Foto: Alonso Espartero

Antonio Canales es el rey del flamenco, pero la culpa es de otro

El bailaor se presentó el fin de semana con ‘Una moneda de dos caras’ en el Auditorio León de Greiff. La danza es el medio para contar la vida de un artista ícono en su género.

2016/03/21

El sevillano se presentó en Bogotá del 19 al 21 de marzo en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional. El formato, para el desprevenido, es extraño. Canales saluda al público como si fuera a hacer un monólogo. Pero pronto todo queda claro, se trata de una autobiografía en escena, como solo él podría dramatizarla, con la danza.

Hay dos cantaores, David “El Galli” y Moi de Morón; el percusionista José Carrasco, Ramón Santiago a cargo del teclado y el guitarrista flamenco Paco Iglesias. Además, Mónica Fernández complementa los pasos de Canales.

Antonio Canales habla con la danza, con sus pies que generan sonidos con movimientos imperceptibles, y cuenta su vida. Su testimonio es el de un niño prodigio del baile, “bailaba con un arrojo y con tan poca vergüenza” que pronto en su familia supieron para dónde se dirigía su vida.

Una moneda de dos caras es el testimonio de Antonio Gómez de los Reyes, o Antonio Canales, ese que llegó al Ballet Nacional de España cuando todavía era menor de edad. Pero ese triunfo prematuro no se carga fácilmente. Por eso nació esta obra que el mismo bailaor dividió en tres partes.

Hay allí recuerdos de su infancia y sus primeros pasos en Sevilla y la comunidad gitana con la que creció. También cuenta uno de los momentos cumbres de su carrera, cuando ya era solista del Ballet Nacional y creó Torero, una obra con la que vino al Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá en 1998. Finalmente está el testimonio de Canales, ese alter ego que le ha hecho la vida imposible y sin el cual no podría vivir.

El ensamble es una mezcla de monólogos, flamenco, danza y los desencuentros entre el protagonista y su “otro yo” que lo atormenta. Las luces ayudan a enfocar la atención en un cantaor que da inicio a un nuevo tema, en la falda de lunares de Mónica Fernández que levanta un poco para que se vean sus ágiles pies, o en la capa de torero que agita Canales con habilidad para luego ir a jugar con una silla. Siempre se deslizan con sonidos tenues o impetuosos. Siempre están las palmas y, en el fondo, siempre quedan unas ganas en el espectador de unirse al espectáculo sin saber bien cómo hacerlo.

La obra de canales mezcla la danza y la música en vivo con los versos de Quintero, León y Quiroga, un trío de poetas y compositores de música popular española. En escena, Antonio Canales toma algunos de estos fragmentos y hace guiños al público bogotano, al cual conoce de vieja data:

Te quiero guapa y sencilla,
como yo te conocí,
no tienes que engalanarte,
para nadie, más que para mi,
ni tu eres mujer moderna,
ni quiero que lo aparentes,
que yo te prefiero antigua,
que lo antiguo vale siempre,

(…)

¿Te cambiaste ya el vestido?
andando, para el teatro,
ya verás tú con qué envidia
nos contemplan más de un cachaco.

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