American Flag (1999), Collier Schorr - Room of the Ninja Turtles (2003), Roger Ballen - Low Horizon (2000), Elina Brotherus - Gradation (2011), Arabella Campbell. Foto: Cortesía 303 Gallery, New York / Cortesía del artista / Cortesía del artista / Site Photography.

'Cámara de maravillas' una exposición que cuestiona el lugar de la fotografía en el arte

Los teóricos parecen haber zanjado desde hace décadas el debate, aunque aún hay espacio para preguntas y la cultura digital abrió nuevos filones de reflexión. Una extensa exhibición que se presenta en el Museo de Arte Moderno de Medellín (del 20 de abril al 3 de julio) permite volver a lanzar la bola: ¿qué puesto tiene la fotografía en el mundo del arte?

2016/04/17

Por Esteban Duperly* Medellín

Desde que nació, la fotografía luchó por un lugar. Sin duda en algunos espacios lo consiguió, porque hoy nadie cuestionaría su valor dentro de, digamos, el periodismo, donde la reportería gráfica ha llegado a niveles muy altos. Tanto que no pocas veces ha rozado –y tal vez penetrado– los linderos de lo artístico, al menos en lo que a la emoción se refiere. Las fotos de Robert Capa son el ejemplo clásico, pero año a año Reuters o el Word Press Photo nos sacuden con una galería de imágenes bellas y terribles, que a menudo nos conmueven. Y conmover es la gran experiencia humana que persigue el arte.

Pero eso son arenas movedizas. Sobre ese tema se han escrito ensayos, tesis, papers, columnas, artículos. No hay medio que no se haya ocupado, por lo menos una vez, de ello. Y, sin embargo, aún admite preguntas, cuestionamientos y reflexiones, animados sobre todo por el misterio que representa la subjetividad en el arte, puesta de manifiesto el día que Marcel Duchamp exhibió un orinal en 1917.


Ritmo de la noche (2008), Nicolás Consuegra. Foto: Cortesía del Artistas e Instituto de Visión, Bogotá.

Sin embargo, hay consensos. En general una obra de arte se acoge a parámetros que tienen que ver con el discurso, la pertinencia, la habilidad y, sobre todo, la intensión. Eso, en últimas, es lo que separa al trigo de la paja. Jens Hoffman es director del Jewish Museum en Nueva York y curador de la exposición fotográfica Cámara de Maravillas que exhibirá el Museo de Arte Moderno de Medellín, entre abril y julio. Desde su ciudad explica: “No todo el que toma una fotografía es fotógrafo, así como no todo fotógrafo es un artista. Al igual que en cualquier otra forma en que se manifiesta el arte, en la fotografía lo que cuenta es el contexto dentro del cual se trabaja y el discurso que se crea; con qué, como artista, soy capaz de contribuir, qué parámetros de diálogo establezco con otros, qué aporto de diferente, cuánto reafirmo lo que otros ya hicieron o cuánto me alejo de eso para crear algo nuevo”.

La historiadora del arte Juanita Solano señala que la fotografía, para superar un umbral, debe ser pensada y concebida por el autor desde una posición artística. En el caso colombiano, Fernell Franco es el punto de quiebre. Él inauguró en 1976 la inserción de la fotografía en el circuito del arte, a pesar de que fotógrafos como Nereo López y Hernán Díaz –que venían del reporterismo gráfico– ya habían mostrado sus imágenes en la segunda mitad de la década del sesenta, amparados por Marta Traba. Pero al contrastar el trabajo de los tres, algo diferente sucede en el de Franco: él se va en otra dirección, hacia lugares insondables, usa ideas menos literales, y además desarrolla una experimentación más azarosa con la técnica que, por supuesto, se ve reflejada luego en imágenes de otro corte. Según el historiador de la fotografía Santiago Rueda, en su ensayo Autorretrato disfrazado de artista. Arte conceptual y fotografía en Colombia, Franco, en el Salón Nacional de Artistas del 76, consiguió un estatus que no le había sido concedido antes a ningún otro fotógrafo.

A partir de entonces, varios artistas colombianos comenzaron a pensar en términos fotográficos, a incluir la fotografía para registrar sus obras, como elemento formal de su trabajo, e incluso se configuró algo que Rueda en su ensayo denomina “un reducido grupo de practicantes del fotoconceptualismo colombiano”. Juanita Solano completa: “En ese momento se cruzan dos cosas: entra la fotografía de los fotógrafos al museo, pero también los artistas comienzan a plantearse qué más hacer y comienzan a usar la fotografía”.

Hoy, según Hoffman, los días en que la fotografía tenía que pelear por un puesto dentro del canon del arte ya no existen. Emiliano Valdés, curador general del mamm, concuerda: “La fotografía ya no nos causa conflicto. Cuando nació, le quitó a la pintura la responsabilidad de representar la realidad. Ahora que el video, la tridimensionalidad y la realidad virtual ya son accesibles a todos, la fotografía también ha quedado exenta de eso. Entonces, ¿qué se puede hacer ahora con ella? Lo que queramos. Y eso significa un gran momento para el arte”.

Sin embargo, los detractores de la fotografía artística la califican como pretenciosa y engañosa, precisamente porque distorsiona la función elemental de la técnica, que es registrar la realidad. Pero Hoffman explica que, como curador, su interés en ella reside ahí: en la capacidad que tiene para reflejar el mundo tal como es. Aunque agrega algo más: un mundo modificado por ‘filtros’ que se alimentan de la estética, las experiencias personales, los conceptos formales y hasta la visión política de quien obtura, combinados forman “a work of art”.

Durante muchos años, la fotografía fue la hija bastarda del arte, porque sus imágenes se consideraban muy literales como para ser usadas con propósitos artísticos. Pero hoy sabemos que en la captura fotográfica hay muchos elementos que rompen con esa literalidad y objetividad aparentes: para empezar, en una foto un mundo de tres dimensiones se comprime en dos, y en ese traslado algo pasa, hay algo que se transforma. Al decir de Hoffman, en ese cambio a menudo se reproduce poéticamente un mundo que por lo general se nos presenta como muy banal. Por eso una foto no es la realidad, aunque mucho se le parezca; y una cámara no es una máquina de copias, sino una herramienta para producir imágenes y expresar con ellas una postura frente a la vida.

La exposición que exhibe el mamm reúne a 78 fotógrafos que lo han hecho: desde pioneros de principio del siglo xx hasta artistas visuales contemporáneos. Cámara de Maravillas presenta más de un centenar de imágenes que provienen de las colecciones privadas ciac –propiedad de la familia Coppel de México– y Kadist Art Foundation, una fundación francoestadounidense. El nombre de la muestra es una traducción directa de Camera of Wonders, que Hoffman curó en una suerte de ejercicio que imita los gabinetes de curiosidades, muy populares en Europa durante el siglo xix, en donde era posible encontrar desde planchas botánicas de flores exóticas hasta máquinas de vapor. Eran como el relato total y caótico de un mundo largo y ancho, condensado en un cuarto estrecho.

Hoffman explica que Cámara de Maravillas también reinterpreta una exposición presentada en el MoMa en 1955, que se llamó Family of Man. Se trata de un ícono en la historia de las muestras fotográficas, en buena medida por haber sido muy controvertida y cuestionada, pues intentaba narrar la similitud de todo el género humano por medio de una extensísima muestra de imágenes de varias culturas, temas y fotógrafos, cuyo trabajo se exhibía en paneles colgantes y módulos. Verla era una experiencia de inmersión muy intensa.

Que el referente de Family of Man esté otra vez de vuelta, sumado al título mismo de la exposición, tal vez genere inquietudes. Después de todo, cualquier cosa podría caber en un gabinete de curiosidades. Y eso nos lleva de vuelta a la pregunta inicial: ¿esas imágenes son arte? “Todas la obras que van a estar exhibidas tienen detrás una postura que en su momento era absolutamente contemporánea con relación a la producción de la imagen –explica Emiliano Valdés–. Además es interesante construir una historia de exposiciones de fotografía que a su vez hacen referencia a otras exposiciones de fotografía. Para nosotros ese aspecto es didáctico en la medida en que las personas pueden entender que una exposición no es algo que uno se inventa y se saca de la manga, sino que tienen por detrás pensamiento, referencias, procesos y una historia de sí mismas”.

En últimas, más allá de una discusión clásica sobre el estatus de una técnica, lo que el mamm propone al exhibir en sus espacios más generosos una muestra fotográfica de dimensión bastante notable es atender el apetito de una comunidad muy entusiasta –diseñadores, arquitectos, videógrafos, grafiteros, artistas y fotógrafos de muchas vertientes– que se interesan por la imagen y que, tal vez, hasta la fecha no habían tenido acceso directo a fotografías de cierto calado, por haber sido Colombia un país con una tradición de dibujo muy fuerte, que por años absorbió la atención de los museos.

“En ese sentido la fotografía ha padecido el mismo destino que otras expresiones no tradicionales, como el video, el performance y ahora ciertas prácticas y trabajos hechos en la esfera digital”, reflexiona Hoffman. Pero explica que, para 2016, el mundo del arte finalmente ha asimilado que existen muchas técnicas con las cuales es posible expresar una pulsión. “Por supuesto esta discusión es muy compleja y detallada, pero creo que estamos en un punto en donde la pintura y la escultura son vistas como muy tradicionales, y los artistas están explorando posibilidades mucho más allá de todo eso”, concluye.

Quizás el fondo de este dilema siempre estuvo relacionado con la clase de piezas que, por tradición y vocación, se exhibían en los museos. Si bien una fotografía puede colgarse de un muro o imprimirse en gran formato para que se asemeje a una pintura, o incluso exhibirse en un módulo volumétrico, como si fuera una escultura, en su esencia más íntima una foto no es ni lo uno ni lo otro. Tal vez todo tenga que ver con que en el arte de los fotógrafos se manipula la luz, la energía, y eso los hace más parecidos a músicos que a pintores o escultores, quienes en su trabajo modifican la materia. La experiencia museística se basó por años en la confrontación del visitante frente al objeto, y allí la foto no podía encontrar un lugar. Tomó un buen tiempo entender su verdadera naturaleza, y aceptar que lo tenía todo para que, con ella, los artistas nos contaran bella y terriblemente el mundo.

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