CLaudia Hakim en las oficinas de NC-Arte. Foto: Guillermo Torres

“Hay que internacionalizar al MAMBO”

Claudia Hakim, quien asumirá la dirección del Museo de Arte Moderno de Bogotá en marzo, habla por primera vez sobre su nuevo cargo y los retos que debe asumir para modernizar la institución.

2016/02/11

Por Christopher Tibble

La escena funciona tanto para el nostálgico como para el optimista. Claudia Hakim, la nueva directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá, nos recibe en la puerta de NC-Arte, el exitoso espacio independiente que inauguró hace cinco años y por el que, en parte, Gloria Zea la nombró como su sucesora en el MAMBO. Atrás, entre bultos de tierra, icopor y retazos de madera, Nicolás Paris prepara su próxima instalación, que se abrirá al público el 20 de febrero. Será, para los nostálgicos, la última exposición que supervisa Hakim como directora de NC-Arte. Pero también será, para los optimistas, otra prueba más de la visión de la gestora cultural, una visión que ahora podrá llevar a una institución que, para muchos, ha perdido relevancia en los más recientes años.

 ¿Cuándo se enteró de que iba a dirigir el MAMBO?

Alrededor del 15 de diciembre, Gloria Zea nos invitó, a mi esposo y a mí, a la casa del presidente Betancur a que nos tomáramos un café. La verdad fue una sorpresa inesperada cuando ella nos mostró la carta de renuncia que había preparado. Me dijo que me había escogido para reemplazarla. Fue una sorpresa, pues no me esperaba que Gloria Zea fuera a ceder un espacio en el que estaba muy contenta y posicionada. Luego, el 29 de enero se reunió la junta del museo y me llamaron a decirme que por unanimidad habían aprobado el nombramiento.

¿Por qué cree que Gloria Zea la eligió?

Yo creo que soy una persona conciliadora y neutral en el mundo del arte. NC-Arte ha demostrado en 5 años que se pueden hacer cosas diferentes en Bogotá, ha presentado una escena artística interesante, un programa educativo muy exitoso. Se han visto cambios en cinco años que de pronto Gloria Zea apreció, pues ella viene a todas las inauguraciones. Pienso que ella quiere cederme el puesto para que continúe allá lo que hemos hecho acá.

¿Qué significa para NC-Arte que usted se vaya, cuando el espacio se ha convertido en una iniciativa tan exitosa para la cultura en Bogotá?

A mí me da mucha lástima dejar NC. He estado desde el día cero hasta hoy, pero creo en la importancia de asumir el museo, lo siento así. Mientras estuve en la dirección de NC viajé y ayudé a que se convirtiera en un referente internacional. Pienso que se puede hacer lo mismo con el museo, que le falta internacionalizarse muchísimo. El museo tiene que salir. Gloría hizo su etapa, ahora yo voy a hacer mi etapa.

Gloria Zea deja el MAMBO en marzo. Cuando usted asuma el mando, ¿habrá continuidad o ruptura?

No diría ruptura, pero creo que sí puede haber cambios paulatinos importantes. Moderno sigue siendo moderno, pero sí creo que puedo introducir más arte contemporáneo. Es indispensable. Yo entraría con un programa nuevo, entraría a reestructurar la parte interna del museo, aunque los salmonistas descalzos me regañen un poquito, haría un pequeño cambio en la parte estética y funcional de las salas. Además, el teatro está cerrado hace 5 años, con una sala de 240 puestos, también el restaurante, y sería una maravilla tener algo ahí.

Me imagino que todo esto hace parte de un proceso por internacionalizar el museo

Total. Hay todo un proceso para moverlo por fuera. La idea es que tengamos comités para hacer captación de fondos por fuera y vincular mucha gente del extranjero. El museo tiene que volver a vivir. En cualquier ciudad el museo de arte moderno debe ser una referencia indiscutible. Ahora que estuve en México le pregunté a galeristas que quiénes habían ido al MAMBO, y de diez personas que habían visitado Bogotá solo había dos.

Ha perdido relevancia…

Sí. La gente ya no lo tiene en su mira. Es algo que tristemente sucede. Yo quisiera que el museo se vuelva un referente para el público bogotano, un lugar a donde la gente quiera ir, que sea parte de sus planes. Quiero volver a activar la parte de educación, que está cerrada en este momento. Ya hay exposiciones internacionales pero hay que moverlo mucho más. Quiero varios comités asesores para invitar a gente que conozco por fuera para hacer más actividades sociales, para la curaduría, la captación de fondos y la arquitectura.

Me imagino que en el proceso de internacionalización entra en juego el dilema entre arte moderno y el arte contemporáneo. ¿Es hora de pasar la página o el museo debe permanecer en un limbo entre lo moderno y lo contemporáneo?

Yo no diría limbo. Creo que se puede mezclar. Creo que parte de la educación es que haya de los dos, que haya salas donde se compare lo moderno y lo contemporáneo pero también espacios para instalaciones y proyectos contemporáneos. En sus estatutos, el Mambo está contemplado como museo de arte moderno y de arte contemporáneo, o sea que perfectamente puedo hacer una exposición totalmente contemporánea y hacer que todo el museo se vuelva una gran instalación.

Un poco como el modelo del Tate Modern en Londres, donde hay espacio para ambas formas de arte.

Esa es la idea. No tenemos ese espacio, pero sí creo que se pueden hacer salas pequeñas, educativas, donde se mantenga el arte moderno. Hay que tener en cuenta que el museo tiene más de 3.500 obras, un patrimonio impresionante. Gloria Zea ya ha hecho varias exposiciones de la colección y eso hay que seguir haciéndolo.

Hablando de espacio, ¿qué ha pasado con el lote adjunto al museo, donde se quería construir un nuevo edificio?

Es una lucha que Gloria Zea ha tenido muchos años y yo la continuaré. Ese es el futuro del museo. Tenemos que construir un museo nuevo. No diría que una extensión, aunque esté al lado. Voy a meterle todo el esfuerzo para que eso se logre. Entiendo que ese espacio ya se designó para un uso cultural. Ojalá lo logremos.

El Museo de Arte Moderno de Medellín costó 24 millones de dólares, mitad pagado por privados, mitad por la Alcaldía. ¿En Bogotá existe esa cultura de apoyo?

Hay que trabajarlo y mucho. Pienso que hay que presentar un proyecto. Hay que vender la idea. Hacer un estudio de factibilidad, pensar en un teatro, en salas de tecnología. Pienso que si uno presenta un proyecto es posible lograrlo. Ojalá la empresa privada se anime. Pienso que si nos unimos con la comunidad artística y decimos qué queremos de este museo, y lo presentamos ante la empresa privada, el Ministerio de Cultura y las secretarias de cultura y educación, podemos lograr que el museo esté más en el corazón de la gente.

¿Ya ha pensado en alguna exposición el particular?

Tengo entendido que el año 2016 ya está programado, así que este año es más el momento para que me ponga al día con todo. Hay unas exposiciones que ya están patrocinadas, una por el Ministerio de Cultura de Colombia, la que se va a inaugurar ahora el primero de marzo, y después viene una patrocinada por el Ministerio de Cultura de México. Las otras exposiciones están programadas pero no concretadas. Ahí voy a poder hacer algo. También me estoy vinculando con ARTBO y creo que nos van a incluir como parte del programa para el próximo año.  

El Museo de Arte Moderno no compra obras, sino que más bien recibe donaciones. ¿Va a haber una nueva política de adquisiciones?

Primero tenemos que organizar la parte contable porque el museo ahorita vive de préstamos, con muy pocas donaciones. Pero yo creo que sí, un comité de adquisiciones es importantísimo, uno que aporte y que conozca.

¿Cómo se imagina el museo en cinco años?

Tengo ganas de verlo transformado. Este puente que se está haciendo atrás, el de Giancarlo Masanti, hay que verlo como el jardín del museo, un espacio donde vamos a poder conectarnos con la Biblioteca Nacional, toda la 26 que va a ser como un corredor cultural, el Museo Nacional, el Museo de la Memoria. Ojalá para entonces ya estemos construyendo el nuevo museo. Yo lo veo compitiendo a nivel internacional, que en cinco años el museo sea reconocido en el exterior.

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