The Black Panther. Número del 27 de abril de 1969. (44,4x27,8 cm).

Panteras Negras: Todo el poder para el pueblo

Emory Douglas, Ministro de Cultura del partido y responsable directo de la legendaria gráfica y comunicación de las Panteras Negras, visitará Colombia para abrir una exposición que promete revelar las estrategias visuales que hicieron de este partido un mito a nivel mundial.

2015/11/20

Por Daniel Salamanca* Bogotá

Corría octubre del año 1966 cuando dos jóvenes afroamericanos, Bobby Seale, de 30 años, y Huey Newton, de 24, fundaron el partido de las Panteras Negras, en Oakland, California, cansados del constante hostigamiento y atropello injustificado de la policía a su comunidad. Lo primero que decidieron ‘el Presidente’ y ‘el Ministro de Defensa’, como se hicieron bautizar, fue crear grupos de patrullaje en sus barrios para evitar el abuso policial. Emulando el proceder de la pantera, su filosofía era sencilla: nunca atacar a menos de estar acorralados o sentirse en peligro inminente.

Los grupos de patrullaje iban armados, tal como lo permitía y permite aún hoy en día la ley norteamericana. El naciente partido quería ejercer una vigilancia activa a favor de la igualdad de los derechos civiles y construir una propuesta política que empoderara a los miembros de la comunidad negra, víctimas de racismo, violencia y segregación social. Sus peticiones eran claras y se resumían en diez puntos: libertad, empleo, compensaciones financieras, vivienda, educación, salud, no brutalidad policial, no violencia, justicia y tierra. Este programa estaba basado en un híbrido de ideologías de izquierda que iban desde Marx hasta Mao, pasando por la Revolución cubana y los escritos del Che. De manera más evidente, era una forma de rendirle tributo a la figura de dos mártires contemporáneos que marcarían la historia de la raza negra en Estados Unidos y que fueron vilmente asesinados: Malcolm X y Martin Luther King.

Así empezó una resistencia liderada en su mayoría por jóvenes y cuya acción más recurrente eran los violentos enfrentamientos con la policía. La tensión era palpable. Tanto así que en un confuso episodio entre unos agentes y Newton, este sería acusado de asesinato y encarcelado por más de siete años en un ir y venir de versiones de lado y lado. Lo mismo pasaría con muchos de sus miembros y militantes, que fueron sistemáticamente amedrentados por el Estado y, a su vez, víctimas de montajes que los asociaban con hechos delictivos, convirtiéndolos así en el enemigo público número uno y en blanco del FBI. Tras 16 años de esfuerzo en los que las Panteras Negras lograron producir una campaña activa para asumirse desde su raza y un movimiento de seguidores no solo en Estados Unidos, sino a nivel mundial, el grupo se fragmentó y llegó a su fin en 1982, después de pasar dificultades debido al distanciamiento de sus líderes.

Treinta y tres años después, Seale continúa vivo mientras que Newton fue asesinado en 1989 por un joven de 24 años que, irónicamente, pertenecía a una guerrilla denominada BGF (Black Guerrilla Family). Aun así, su legado permanece y le hace honor a una frase que quiso volver propia: “Mover un solo grano de arena es cambiar el mundo”.

Una revolución visual

Decenas de chicos negros entre los 16 y 25 años desfilan por las calles de Oakland vistiendo chaquetas de cuero y boinas negras. Entre sus bolsillos, el pequeño libro rojo de Mao. Portan también camisetas, sacos y botones con mensajes políticos. Marchan sincronizados con sus gafas oscuras, como militares, ondeando las banderas azules del partido. El refinado espectáculo callejero es tan cuidadoso que parece un premeditado trabajo de branding. Las peinetas alborotan sus afros. Todos han aprendido qué les luce y qué los hace especiales. Las chicas, por su parte, se dan cuenta de que sus labios carnosos y sus narices gruesas son sinónimo de belleza. La usan como parte del discurso. En general, en todos los documentales sobre este momento histórico, a las panteras negras se les ve en un ambiente festivo, más cercano a la celebración que a la reunión política. Cantan, bailan, lanzan arengas, con tanto estilo que a veces es difícil recordar que estaban haciendo todo eso por una causa: la igualdad racial. Pero es innegable que gran parte del éxito y de la visibilidad que tuvieron alrededor del mundo se debió al poderoso impacto visual de su mensaje. El principal responsable fue Emory Douglas, Ministro de Cultura, y sinónimo del Black Power.

All the power to the people, Afiche. Impresión offset, 38x57 cm.

Una pantera negra feroz, amenazante, símbolo de disciplina y determinación fue la contrapartida gráfica al gallo del Partido Demócrata de Alabama que rezaba, sin matices, “Supremacía Blanca”.
En esa oposición se cifró una batalla de los símbolos, lemas y palabras que harían famosos a las Panteras Negras: “¡Pueden matar a un revolucionario pero jamás matar la revolución!”. “¡La revolución es nuestra razón de ser!”. “¡Solidaridad con todos los pueblos oprimidos!”.

Douglas complementaba estos mensajes con dibujos de línea gruesa que retratan a la comunidad negra y sus preocupaciones. Ese es su sello personal y el estilo que les fue dando vida a las panteras. Nacido en el área de la bahía de San Francisco en 1943, tuvo su primer acercamiento con las artes gráficas tras pasar por una correccional a los 13 años, en donde fue aceptado en la imprenta. Allí se familiarizó con el diseño, los materiales de reproducción múltiple y otras herramientas que luego lo encaminarían a estudiar Publicidad en el San Francisco City College, en el que era el único estudiante afroamericano. A sus 23 años, atraído por el movimiento, decidió proponerles a sus fundadores, Seale y Newton, ayudar con la imagen que acompañaría al partido. Seale y Newton no lo dudaron y, emocionados, lo bautizaron “el artista de la revolución”.

Fue así como Douglas comenzó a poner en práctica sus conocimientos a favor de la causa negra y les otorgó una mirada artística a los mensajes del partido. Primero, haciendo dibujos sueltos y rápidos sobre papel, a manera de caricaturas, y luego complejizando el problema con otras técnicas y soportes hasta dar con el proyecto más ambicioso y a la vez riguroso en la comunicación de las panteras: con 600 números de The Black Panther, un periódico semanal que circuló por más de 14 años, ilustrado casi siempre por Douglas. “El ideal inicial era informar y educar a la gente del barrio sobre cosas básicas de la comunidad. Contar la historia desde nuestra perspectiva. En principio éramos únicamente Eldridge Cleaver y yo, trabajando informalmente en un apartamento. Teníamos hojas blancas, una máquina de escribir y algunos materiales básicos de papelería. Pegábamos, recortábamos, armábamos. Como solo podíamos pagar una tinta, los primeros números fueron en negro más un color. Pero una vez evolucionamos nos convertimos en toda una oficina y llegamos a imprimir 400.000 copias de un mismo número. Creamos una cultura de resistencia, desafiante y autodeterminada”, cuenta Douglas, a sus 70 años, desde su estudio, ubicado en la cochera de su casa, en Oakland.

Una revolución visual

Juan Pablo Fajardo y Andrés Fresneda, curadores de la exposición ¡Todo el poder para el pueblo!, del estudio La Silueta, viajaron a Oakland a reunirse con Emory después de una investigación que comenzó a realizar gracias al encuentro con la productora francesa Valérie Malot, quien es una especialista en culturas afro. En uno de sus viajes, Malot recaló en Medellín, para participar en Circulart, y conoció el proyecto de Son Palenque, un disco afiche que el estudio de diseño hizo con el gestor cultural y productor musical Lucas Silva. Entusiasmada con el trabajo, Malot quiso conocer a Fajardo y a Fresneda. Terminaron hablando de Emory Douglas, de manera incidental, pues su esposo, el saxofonista David Murray, tenía para entonces un montaje que mezclaba música, poesía y las imágenes de Emory.

We are soldiers in the army. (Circa, 1970). Afiche-Impresión offset, 35,5 x 50,4 cm.

Fajardo y Fresneda propusieron la exposición al Banco de la República, y de la mano de Murray entraron a un mundo que no es de fácil acceso. En dos viajes pudieron no solo conocer y trabajar con el artista de las Panteras Negras, sino conocer a su fundador, Bobby Seale.

Aunque la obra de Emory ya había salido a la luz pública, y ya había sido legitimada en exposiciones en el moca, de Los Ángeles, o el New Museum, de Nueva York, solo fue hasta entrado el siglo xxi que la gráfica de las Panteras encontró eco en el gran público, gracias no solo a las muestras sino a un libro publicado en Nueva York, por la editorial Rizzoli. La exposición, que se podrá ver en la Casa Republicana, hace parte del archivo de los coleccionistas Alden y Mary Kimbrough, que tienen a buen recaudo un enorme material sobre cultura popular negra en Estados Unidos.

Tanto Fresneda como Fajardo pensaban que iban a encontrar dibujos originales y obras clave de la época. Sin embargo, se encontraron a un hombre que no creía en el mito del artista ni en la unicidad de las obras. Al contrario, les dijo Douglas, el poder estaba en la reproducción masiva, en la posibilidad de comunicar un mensaje que podría parecer violento, pero que, en general, partía de la realidad misma. Perros policía atacando a la gente, chorros de agua aplastando manifestantes o condiciones evidentes de miseria e incluso matanzas injustificadas eran la materia prima para sus obras. “Mi arte informa y persuade a la gente sobre ciertos hechos. En ese sentido no necesariamente todo lo que hago es provocativo. Mucho está basado en hechos reales. Puede ser una interpretación subversiva de esos hechos, pero no es distorsionada. Se trata de transformar mentes. Y por eso te vuelves el enemigo público número uno”, dice en una grabación que le hicieron Fajardo y Fresneda el año pasado.

Un voceador de prensa armado, un ama de casa –también armada– exigiendo igualdad, un chico empalando y destripando cerdos (policías), una madre armada cargando en brazos a su pequeño niño, personajes con hambre pero retadores, todos impresos en una gama cromática de alto contraste, negro y amarillo, negro y rojo, negro y azul, negro y naranja, definen su trabajo. A esto Douglas le añade texturas o patrones que le dan cierta gradación a los espacios en blanco. También utiliza fotocollages y fotografías a dos tonos con subtítulos crueles y contundentes: “¡Maten a los codiciosos propietarios de tugurios!”. “¡Solo espera a que tenga edad para usar el sombrero de mi padre y disparar su escopeta!”. “¡He vivido momentos difíciles en la tierra de las oportunidades!”. Ahora imaginen todo esto acompañado de una canción protesta de Nina Simone, Curtis Mayfield o Stevie Wonder. Esos eran el aura y el carisma visual que se construyeron alrededor de las Panteras y la negritud. Una imaginería que tuvo su momento cumbre cuando Tommie Smith y John Carlos, dos atletas afroamericanos que se ubicaron primero y tercero en los Juegos Olímpicos de México 86, en pleno podio y ante millones de observadores, levantaron su puño en alto, con un guante negro, en apoyo a toda la reivindicación de su raza.

Esta exposición muestra la capacidad de la imagen para encauzar un mensaje y darle vida a un movimiento político a través de afiches, periódicos de la época, fotografías, vinilos y documentos desclasificados o privados. Y es, también, un repaso visual de lo que significaron sus obras para el movimiento negro de liberación; pero sobre todo, ¡Todo el poder para el pueblo! es un determinado cross de derecha a la mandíbula de cualquier sistema de gobierno que no abogue por la igualdad de derechos.

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