Según su propia descripción, la obra es una mezcla entre Plaza Sésamo y el hotel de Norman Bates de 'Psicosis'.

Hotel Paradiso: el teatro del slapstick

Cuatro actores representan a una veintena de personajes en esta obra de la compañía alemana Familie Flöz. Sin decir una palabra y con una máscara cubriendo sus rostros logran demostrar que el buen humor es universal.

2016/03/16

Por Laura Martínez Duque

El término slapstick se traduce al español como bufonada o payasada. Es una contracción de las palabras en inglés Slap -golpe o bofetada- y stick -palo-. La comedia del slapstick se refiere a un tipo de humor que pone en marcha un simulacro de violencia física. El argumento siempre es simple y va recargándose a través de la reiteración de un gag ocurrente e inesperado.

El humor silente de Charles Chaplin –siempre haciendo uso de su bastón-, de Buster Keaton y sobre todo, el de los hermanos Marx, son ejemplos que ilustran este tipo de comedia que a menudo prescinde de la palabra. La animación infantil se ha nutrido tanto de este género que, el ataque con una sartén o el pastelazo en la cara son agresiones comunes entre “muñequitos”.

Hotel Paradiso es una obra de teatro slapstick que tiene un elemento extra que la distingue y la hace aún más interesante: los actores no se apoyan en la palabra y tampoco en la expresividad del rostro para interpretar a unos 20 personajes distintos, pues todos llevan unas enormes máscaras que cubren completamente sus caras.

Valiéndose únicamente de sus cuerpos, la compañía Familie Flöz, cuenta la historia de un hotel perdido en el medio de los Alpes y de la particular familia que lo regenta. El escenario es el vestíbulo del hotel con las puertas que sugieren espacios ocultos a la vista del público. De forma inverosímil, aparecen todo tipo de huéspedes que bajan desde la montaña y tratan de alojarse a pesar de las intrigas y discordias entre los dueños.

Los golpes abundan con ingenio y ritmo. Gracias a la música, los actores emprenden coreografías armadas milimétricamente para generar acciones absurdas, grotescas. Algunas sorprenden por el uso de trucos de magia y otras consiguen con sutileza varios momentos de emoción poética.

El slapstick de Hotel Paradiso va más allá del golpe de bastón y alcanza una suerte de gore teatral. Mutilaciones, desmembramientos y masacres se insinúan sin pudor, pero todas ellas se suceden en un espacio fuera del campo visual del espectador y el público rápidamente entiende el código tácito que propone la obra.

Sin decir una palabra y desprovistos de toda gestualidad, estos muñecos almanes se mueven con una gracia única, demostrando que aunque parezca un cliché, el buen humor sí es universal.

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