Eva Rucki y Sebastien Noel, integrantes del colectivo Troika.
  • La instalación Límites del territorio conocido, en NC-arte: Cr. 5 No. 26 B - 76, Bogotá.

El agua que levita

'Límites de un territorio conocido' es el nombre de la instalación que inundó el primer piso de la galería de arte bogotana, NC-Arte. Con premisas sobre la incertitud, las tensas relaciones entre arte y ciencia, el colectivo Troika ha producido, desde hace una década y media, verdaderas ilusiones.

2015/06/19

Por María Alejandra Peñuela* Bogotá

En 1965, el compositor estadounidense Steve Reich, padre de la música minimalista, con participación de John Cage, creó It’s gonna rain [Va a llover], una pieza musical en la que un predicador habla sobre el gran diluvio que aparece en Génesis 6-9: “Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra. El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”.

La idea de Reich era dividir en dos grabadoras la frase “It’s gonna rain”; una de ellas debía sonar con las palabras “it’s gonna” y la otra “rain”, pero se equivocó, y las dos grabadoras terminaron repitiendo la misma frase con una pequeña diferencia de sincronía. El estadounidense se dio cuenta de que entre ambas voces se creaba un aparente efecto Doppler, el cambio de frecuencia de una onda que se produce cuando se aproxima o aleja la fuente del sonido.

Sebastien Noel, integrante del colectivo de arte Troika, compara el trabajo de Reich con su más reciente instalación, Límites de un territorio conocido, expuesta en la galería bogotana NC-arte: “Aquí se puede ver una aproximación diferente a la música y al sonido. En la grabación se oye lo mismo desde dos grabadoras distintas. Aunque es el mismo sonido, el efecto doble y sutilmente retardado de una de las grabaciones permite una nueva forma de crear música. Es una cara muy distinta de la grabación que muestra que la misma cosa puede coexistir en momentos diversos, pero simultáneamente”.

Límites de un territorio conocido es la expansión de la pieza Testing time [Probando el tiempo], que se presentó en Los Ángeles, California, en 2014. Esa obra, compuesta de un tubo del que caen unas gotas de agua que parecen suspendidas en el tiempo, es una ilusión óptica creada con una luz LED que titila a alta velocidad. En su exposición en Bogotá, Troika sumerge el primer piso de la galería en agua y crea una serie de goteras: en algunas el agua cae lentamente, en otras sube, mientras que en unas parecen estar completamente estáticas.

Para Eva Rucki, otra integrante de Troika, esta instalación crea una ilusión que permite un abanico de percepciones: “Es la alternativa a un mundo de fantasía. Un espacio surreal en donde el agua levita. Lo que nos parece interesante es que si ves las gotas de agua que caen o suben bajo la luz normal, solo vas a ver un chorro de agua, mientras que bajo el efecto de la luz que hemos creado, ves unas perlas de agua que se mueven a una velocidad distinta de la realidad”. De la misma manera en la que las piezas de Reich coexisten en dos momentos, esta instalación permite dos mundos paralelos: uno ilusorio pero aparentemente real y uno real pero que no se puede percibir.

El colectivo de arte Troika se fundó en 2003, cuando Conny Freyer (Alemania), Eva Rucki (Alemania) y Sebastien Noel (Francia) se conocieron en el Royal College of Art, en Londres. Con una inclinación hacia el diseño en sus comienzos, uno de sus primeros trabajos fue una pieza para el lounge de primera clase en Israel, de la aerolínea British Airways. La obra, que aún existe, muestra la hora en distintas partes del mundo, pero con la diferencia de que se muestra el horario de lugares como Atlantis y Tenochtitlán. En ese entonces, en sus obras se percibía una línea muy delgada entre el diseño y el arte, aunque Noel dice que no le gusta entrar en ese debate. Desde su fundación, han exhibido su trabajo en el Museo Victoria & Albert en Londres, el Art Institute de Chicago, el Tate Britain y el MoMA de Nueva York.


La instalación Límites de un territorio conocido, en NC-arte. Cr. 5 No. 26 B - 76, Bogotá.

Troika siempre se ha interesado por la relación entre el arte y la ciencia. En 2003, creó un proyector portátil y lo conectó a un celular para que proyectara mensajes de texto; es su obra SMS Guerrilla Projector. Con este proyector intervenían vallas en las calles de Londres con preguntas como “¿Hacia dónde vamos todos?”. Desde 2008, el colectivo perfiló su quehacer hacia el tema de las ilusiones ópticas y hacia las preguntas sobre las realidades sobrenaturales y científicas.

Ese año presentaron su instalación Arcades en la torre Buda, en Bélgica, una pieza que usa la luz proveniente de reflectores y humo para crear la ilusión de una catedral. Las luces crean las columnas y unas latas de aluminio doblan la luz que sube para crear el aparente techo de la catedral. Rucki dice que esta arcada “existe en el crepúsculo entre lo intangible y lo físico, lo que percibimos como real y lo que es aparentemente imposible, cuestionando la discrepancia entre la creencia intuitiva y la razón agnóstica”. Un pequeño cuarto en el primer piso de NC-arte se ha adaptado para recrear la instalación.

El año pasado presentaron su serie Calculating the Universe [Calculando el universo], expuesta en parte en Bogotá. Para ese trabajo acomodaron 36.325 dados blancos y negros dentro de marcos, usando un mismo principio de acomodación. Lo curioso es que aunque partieron de un mismo punto y usaron exactamente el mismo principio, obtuvieron dos resultados. Según Rucki, la obra logra demostrar que en la ciencia, así como en el arte, los resultados pueden ser impredecibles. Claudia Segura, curadora de NC-arte, opina que lo más interesante de Troika es que se vale tanto de la metafísica como de la ciencia: “Nos hacen preguntarnos qué es la ciencia en realidad. Siempre se ha entendido como un pensamiento racional, geométrico, matemático, donde la duda no aparece, donde las cosas que no se pueden mostrar no existen. Ellos quieren mostrar que la ciencia se puede definir de otra manera”.

El libro Flatland (1884), sobre el que se basan para su obra Squaring a circle (2014) [Cuadrando el círculo], que también se encuentra en Bogotá, cuenta la historia de unos personajes que solo perciben una dimensión. Troika trata de revertir la realidad de estos seres, creando una figura que se percibe tanto de una manera tridimensional como unidimensional. Rucki menciona que el proceso creativo de Troika es muy similar al método científico: se plantean una hipótesis y luego tratan de probarla o revertirla. En este caso no solo logran probar que un círculo puede contener un cuadrado y viceversa, sino también hacer cuestionar al espectador frente a la certeza de ver y creer. Es decir, que mientras afirmamos que un círculo no puede ser también un cuadrado y que una figura tridimensional no puede ser unidimensional, nuestros ojos demuestran lo contrario. Squaring a circle es una figura en hierro, forrada por una especie de tela negra que desde que se mira, refleja su paradoja: es tan simple como compleja. Desde un lado del salón la figura es un círculo, desde otro, un cuadrado y desde otro, una figura ondeada tridimensional.

La obra de Troika está inserta dentro de una lógica que se pregunta por la verdad. Rucki dice que su arte parte de preguntas filosóficas como: “¿Es la verdad unívoca? ¿Sabemos qué es verdad? ¿Somos capaces de diferenciar entre una ilusión y la realidad?”. No parecen querer contestarlas, sino más bien asegurarle al espectador que no hay respuestas, que solo se puede estar seguro de lo incierto: “Los sistemas religiosos, científicos o de cualquier otra naturaleza, nos permiten darle sentido y estabilidad a un mundo caótico y aparentemente contradictorio. Le otorgamos a estos modelos el valor de la verdad, una única verdad”. El trabajo de este colectivo yace en una gran paradoja: explicar lo inexplicable.

Mientras me muestran la foto de un globo lunar de 1959 y apuntan al único fragmento en blanco, inexplorado, me dicen: “Esta imagen muestra lo que buscamos como colectivo. Queremos hablar de lo que está más allá del límite del territorio conocido”.

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