Bogotá Edificio Nacional (1946-1952), también conocido como Centro Cívico de Barranquilla.
  • El deteriorado mosaico “Tierra, mar y aire” (1957), instalado por Alejandro Obregón en la fachada del edificio Mezhari.
  • Vitrales de la Capilla del Colegio Liceo de Cervantes (Ca. 1966).
  • Típica casa moderna en el norte de Barranquilla, con la fachada curva y limpia.
  • Portal de acceso art decó al Edificio García (1938), del cubano Manuel Carrerá.

Ruinas modernas

Uno de los legados arquitectónicos más importantes y desconocidos de Colombia puede desaparecer de manera inminente: los edificios vanguardistas construidos en Barranquilla hace más de 50 años están hoy abandonados por el desarrollo industrial y la desidia.

2015/01/22

Por Halim Badawi* Bogotá


Hubo una época en la que Barranquilla respiraba arte, arquitectura y literatura de vanguardia. Las grandes migraciones de principios del siglo xx trajeron personas de diferentes lugares del mundo, algunos huyendo de la barbarie, otros buscando mejores oportunidades: judíos, sirio-libaneses, cubanos, alemanes, italianos, españoles y chinos enriquecían la diversidad cosmopolita de Barranquilla durante la primera mitad del siglo; ellos traían formaciones muy específicas, atípicas en una ciudad industrial sin pasado colonial, y atenuaban el sol radiante y la humedad tropical con sus historias de ultramar. En un crisol luminoso, la ciudad también recibió poblaciones ribereñas del río Magdalena y migrantes del resto del Caribe colombiano.

Así fue como Barranquilla, por un corto período generó las condiciones necesarias para el establecimiento de un importante grupo de artistas, arquitectos y escritores, cuyos vestigios persisten diluidos en la arquitectura moderna de la ciudad, uno de los ejemplos más sobresalientes de Colombia y, tal vez, el único gran manifiesto de arquitectura crítica que nos queda. Sin embargo, con el renovado desarrollo comercial e industrial, producto de la firma de varios tratados de libre comercio, este pasado promete desaparecer para siempre. ¿Qué está ocurriendo? ¿Cómo es la arquitectura moderna de la ciudad? ¿Qué rostros toma la desidia?

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El deteriorado mosaico “Tierra, mar y aire” (1957), instalado por Alejandro Obregón en la fachada del edificio Mezhari. Foto: Halim Badawi.

Tradicionalmente, en arquitectura, los barranquilleros se han sentido detrás de los cartageneros. Tal vez, la idea de “lo histórico” como algo que hace parte de un pasado heroico, monumental y remoto ha persistido en el imaginario que los barranquilleros tienen de su propia arquitectura. Por eso, a la hora de hablar de arquitectura histórica, los barranquilleros prefieren mirar al pasado colonial de la cercana Cartagena, con sus iglesias, castillos y centro amurallado. Mientras Cartagena, La heroica, fue fundada por el español Pedro de Heredia en 1533, Barranquilla, La arenosa, fue poblada espontáneamente por campesinos caribeños a partir del siglo xvii, sin actas ni ceremonias oficiales. Y solo fue declarada villa en 1813.

Su condición republicana, la ausencia de un pasado colonial que cargar a cuestas y la llegada de población extranjera fresca, trabajadora y anónima, sin la carga del abolengo propia de las ciudades coloniales, llevó a la configuración de una ciudad fenicia, empresarial e industrial, dispuesta a mirar al futuro. Solo basta leer el himno de Barranquilla, escrito en 1942 por la poetisa Amira de la Rosa, una letra que habla de inmortalidad, juventud, porvenir, umbral, amanecer y progreso. Seguramente, este mismo imaginario convirtió a la ciudad en una de las puntas de lanza del proyecto moderno de la arquitectura colombiana, una arquitectura singular que se esconde detrás de los árboles de acacia, samán y matarratón, y que peligra por el desconocimiento de la población local y por la desidia de las autoridades distritales encargadas de la cultura.

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