría usted hoy?

 

Hoy la mafia es un holding económico y financiero y no solamente una organización criminal. Una mafia es un sistema de poder que tiene relación con el sistema político, económico y empresarial. Por eso nosotros hablamos de un sistema mafioso y no solo de crimen organizado. En Italia esta diferencia está tan clara, que una ley estableció el delito de asociación mafiosa, que es diferente al concierto para delinquir.

 

¿Por eso habla usted en su libro Mafia Export de una burguesía mafiosa?

Yo siempre digo que puede existir una política sin mafia, pero no puede existir una mafia sin política. Por eso hablo de burguesía mafiosa, porque para transformar los capitales de los mafiosos en economía legal se necesitan notarios, gerentes de bancos, hombres de la política y de la vida pública. La otra cara de esa burguesía es la política. Los vínculos entre mafia y política solo son posibles bajo un sistema de corrupción. Muchos senadores en Italia tienen procesos por asociación mafiosa porque ahora mismo hay una política que favorece esa relación.

 

¿Cómo funciona ese holding?

 

La mafia maneja negocios diversos. El tráfico de droga sigue siendo fundamental para producir dinero. La facturación anual de las tres mafias italianas: la Cosa Nostra, la Camorra y la Ndrangueta, suma 150.000 millones de euros anuales. Entonces hay dos problemas. El primero es que por lo menos 60 por ciento de ese dinero se blanquea en la economía legal. Segundo, si hay mucho dinero que se blanquea en la economía legal, entonces tenemos que buscar la frontera entre la economía legal e ilegal no solo en Europa, sino en todo el mundo. Pero esta es una frontera gris, difusa y difícil de establecer.

 

¿Todo ese dinero lo produce el tráfico de drogas?

El tráfico de cocaína tiene un gran peso en las ganancias que obtienen estas organizaciones. Pero una mafia, si es que de verdad es mafia, necesita tener un control del territorio, de las actividades financieras, económicas y políticas, y por eso una característica de la mafia es controlar dinero público. En regiones y ciudades italianas donde las mafias son fuertes, como Calabria, Sicilia y Nápoles, ellos controlan, por ejemplo, la actividad inmobiliaria, la actividad de recolección de las basuras y los contratos con la administración pública.

 

¿Estos mafiosos que posan de hombres de negocios pueden renunciar al uso de la violencia?

No hay dos mafias, una de violencia, y otra económica-financiera. La burguesa y la violencia son las dos caras de una misma moneda, son dos maneras de ejercer el control del territorio y la prepotencia. Lo que ocurre es que la mafia en una dimensión global se comporta como una burguesía, y en la dimensión local, lo hace de manera más criminal, con la intimidación y sus sistemas de protección. Mientras una de estas expresiones se tiene que combatir con la acción penal y la represión, la otra solo se puede combatir a nivel internacional, atacando el blanqueo de capitales. En ese sentido, Europa necesita una nueva legislación que prevea el secuestro de capitales y las propiedades de los mafiosos. Tenemos que golpear el corazón de la mafia que es la economía.

 

Usted tilda de hipócritas a los gobiernos europeos en ese tema.

 

Sí, es una gran hipocresía no ver que las mafias y la corrupción, en un contexto de globalización capitalista, forman parte del sistema mismo. La hipocresía hace que muchos gobiernos toleren a las mafias y solo actúen cuando ellas han regado con sangre las calles. Es el caso de Alemania, donde solo se empieza a actuar contra la Ndrangueta después de que en agosto de 2007 esta cometiera una masacre de seis personas en Diusburgo. Pero la Ndrangueta estaba allí desde los años 50, en negocios de apariencia legal como restaurantes o agencias inmobiliarias. Muchos países piensan que si les llevan dinero, entonces no son mafiosos. En Europa muchos han cerrado los ojos a la manera como se está transformando el sistema económico, empresarial y la política misma.

 

Justamente usted le dedicó todo un libro a la Ndrangueta.

 

Claro, porque es la mafia más poderosa y menos conocida en el mundo, y así lo dijo el informe de la Comisión Parlamentaria Anti-mafia que yo presidí en 2008. Paradójicamente, es también la menos combatida por el Estado.

 

¿Por qué tiene tanto poder?

 

La Ndrangueta es la que tiene interlocución con los carteles de las drogas de Colombia y México, y es el principal distribuidor de cocaína en el mundo. Es una mafia muy peligrosa, tanto que Estados Unidos la tiene en la lista de organizaciones terroristas, al lado de Al Queda.

 

¿Qué tan importante es en la Ndrangueta el señor Giorgo Sale?

Hay dos hombres muy importantes en la Ndrangueta que tienen relación con Colombia: Giorgo Sale y Roberto Pannunzio, ambos son muy peligrosos y no solo estuvieron relacionados con los paramilitares y Salvatore Mancuso, sino antes de eso, con el Cartel de Cali. Pero ellos no están únicamente en el negocio de la coca, sino en muchos negocios que aparentan ser legales.

 

También menciona usted a Venezuela como un país donde la mafia italiana actúa con libertad.

 

Venezuela es uno de los países del mundo con más emigración italiana. Y con los italianos migrantes también llegó la mafia. Por eso Venezuela es una de las rutas de la coca en el mundo y uno de los países donde se puede blanquear el dinero de los mafiosos. Y también las relaciones con la política de Venezuela son históricas. Por eso mi libro presenta el primer atlas geocriminal de la mafia en el mundo con sus conexiones y en todos los continentes, y como se puede observar en los mapas que lo acompañan, Colombia y Venezuela son los principales enclaves de la mafia italiana en Suramérica.

 

Usted presidió la Comisión Antimafia del Parlamento italiano. ¿En qué consiste?

 

Esta comisión parlamentaria tiene el mismo poder que la Fiscalía. El presidente es una especie de procurador que puede investigar a las organizaciones, su economía y su vínculo con la política. Mientras yo estuve de presidente, en mi comisión es-?tablecimos un acto formal que ningún partido puede tener como candidatos a ningún cargo, a personas con procesos judiciales. Eso porque necesitamos limpiar la política, necesitamos transparencia.

 

¿Han servido las medidas que se han tomado para limpiar la política?

Más o menos. Hoy el Presidente de Italia tiene muchos procesos en su contra, el ex gobernador de Sicilia, Salvatore Cuffaro ha sido condenado a siete años de prisión por sus vínculos con la mafia. La misma suerte corrió Marcello Dell´Utri, uno de los hombres más importantes del partido de Berlusconi. Creemos que tenemos que romper las relaciones entre mafia y política, porque son los políticos los que le dan fuerza y aliento a la mafia.

 

¿Basta con tener leyes?

En Italia hay buenas leyes sobre la economía. Hay cárcel fuerte para los mafiosos, hay una ley para colaborar con la justicia que es la que llamamos de los “arrepentidos”, que busca golpear la ley del silencio de las mafias, la que llamamos Omertá. Además, tenemos el destino social del patrimonio de los mafiosos. Hoy hay jóvenes que producen vino, aceite y pasta en propiedades que antes eran de los mafiosos. Así se logra una conexión entre la represión y el uso social del patrimonio de las mafias.

 

Aun así en muchos países la gente más pobre ha terminado defendiendo a los capos en contra de las autoridad. Es el caso de Dudus en Jamaica o de Marcola en São Paulo.

 

La razón histórica es que no hay no hay políticas públicas, ni respuestas a problemas de trabajo, salud, educación y, en general, de la vida. La mafia ofrece una alternativa. Entonces luchar contra las mafias requiere construir una sociedad con respuestas. En Italia también hay sectores sociales que se ponen como interlocutores de las mafias, y la respuesta a esa situación la tienen que dar los gobiernos.

 

También habla usted de un movimiento civil en contra la mafia en su país.

 

En Italia hay comerciantes y empresarios que denuncian el sistema de protección conocido como Pizzo (extorsión), testigos de la justicia, ciudadanos del común que rompen el silencio y la puerta de intimidación sobre la sociedad que necesitan las mafias. Hay una asociación llamada Libera, donde participan jóvenes, curas, católicos y laicos que hacen un trabajo cotidiano en la escuela y la universidad, para construir conciencia civil sobre la mafia y para interrogar a los políticos y a las instituciones sobre estos problemas. Por eso, la lucha contra la mafia no es solo de represión, sino una lucha social. Tenemos que construir una idea de la solidaridad y justicia para nuestros países.

 

¿Sería la legalización de las drogas una manera de acabar con las mafias?

Este tema es muy complejo porque sin duda hay drogas diferentes. Legalizar las ligeras, como la marihuana, sin duda tendría una buena respuesta y la sustraería del mercado. Otra cosa es la cocaína, yo creo que tenemos que golpear el narcotráfico, y la producción y la venta porque esto representa acumulación de dinero, y poder para las mafias.

 

¿Qué piensa de la política antidrogas de Estados Unidos?

Creo que es una política hipócrita que no busca golpear realmente a las organizaciones de traficantes, como lo demostró en el pasado Colombia, y hoy México. Hay que construir una política diferente, que le dé alternativas de vida a los campesinos, y que golpee realmente al narcotráfico.

 

El escritor Roberto Saviano, que describió en Gomorra toda una anatomía de la Camorra, ha sido amenazado de muerte. ¿Usted también está en la mira de las mafias?

Yo tengo protección desde 1995, pero no me gusta hablar sobre ese tema. No me gusta construir una antimafia de héroes, sino una antimafia social. En Italia hay alcaldes, periodistas, jóvenes que tienen amenazas de la mafia y nadie los protege.

 

El inmolado juez Falconne dijo que la mafia, como toda actividad humana, tuvo un principio y tendrá un fin. Pero otros piensan que la mafia vino para quedarse y solo es posible su contención.

 

Claro que van a tener final, si construimos una alternativa de sociedad. Las mafias tienen un terreno perfecto para vivir en un modelo del capitalismo donde lo primero es el valor del dinero, la supremacía del hombre sobre el hombre. Necesitamos una sociedad humana, una visión diferente sobre el uso del dinero, que no sea la riqueza rápida, se pueden tener buenas leyes y buenas investigaciones. Hoy el problema es que la mafia es un problema globalizado y se necesitan instrumentos de lucha también globalizados. Pero estoy seguro que todo el esfuerzo antimafia vencerá.

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