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La Candelaria a pie

El proyecto de peatonalizar La Candelaria ya comenzó. Lo mejor: coincide con la construcción de grandes centros culturales.

2010/03/15

Por Juan Esteban Osorio

A partir de febrero del 2007, algunas calles de La Candelaria se convertirán en vías peatonales. Para hacer más gradual la medida, desde mediados de septiembre pasado, se ha empezado a aplicar la peatonalización de viernes a domingo, pero desde febrero será todos los días, sin lugar a discusiones. El cierre abarca las calles décima y once entre la circunvalar y la carrera décima y entre las carreras segunda y sexta entre la calle séptima y la Avenida Jiménez. Estos días serán para tantear terrenos, que la gente se vaya enterando y acostumbrando, y para identificar fallas en la implementación del proyecto. Para preparar a La Candelaria como zona libre de carros.

Gabriel Pardo, director de la Corporación La Candelaria, una de las entidades que participan más activamente en el proyecto, cuenta: “Lo que se pretende es recuperar el sentido de prioridad del peatón, más allá de poner talanqueras en las calles. Mejorar las condiciones de los que todavía caminan la ciudad y que eso provoque reacciones como una mayor valoración del centro histórico, así como la incorporación de la gente al proceso en sí”.

Las razones que impulsaron a la Alcaldía a proponer la peatonalización dentro de su Plan Maestro de Movilidad son más que evidentes: durante las primeras semanas de prueba los índices señalaron una reducción en la polución de hasta un 40%; la descongestión vehicular ha sido un alivio generalizado y, en general, las protestas han sido mínimas. Por otro lado, las causas saltan de andén en andén: las calles de La Candelaria son estrechas, no fueron pensadas para carros y menos para buses. Y a lo anterior hay que sumarle la población flotante que llega al centro todos los días de más de un millón de personas, de las cuales 450.000 son estudiantes. Así, las cifras respaldan la necesidad de implementar este tipo de ideas, que en otras ciudades, como Cartagena, se han adaptado de manera exitosa.

Sin embargo, el cambio no llega sólo. Como insisten todos los involucrados, no se trata simplemente de cerrar calles y decirles a los peatones: “Hágale que no viene carro”. De hecho, el proceso de peatonalización no se descarga exclusivamente en un solo frente. Distintas instituciones de la zona han decidido sumarse a la iniciativa para apoyarla y enriquecerla. Algunos afortunados cuentan que al pasar frente al Teatro Colón, en uno de estos días de prueba, vieron que alguien tuvo la generosa idea de abrir las puertas del foyer para que los peatones pudieran disfrutar desde la calle de un ensayo de orquesta.

Por su parte, en noviembre próximo, el Fondo de Cultura Económica inaugurará la primera etapa de su impresionante centro cultural (alrededor de nueve mil metros cuadrados), como una recompensa “a tantas páginas leídas”. No es un edificio más: es un proyecto firmado por Rogelio Salmona, que se convertirá en un poderoso imán cultural del centro histórico y que tendrá una de las librerías más grandes de América Latina.

Juan Camilo Sierra, gerente de la filial colombiana del Fondo, apunta: “Esta transformación tiene que estar acompañada de otros ingredientes, como la dignificación del peatón, desde nuevas áreas de servicios que respalden el cambio, señalizaciones, caminar por áreas establecidas, ajardinadas, con iluminación adecuada, que haga sentir más segura a la gente”.

El sector cultural del Banco de la República es uno de los más beneficiados por la nueva medida: cuenta con 55 mil metros cuadrados entre la Biblioteca Luis Ángel Arango y los museos que la circundan. Ángela Pérez, directora de la Luis Ángel, lo corrobora: “Nuestro centro cultural se puede beneficiar muchísimo; pero es vital complementar las vías peatonales con señalización para la eficiente movilidad de las personas y los carros que entran a La Candelaria. Hay que ayudarle a la gente a que se ajuste a los nuevos desvíos y a las nuevas rutas”.

En este punto, ya existen iniciativas orientadas a los ajustes de ese cambio: se está considerado ampliar los horarios de los museos, de la misma biblioteca e, incluso, la propuesta pretende cubrir también los restaurantes y bares de la zona.

El objetivo final de este revolucionario proyecto es el de la modernización de la ciudad; acercarla a las grandes urbes del mundo, que reconocen el valor de su patrimonio arquitectónico y saben ponerlo en manos de sus ciudadanos.

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