RevistaArcadia.com

Unir dos continentes

Eurasia y Norteamérica quedarán unidas por un insólito y extraordinario proyecto arquitectónico. ¿Quiénes son los artífices? Nada menos que un grupo de arquitectos colombianos.

2010/03/15

Por Melisa Restrepo Molina

Con la formación de un archipiélago natural que atraviese el estrecho de Bering, cinco jóvenes arquitectos ganan el Concurso Internacional de Ideas que pretendía conectar los continentes americano y euroasiático.

El pasado mes de julio se anunciaron los ganadores del Concurso Internacional de Ideas para el Estrecho de Bering: “Interconexión y comunicación” promovido por la Fundación para la Paz y Unificación (FPU) y avalado por la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) y la Unesco. En total, 135 propuestas alrededor del mundo intentaron dar solución a la construcción de una autopista transcontinental que recorrería los 85 kilómetros que separan a Alaska en Estados Unidos de Siberia en Rusia a través del Estrecho de Bering.

Las bases del concurso pedían un puente o túnel que atravesara desde el Cabo Príncipe de Gales en Estados Unidos hasta el Cabo Dezhnev en Rusia. La vía utilizaría las dos islas Diómedes localizadas en medio del Estrecho para acortar la longitud del puente, ninguno de los cuales sobrepasa los 30 kilómetros. El puente marítimo más largo del mundo —el Hangzhou Bay Bridge de China—, consta de 36 kilómetros, así que los puentes propuestos para el estrecho no constituyen proezas imposibles.

Cuatro colombianos y una venezolana dieron con la clave: la formación de un archipiélago natural, y con él, el despliegue de dos caminos: uno de infraestructura vial y el otro, un recorrido natural por entre las islas recién creadas. Para el jurado, la firma de arquitectura Taller 301 de Julián Restrepo y Pablo Forero, más tres arquitectos invitados a participar con ellos, Manuela Mosquera, Susana Somoza y Tomás Jaramillo, se llevaron el primer puesto por su sensibilidad ecológica, su atención al impacto ambiental de la hazaña y su ingenio frente a los retos de construcción que suponen las condiciones climáticas del círculo polar Ártico.

Por su posición respecto al eje de la Tierra, en el Estrecho de Bering solo hay sol durante cuatro meses del año. El resto del tiempo todo es oscuridad y se hace imposible construir. Adicionalmente, en las islas Diómedes la temperatura media oscila entre los -20 °C y -50 °C y no hay árboles. “El paisaje es completamente horizontal; la vegetación es abundante pero no hay una sola forma vertical, ni siquiera un árbol que corte el horizonte”, declara Manuela Mosquera.

El proyecto es un monumental reto técnico: apenas cuatro meses de luz al año, constantes corrientes marinas, vientos y el paso de icebergs son algunos de los obstáculos que hay que vencer. Para sobrellevar las dificultades climáticas y dar continuidad al paisaje horizontal, los ganadores propusieron emplear el método de Reclamación de Tierras con el que se generan islas artificiales en Dubái. Consiste en extraer tierra del fondo del mar y hacer montículos con ella. Los montículos conformarían las islas del archipiélago y servirían como bases protectoras para las vigas del puente, asegurando su estructura.

Las condiciones climáticas en el Estrecho son tan agresivas que deformarían lo trazado inicialmente por los arquitectos, según el jurado, “difuminando las fronteras entre lo fabricado por el hombre y lo natural”. Los montículos de tierra alterarían su forma y otros nuevos irían apareciendo; habría así una remodelación natural y paulatina del paisaje. “En un encargo de esta escala se trata de alcanzar los mayores efectos a partir de un gesto mínimo. Cualquier intento por conectar dos continentes es monumental por sí mismo”, explica Julián Restrepo.

La imagen de entrada a la propuesta es un mapa del Estrecho de Bering al que se le ha dibujado el archipiélago como si este ya hiciera parte del planeta. “Desde un principio quisimos que la gente viera el proyecto y no pudiera distinguir qué era real y qué no. Queríamos que se preguntaran si no era ya así, con el archipiélago en el Estrecho”, afirma Pablo Forero.

Además de la autopista transnacional, se les pedía a los participantes del concurso diseñar un Parque de la Paz con un monumento en conmemoración de aquellos que han dedicado su vida a ideales pacifistas y han muerto por ello. El parque se localizaría en una de las dos islas Diómedes e incluiría un complejo turístico y un centro de investigación geológica y biológica de la región polar.

Pero ¿en dónde situar el parque? La Pequeña Diómedes pertenece a los Estados Unidos, la Gran Diómedes a Rusia. En la grande se hace más notoria la historia de la Guerra Fría: una base militar abandonada. En la pequeña queda parte de la comunidad esquimal que antes vivía en ambas islas, ajena a las hostilidades nacionales.

Además, la Línea Internacional del Tiempo que marca el cambio horario y de fecha, se encuentra entre ambas islas, aproximadamente a kilómetro y medio de cada una. Es decir que aun cuando estén a escasos cuatro kilómetros de distancia, Las Diómedes se encuentran a 24 horas de diferencia. Mientras es hoy en la Pequeña Diómedes, en la otra es mañana.

El equipo decidió hacer de todo el proyecto parte del Parque de la Paz declarando al archipiélago parque y reserva natural. Y en cuanto al monumento, optaron por hundirlo al nivel del mar para no interferir con el paisaje y situarlo sobre la Línea Internacional del Tiempo, lugar en el que no hay tiempo posible: “Ampliamos la línea del no-tiempo. Por eso la forma del monumento es una raya, una zanja en el espacio”, expone Tomás Jaramillo. Según el acta del jurado: “Es una fisura en el océano, un memorial inquietante y adecuado”.

Con aproximadamente 48 metros de largo, seis a ocho de ancho y siete de profundidad bajo el nivel del mar, el monumento consta de una figura geométrica alargada a la que se llega remando o caminando cuando el agua se ha congelado. Adentro, sus visitantes experimentan un proceso introspectivo: “La idea es alejarlos del paisaje, hacerlos conscientes del otro. Por eso está hundido y por eso desde él uno no ve el horizonte ni el mar, solamente el cielo, y a los demás”, declara Pablo Forero. 

¿Cómo unir dos continentes a través de las costas de Rusia y Estados Unidos? Un archipiélago, dos caminos y un monumento que en la época del año de total oscuridad, se ve como una franja de luz que sale directamente del lecho marino. Entre las islas Diómedes el puente se convierte en túnel y la conexión final entre ambos continentes se esconde a la vista. El estrecho no pierde su carácter de estrecho, el mundo gana un archipiélago y la historia, que una vez dividió a Rusia de Estados Unidos, deja su huella en el mismo paisaje cartográfico. 

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.