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  • ?Mural con la letra de una canción de Leonard Cohen, parte de la muestra 180615. A la derecha:Heliografías presentes en Casas Riegner.

La palabra encarnada

En la galería bogotana se presenta 180615, la más reciente exposición del artista colombiano. Un trabajo que destaca los vasos comunicantes entre la palabra y la imagen: diagramas, citas y números hacen parte de este universo conceptual.

2015/07/18

Por María Alejandra Peñuela* Bogotá

Bernardo Ortiz se para frente a un diagrama que entre números, citas, influencias, puntos de convergencia y dibujos, deja en evidencia su proceso creativo: un proceso meticuloso, organizado, conceptual. Se trata de dos papeles mantequilla que contienen, en blanco y negro, notas varias, desde citas de filósofos hasta bosquejos de las obras que expone. “Cuando me invitan a hacer exposiciones, estos dibujos son mi punto de partida. Aunque trabajo todo simultáneamente, acá tengo una especie de orden. Algunas cosas son muy intuitivas, como la información sobre los colores, y otras cosas son más conceptuales”. El diagrama está marcado con la fecha “270215 VIERNES”.


Diagrama en la exposición 180615 de Bernardo Ortiz.

Su enfoque no está en la imagen misma sino en el paso anterior. Por eso le interesa la abstracción. “Lo que quiero mostrar es una experiencia visual que no esté mediada por la imagen. Creo que estamos en una época en la que la imagen media la mayor parte de la experiencia visual. Lo que busco es aquello que la precede”, dice Ortiz. La palabra DIFICULTAD se repite varias veces en su diagrama, rodeada por conceptos que marcan el ritmo de la exposición. Una colección de obras que plantea un universo complejo, que le exige rigurosidad y detenimiento al espectador. Un lugar donde las cosas no siempre son lo que parecen.

Bernardo Ortiz, quien nació en Bogotá en 1972, se graduó en 1995 de la Universidad de los Andes con un diploma en Artes Plásticas y en 2002 obtuvo su maestría en Filosofía de la Universidad del Valle. Desde entonces su trabajo ha viajado a ferias de arte como ARCO Madrid 2015, donde Colombia fue el país invitado; ARTBa, en Buenos Aires y la trigésima Bienal de São Paulo. Sus obras también hacen parte de las colecciones del MoMA de Nueva York; de la Tate Modern, en Londres y de la colección de Patricia Phelps de Cisneros. Ahora regresa a la Galería Casas Riegner después de haber presentado allí Dibujos en 2011 y Ensayo en 2013.

Un mural amarillo en el primer piso de la galería Casas Riegner engaña la percepción del espectador, pues aunque de lejos parece un monocromo, de cerca revela un grupo de palabras que se esconden por el juego de colores entre el amarillo y el blanco de las letras. Se lee un verso de “The Window”, una canción de Leonard Cohen: “The continuous stutter of the word being made into flesh”, que Ortiz traduce como, “el tartamudeo constante de la palabra encarnada”. La frase pasa por un proceso de transformación en el que la palabra “tartamudeo” termina convertida en balbuceo, murmullo, crujido, y de ahí, en el sinnúmero de variaciones desplegadas en el mural. “Quería hacer algo grande, pero que no perdiera la sutileza”, dice Ortiz, “y la idea de la palabra encarnada, para mí, es una de las ideas fundamentales del arte occidental, porque es justamente lo que explica la relación de la pintura occidental con la imagen y con aquello que está antes de la imagen”. Para el artista, esta obra es un ejemplo de cómo la relación física entre el espectador y la pieza está mediada por la distancia –o la proximidad– entre el uno y el otro. Establece una danza constante entre el alejarse y acercarse en busca de algo más.


Heliografías presentes en Casas Riegner.

Ortiz dice que la relación entre la palabra y la imagen siempre ha estado presente en su obra, porque le interesa la necesidad que tiene la una de la otra. En 2013 el bogotano presentó en Noruega y en Austria su exposición Piezas de juego, junto al artista mexicano Erick Beltrán. En una conversación entre los dos, Ortiz se refirió a una compilación de más de 100 fuentes primarias publicadas por la revista del Instituto Warwick (1989) que denota la frecuencia con la que en historia del arte se usa la analogía de la lectura para aproximarse al arte: “A mediados del siglo XIX hay una gran cantidad de literatura que siempre habla de leer una obra, de mirar la pintura como algo que debería ser leído”. La exposición, que combinaba imágenes con la retórica entre los dos artistas, se basaba en las Investigaciones filosóficas del filósofo Ludwig Wittgenstein, que propone experimentos lingüísticos para probar que el lenguaje puede ser manipulado y que cuando se usa de una manera que no es explícita, entra en una paradoja; como la de la obra de arte que se lee.

La exposición Dibujos de 2011 también evidencia la fijación de Ortiz por la palabra vuelta imagen. Un año antes de presentarla, el artista creó un personaje ficcional al que suplantó durante un par de meses copiando en diarios, de una manera meticulosa, todos los gastos en los que había incurrido. El personaje no marcaba el dinero con números, sino con unas pequeñas bolas verdes que representaban la cantidad gastada. En este caso la palabra vuelta imagen no es la única mutación, sino el número vuelto imagen, o si se quiere, las finanzas vueltas arte. La compulsiva obsesión con la que el personaje relata cada suceso, introduce otro tema predominante en la obra de Ortiz: el tiempo. Todas las hojas del diario estaban marcadas por un sello rojo con la fecha de cada entrada y organizadas de manera cronológica en las paredes de la galería. Tanto entonces como ahora, sus exposiciones revelan un interés por la repetición y por develar cómo esas acciones mecánicas hacen evidente el paso del tiempo.

Ortiz también hizo parte del grupo de artistas colombianos presentes en ARCOMadrid este año. Se presentó junto a otros 15 artistas en la exposición Acorazado Patacón, curada por Juan Cárdenas y Daniel Silvo, con una obra que reunía pequeños cuadros monocromos de cerámica color rojo, negro y blanco que, juntos, formaban una obra a gran escala. Acorazado Patacón, según sus curadores, revela mitos nacionales que se tejen alrededor del plátano: desde un proyecto socioeconómico de semiesclavitud hasta episodios como la Matanza de la Bananeras en 1928. Al preguntarle a Cárdenas cómo la obra de Ortiz se inserta en esa alegoría del plátano, respondió: “Esa obra de Bernardo, como sucede con otras piezas suyas, reflexiona sobre el paso del tiempo y sobre la fragilidad de la materia. En términos generales, nos interesaba tratar una noción expandida del sempiterno tema de la ‘naturaleza’, tan determinante en toda la historia y en la ideología subyacente al arte colombiano. Observábamos que ese discurso sobre lo ‘natural’ se ha refinado casi hasta el punto de volverse infraleve, pero lo interesante es que sigue presente y dialoga con la tradición local. Nos parecía sugerente pensar que los procesos de Ortiz referentes al modo en que el tiempo y los contextos van escribiendo sutilmente sobre la materia, están ligados, de un modo casi secreto, a una larga tradición del dibujo natural”.

En 180615 Ortiz retoma el tema del tiempo con unas heliografías que pretenden registrar el paso del tiempo en el arte. María Belén Saez de Ibarra, Directora Nacional de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional, dice que Ortiz hace parte de una generación de artistas que se mueve en el ámbito de lo intelectual y se preocupa de manera menos directa por los problemas sociales y políticos: “La nueva generación de artistas, a la que creo pertenece Bernardo Ortiz, ha tenido una mayor aproximación a la escena del arte internacional y de ahí que su obra haga parte de un movimiento intelectual. Nuestros procesos artísticos y sociales, hasta ahora, han estado al margen del desarrollo internacional, pero ahora podríamos decir que ellos representan un esquema más global de pensamiento. Por esto creo que la obra de Ortiz trata el problema del tiempo de una manera tan intelectual”.

Le pregunto a Ortiz por las heliografías que están marcadas por la repetición de las sílabas DUM DUM DUM, DOO, DEE, DEF. Parece querer robarle el carácter lingüístico a las letras. Así como pretende crear una experiencia visual que no esté mediada por la imagen, también busca redefinir el valor de la letra. “Tiene mucho que ver con el punto previo a la imagen. Con las palabras pasa lo mismo. De las palabras esperamos el momento discursivo, coherente, lógico, pero por ejemplo en la relación de las palabras con la música, lo discursivo, lo racional, lo lógico, no es necesariamente lo que está mediando”. Con esto volvemos al punto de partida: la palabra, la palabra vuelta imagen, la palabra encarnada.

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