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La conquista del espacio alternativo caleño

Muchos coinciden en que hay un regreso de cierto esplendor cultural en el campo de las artes en la ciudad. ¿Acaso la aparición de lugares e iniciativas les está tomando el pulso a las nuevas generaciones o se han convertido en pequeños esfuerzos por institucionalizar lo creativo. ¿Cuál es el verdadero panorama del arte en Cali?

2015/10/23

Por Ericka Flórez* Cali

La expresión “espacio independiente” no es fácil de definir y mucho menos en Cali, donde casi todos los lugares de exposición, estrictamente hablando, son o han sido independientes. Incluso el único museo de la ciudad, La Tertulia, lo fue en sus inicios en los años sesenta. También lo es Lugar a Dudas –creado en 2005 por Sally Mizrachi y su compañero, el artista Óscar Muñoz–, un lugar que ha tenido un papel estructural en la escena local (ejerciendo durante años las funciones que deberían haber estado haciendo las instituciones), que es visto por muchos de los jóvenes como un espacio institucional.

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Anteriormente los espacios independientes surgían a partir de sus inconformidades con los espacios e iniciativas que los antecedieron: se creaba un sitio de exhibición porque no se encontraba un lugar para la voz propia, para la diferencia que se quería producir. Sin embargo, la proliferación de este tipo de espacios quizá dé cuenta de una agitación en el campo, pero no necesariamente de cambios estructurales y de una complejización del mismo. Lo que hay que preguntarse es si los nuevos espacios independientes están interesados en encontrar un lugar para la singularidad de su propuesta, o si su iniciativa es solo un síntoma más de una economía global que obliga a la “independencia”, y que hace del arte el oficio más cool dentro del abanico de posibilidades que ofrece el neoliberalismo.

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Espacios sin espacio

Una dificultad para hablar de espacios independientes en Cali es que casi todos son espacios sin espacios. Muchos de los proyectos más interesantes y/o duraderos son aquellos que construyen su propio territorio sin sede fija. Un caso claro de esto es Circular Presents, un colectivo que desde 2006 realiza exhibiciones, primero en la modalidad de “Asuetos” (pequeños encuentros en casas privadas con conferencias, exhibiciones y tomaduras de pelo, a las que invitaban a un público reducido, con el fin de sentirse libres de mostrar su trabajo sin pretensión o intimidación), y quienes desde 2013 usan los espacios de instituciones como el Centro Cultural de Cali, la Galería Jenny Vilá y el Museo La Tertulia para hacer exhibiciones abiertas al público. Su objetivo, según Adrián Gaitán, uno de los fundadores, es “mostrarles a los más jóvenes que las instituciones no son un dinosaurio. Nosotros llevamos ejercicios de algunos estudiantes, obras de otros artistas y propias, y los exhibimos en las salas de las instituciones para demostrar que no hay que tenerles miedo”. Circular también ha hecho curadurías de artistas locales. Su proyecto más reciente consistió en la construcción de una especie de maloca de bahareque que funcionaba como espacio vacío durante dos meses para que la gente propusiera su propia programación y eventos. Para Circular, hacer cosas con las instituciones es una forma de salir de la precariedad, de conseguir presupuesto y de conservar, a la vez, la autonomía.

Otros colectivos inciden también en la programación oficial de las instituciones aunque no por medio de exposiciones sino publicaciones, experimentos radiales, y eventos educativos. Entre ellos están la revista Visaje, y los colectivos La Nocturna, Nois Radio, Hacia el litoral, Jardín Abierto y Calipso Press, esto sin contar la cantidad de colectivos que trabajan en torno a otras disciplinas cercanas al arte como el cine, el diseño y el activismo. También está el colectivo Objeto Workshops, que usa las instalaciones del taller de grabado del Museo La Tertulia para producir sus piezas e invitar por temporadas a artistas a que desarrollen las suyas en conjunto, para producir al final una serie de muestras y eventos.

Estos proyectos, desde su independencia afectan y “contaminan” el curso de las instituciones, las “llenan” y las activan. Si bien el Museo La Tertulia y Lugar a Dudas reemplazaron en su momento el establecimiento, ahora que estos dos espacios se han convertido en instituciones no se ven suplantados por los nuevos independientes, sino que se ven nutridos por ellos. Este modelo del infiltrado, del parásito o vampiro ilustra la manera como han funcionado las iniciativas de artistas a nivel local: se contamina la institución desde la independencia. Así ocurrió con el colectivo Helena Producciones (gestores del Festival Internacional de Performance de Cali, entre otros proyectos), quienes fueron los primeros en alimentar instituciones agónicas. Quizás es en estos espacios sin espacio –que no buscan crear cosas nuevas, sino alimentar las que ya existen– donde se está agitando de una manera más fuerte y silenciosa ese fenómeno que ahora se da por sentado: el retorno de un cierto esplendor cultural en Cali.

Espacios con espacios

Si quisiéramos reducir el concepto de espacio independiente al de un lugar donde se hacen exposiciones, podríamos mencionar todas las nuevas salas que se han abierto entre 2014 y 2015 sin dejar a un lado Lugar a Dudas, uno de los espacios independientes más emblemáticos de Latinoamérica. Cuenta con un centro de documentación en arte contemporáneo que propone una serie de talleres de formación en artes, programación de cine y un esquema de residencias a las que llegan artistas nacionales e internacionales. Cuenta con dos espacios de exhibición, uno de ellos en el interior de la casa, y una vitrina, que da a la calle, que explora otras formas de interpelar al transeúnte. Lugar a Dudas propuso y cofundó las becas Bloc, cuando todavía en esta ciudad no había ningún tipo de apoyo para los agentes del campo de las artes plásticas, y creó por primera vez en Cali una convocatoria para que los artistas emergentes tuvieran dónde exponer.

Fundado en 2005, tras décadas de depresión social y cultural en Cali, buscó recuperar parte de la experiencia de Ciudad Solar (el espacio independiente de los años setenta), es decir, un modo de hacer cosas serias de manera informal, y muy vinculadas con el contexto en el que se llevan a cabo. Su propuesta se centró, desde el comienzo, en ofrecer un espacio familiar y amable para las “vacilaciones”; un ambiente en el que se privilegiaran los encuentros cotidianos en torno al arte y al conocimiento. Hace dos años inauguraron el proyecto “curador en residencia” y, desde entonces, un curador seleccionado por convocatoria realiza la programación de actividades.

Después de Lugar a Dudas, aparecieron espacios como La sucursal.clo, un proyecto que colecciona arte contemporáneo, y tiene un grupo de estudio para rastrear particularidades de la historia del arte local. Cuenta con una sala que tiene una nueva exposición cada dos meses, en la que, por lo general, buscan dar a conocer la colección, que está compuesta principalmente por obras de artistas nacidos en Cali, o que trabajan en la región. La idea de construir la colección fue propuesta al actual patrocinador de La sucursal.clo por Óscar Muñoz y Luis Roldán, aproximadamente desde 2007, a la par del nacimiento del programa de exhibiciones de Lugar a Dudas, pues la idea era coleccionar buena parte de lo que se exhibía en ese lugar. Desde hace un año, la colección tomó vida propia bajo el nombre de La sucursal.clo. Según su coordinadora general, Lorena Diez, “la apuesta de este espacio es investigar sobre arte contemporáneo local de los ochenta, noventa y de la década del 2000, a partir de ejes temáticos como el cuerpo, lo audiovisual, el espacio público y trabajos relacionados con esta región”. Actualmente La sucursal.clo apoya, junto con otras instituciones locales, las becas Bloc, y es sede del grupo de fotografía Calidoscopio.

No es estrictamente un espacio independiente, en el sentido de que actúa con todos los protocolos de una institución y de que las exposiciones son construidas desde un énfasis académico, pedagógico e histórico, que piensa el arte desde categorías temáticas clásicas. Su espacio físico sugiere un estilo corporativo y el grupo de trabajo está conformado por dos profesionales en Historia del Arte, una museógrafa, una conservadora, un filósofo, una trabajadora social, un diseñador gráfico y un profesional en sistemas, lo que lo convierte en un buen ejemplo de lo que sería un espacio de artistas sin artistas, pero con espacio.

De manera más reciente, apareció hace tres años (bis), una oficina adaptada para exposiciones ubicada en un predio que se llama “El edificio de los profesionales”. Aquí se combinan el toque aséptico y corporativo de la oficina (todo luce muy profesional, serio, muy blanco y del primer mundo) con el juego, el riesgo, la ironía y, por qué no, la “juventud” del arte que escoge Juan Sebastián Ramírez, su único dueño, director, curador y patrocinador. No tiene de los espacios independientes de artistas la crudeza del montaje y el aspecto precario en primer plano, pero es un espacio independiente en el sentido de que es financiado por su propio dueño, y aunque es muy elegante y de calidad, es autogestionado con las uñas. Es y no es un espacio independiente en el sentido de que se propone ser comercial con el arte no comercial. En esta oficina de proyectos han expuesto artistas jóvenes nacionales como Juan Peláez y Gabriel Mejía, locales de mediana trayectoria como Ana María Milán, con trayectoria como Mónika Bravo (participante en la reciente Bienal de Venecia), e internacionales como Alberto de Michele.

En 2014 aparecieron Imaginaria, Casa Fractal y Casa Aislada. Estos son espacios muy nuevos y liderados por recién egresados de distintas universidades de Cali. En el caso de Casa Fractal, fue fundada por diseñadores de medios interactivos. Se trata de un espacio de trabajo colaborativo para productores culturales. El lugar hace exposiciones propias o presta el espacio para curadurías externas. Allí han expuesto sobre todo artistas en formación y recién egresados nacidos en los noventa. Imaginaria, por su parte, es un restaurante que tiene una zona libre en la que se hacen exposiciones. Allí han expuesto tanto artistas en formación como otros nacidos en los setenta y los ochenta.

Aunque Casa Aislada se considera en proceso de definición de su perfil, declaran un interés por el “arte en bruto”. Diana Urazán, su cofundadora dice: “En las convocatorias que hacen los lugares de exposición en Cali no se puede ver el arte en crudo porque todo el mundo acomoda lo que hace para que quepa dentro de los criterios de tal o cual convocatoria, y nosotros queremos trabajar con el arte en bruto, con ese que se encuentra en los bocetos, en las libretas de los artistas, con eso que todavía no se ha consolidado como obra, pero que tiene potencial. Queremos ser un laboratorio para todo eso”.

Sin Espacio es otro de los lugares fundados en 2014. Aquí se encarna esa idea de espacio independiente como algo hecho desde una estética muy punk y “ocupa”. Autogestionado y atendido por su propietaria, Ana María Rosero, reconocida gestora en el ambiente underground caleño, quien durante la última década gestionó con su proyecto La plástika rayada (con Arley Candamil) una serie de exposiciones que solo duraban una noche en las que la fiesta y la música jugaban un papel central.

Sin Espacio empezó a operar en un apartamento vacío alquilado. Cuando se terminó el contrato, Rosero se tomó sin permiso un piso de un edifico abandonado. Al concluir el evento, llegó a un acuerdo con la dueña del lugar, para quedarse y seguir haciendo cosas desde donde operan hoy en día. Empezó con recursos propios de su fundadora, y después se ganó una beca de espacios independientes del Ministerio de Cultura. Según Ana María Rosero, el interés del espacio tiene que ver con “crear acceso a las arquitecturas que generan morbo (…)”. Se expone arte de su generación (nacidos en los ochenta y noventa), unido con el de artistas más consolidados como Wilson Díaz.

Tantos espacios independientes: ¿un síntoma de qué?

Que la saturación de actividades y de nuevas iniciativas de artistas en Cali sea realmente un regreso del esplendor cultural de esta ciudad es algo que ha sido puesto en duda por el curador Juan Sebastián Ramírez, en “Ojalá Cali sí”, un artículo publicado en este mismo medio hace exactamente un año. De la misma manera, hace unas semanas, en un conversatorio sobre Casa Tomada (un espacio independiente que estuvo activo entre 2004 y 2006), un artista caleño –que hace tiempo no venía y que desarrolló su carrera por fuera del país– hizo una pregunta que bien podría ser el título de este artículo: ¿Si aquí ha habido tantas iniciativas y espacios gestionados por artistas, por qué la escena es tan frágil?

Es claro que la particularidad de (bis) es construir un modelo alternativo de galería en una ciudad donde no hay mercado; es un ejemplo de algo que define su target y su modus operandi y opera desde su pequeñez, desde su singularidad. También es claro que la particularidad de La sucursal.clo es consolidar el coleccionismo local en torno al arte contemporáneo, pero quizá le pasa lo que a Lugar a Dudas y al Museo La Tertulia: quieren hacer de todo y participar en todo y en vez de construir una voz, de singularizar una apuesta, se van convirtiendo lentamente en centros culturales (donde hay de todo para todos, como en un programa de variedades). Los jóvenes que organizan nuevos espacios dicen que lo hacen porque “no hay suficientes sitios para exponer”, pero hay mucho de prejuicio en eso, ya que hay una cantidad de convocatorias que han aparecido (y algunas han vuelto a desaparecer) en la última década que les permiten a los jóvenes exponer dentro de las instituciones. Entonces, si realmente hay suficientes posibilidades para exponer, ¿cuál es el problema que detectan estos jóvenes que crean nuevos espacios expositivos? ¿Realmente surgen con la intención de aportar soluciones al campo? Quizá lo que los jóvenes detectan es el adormecimiento de la voz de los espacios existentes. Lo que hay que ver es si ellos están realmente construyendo su propia voz, o solo preocupados por exponer y exponer.

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