Render del proyecto ganador

El nuevo Colón

La oficina de los arquitectos Nathalie Montoya y Diego López, de Medellín, ganó el concurso para convertir al Teatro Colón en un nuevo centro de producción de las artes.

2013/11/14

Por Redacción Arcadia

Cuando se ha hablado en medios de comunicación de la remodelación del Teatro Colón o de su ampliación, la mayor parte del público no parece tener clara la dimensión de ambos proyectos. La información que se ha dado ha puesto el énfasis en el lugar equivocado: un revuelo vacuo y añejo por una pobre lamparita de muy poco pedigrí.

Para comenzar, se confunden dos cosas muy distintas: por una parte, está la remodelación del teatro mismo, que entra ya en su tercera fase (y que implicó en sus inicios, entre otros, el famoso cambio de la lámpara y de la silletería, y la polémica desaparición del tradicional corredor central de la nave central); y por otra, el concurso llamado “de ampliación de teatro”, que acaba de ser fallado la semana pasada.

Pero llamarlo “ampliación” parece un error. Porque difícilmente puede llamarse con ese nombre a los más de 13.400 metros cuadrados del proyecto ganador. La demolición de casi media manzana de La Candelaria para la construcción de un monumental edificio de siete pisos de altura en mármol, vidrio y concreto, que albergará una sala alterna para 426 espectadores en 800 mt2, una experimental de 400 mt2 y otra de ensayo (de 300 mt2, que será la sede de la Orquesta Sinfónica), y las decenas de espacios de apoyo para oficinas, talleres, luminotecnia, bodegas, camerinos, salas de maquillaje, restaurante, cafeterías y hasta una tienda de museo, no pueden ser consideradas una mera ampliación. Y si a esto le agregamos la que la Casa Liévano se convertirá en un centro de documentación de la vida del Colón y de sus producciones musicales, en realidad estamos hablando de un proyecto con un significado enorme: es la total reconversión del Teatro Colón en un auténtico centro de producción de las artes que le cambiará la cara al barrio de La Candelaria y que revolucionará, con el tiempo, la producción local de las artes escénicas.

No es de extrañar, entonces, que al concurso se hayan presentado cincuenta y nueve proyectos. Pero sí es de celebrar que los ganadores sean, primero, paisas, en un premio que desafía los territorios establecidos de esa vieja enemistad entre arquitectos bogotanos y antioqueños; y dos, que a la cabeza del proyecto esté una mujer. Porque son muy pocas las mujeres que han sobresalido en la historia de la arquitectura colombiana: quizás la que más lejos ha llegado ha sido Eugenia de Cardozo, quien diseñó el auditorio León de Greiff y fue la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Arquitectura. Pero de eso hace ya muchas décadas.

Nathalie Montoya ha sido profesora de Proyectos de la sede de Medellín de la Universidad Nacional desde hace quince años, prácticamente desde que acabó su maestría en la UPC de Barcelona en Cultura de las Metrópolis, y el proyecto ganador del concurso convocado por el Ministerio de Cultura fue presentado desde la compañía de arquitectos que dirige junto a su marido, el también arquitecto Diego López.

Con su amplísimo patio de acceso y su plataforma ajardinada, el diseño busca dialogar con la arquitectura circundante (la entrada quedará enfrentada al Centro Cultural Gabriel García Márquez de Rogelio Salmona, y una cuadra más arriba está la Biblioteca Luis Ángel Arango), sin competir con la arquitectura republicana de La Candelaria. Ahora, tras el premio, viene la segunda etapa de ajustes técnicos. Y en el 2014, la supervisión arquitectónica de la construcción.

Montoya no oculta su alegría por el premio que parece augurar buenas cosas para la arquitectura hecha por mujeres. A nivel internacional, los nombres de Zaha Hadid, Fuensanta Nieto, Odile Decq o Carme Pinós son prueba de ello. Y en el medio local, Ana Elvira Vélez ha obtenido reconocimientos en las Bienales de Arquitectura en vivienda colectiva. Así mismo, en los parques educativos de Sergio Fajardo para Antioquia hay varias mujeres jóvenes que han sido encargadas mediante concurso de desarrollar estos espacios en municipios antioqueños. Entre ellas, Catalina Giraldo, María Paula Duque, Ana María Estrada y la oficina de arquitectura Control G.

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