Leyla Cárdenas, delante de su video Interpretación del tiempo profundo (Primer intento), 2017, 6:00 min.

Modos de medir el tiempo

En la galería bogotana Casas Riegner, la artista Leyla Cárdenas expone hasta el 29 de abril una muestra que se pregunta por la naturaleza del tiempo, el espacio y el lenguaje a partir de las ruinas humanas y la erosión.

2017/04/22

Por Ana Gutiérrez* Bogotá

Una línea de tiempo hecha de metal y polvo atraviesa Reconocer, la más reciente muestra de Leyla Cárdenas. Cruza una de las salas de la galería Casas Riegner, atraviesa uno de sus muros y termina en su vestíbulo. En ese y otros cuartos, la artista deshila el tiempo y el espacio por medio de telas, piedras, sonidos y espejos. Hasta el título de la muestra hace referencia a lo temporal: un palíndromo que expresa la naturaleza cíclica del tiempo.

“La noción de tiempo es complejísima, al igual que la realidad física. Trabajo con esculturas, entonces, siempre he tenido que pensar el tiempo o el espacio de los lugares específicos donde expongo. Bogotá siempre ha sido una excusa para excavar preguntas respecto al tiempo y al espacio”, explica la artista, que nació en la capital colombiana en 1975.

Las nuevas piezas de Cárdenas se enfocan en las montañas de Bogotá y en las construcciones abandonadas que se encuentran en ellas. La artista escogió sitios cuya lenta destrucción ha sido causada por la explotación para constituir la ciudad o por los cortes que dejan las carreteras: todo causado por el hombre. Luego plasmó retratos de los lugares que visitó —y sus reflejos— sobre telas de velo deshiladas. Para entender la exposición, Cárdenas señala “tres ejes de indagación”. El primero es el lenguaje. Desde el título, Reconocer, la muestra sugiere la idea de ir hacia atrás, dado que la palabra se lee igual para adelante que para atrás, además de aludir a cómo las obras documentan la erosión causada por los humanos en las ruinas abandonadas a las afueras de la ciudad.

El significado del material es el segundo eje: “En general, uno tiene una noción horizontal y bidimensional del tiempo y del espacio, pero el tejido permite deshilarlo y es como si quitaras el espacio y dejaras solo el tiempo. Quería darle la vuelta a la noción de lo entrelazado, cuestionarlo o detenerlo por un tiempo. También quería representar imágenes que ya no están o que son ruinas y que en cualquier momento pueden desaparecer del todo. Aquí diluimos un poco esa firmeza de la arquitectura o de las montañas. Finalmente, todo es cambiante: la montaña se deshace para que la ciudad crezca, pero cuando la ciudad decrece, surge una especie de montaña de ruinas: polvo y más polvo”, dice Cárdenas. Hay una pieza que es solo urdimbre: una foto deshecha cuyos restos cuelgan sobre un hilo en el segundo salón de la exposición.

Destramar 10, 2017, tela estampada y clavos de metal.77x174x4 cm.

Cárdenas vuelve a la larga y delgada línea de metal que cruza el primero de los cuartos. La obra como tal es una montaña hecha de polvo y agua, nutrida por la colaboración de los visitantes. Están invitados a ayudarla a crecer, solo un poco, al pasar a su lado, donde se encuentra un cúmulo de polvo y un atomizador de agua. Un spray, a la línea, una pizca de polvo, y otro spray para asegurar que se quede sobre la pieza. Sobre la pared, está marcada su evolución. Se llama ‘Nuestra montaña’ y fue hecha en colaboración con la pareja de Cárdenas, que es arquitecto. Al crecer junto al público “es como el reloj de la exposición, una manera de sentir y evidenciar el paso del tiempo. Este es el tercer eje: el tiempo, y las maneras de pensarlo, que tomé prestadas de la geología y de la arqueología. En las capas geológicas hay un modo de leer la montaña o el paisaje y tener una idea de cómo se materializa en el transcurso de millones de años, en cifras que no nos caben en la cabeza”.

Del otro lado del salón, una tabla del piso se curva para acomodar una montaña de tierra pisada que Cárdenas creó con materiales de los subsuelos de construcciones. Explica que quería intervenir la galería porque siempre lo hace: “En realidad esta es la exposición en la que menos lo he hecho. Esta fue la oportunidad de conversar con el espacio y el tiempo específico de aquí. Siempre llego con unos planes y al instalarme en el espacio cambia la mitad de la exposición”. Ese dinamismo en el trabajo en las instalaciones es uno de los fuertes de Cárdenas, cuya obra cada vez más se preocupa por temáticas arquitectónicas.

Paula Bossa, curadora de la muestra, explica que es “muy interesante porque representa giros conceptuales y materiales en la obra de Cárdenas. Es una artista que ya venía trabajando la materialización del tiempo, pero en exposiciones anteriores su enfoque había sido la ruina urbana; ahora habla del paisaje que está siendo alterado para construir la ciudad. También el soporte material que está utilizando es distinto. Antes trabajaba capas de pintura que encontraba en edificios viejos; acá utiliza un velo, un elemento muy frágil”. Cárdenas trabaja con la galería desde 2008 y hace muestras con ellos cada dos años.

La muestra también cuenta con piedras traídas de los lugares retratados e instalaciones in situ, junto con un video que recorre los espacios para demostrar tanto la efimeridad como la permanencia de los sujetos de las piezas. Con un trabajo sonoro diseñado por la compositora electroacústica Melissa Vargas, la cámara recorre amplias montañas y construcciones de arriba abajo antes de adentrarse en la tierra y salir del otro lado para analizarlas de abajo arriba. Tanto las imágenes como los sonidos se repiten en un loop sobre la pantalla, delante de la cual un espejo de mylar aumenta la sensación de estarse hundiendo en la tierra para seguir el viaje que retrata el lente. “Para hacer el video busqué edificaciones de tierra pisada, que se ven mucho en Boyacá y Cundinamarca, y ahí me encontré las ruinas de la muestra. Una de mis obsesiones ha sido pensar sobre la manera en que fragmentos de la realidad a veces permiten entender cómo se materializa el tiempo, el futuro, el pasado y el presente, y si eso existe o no. Exploro desde la materialidad y la escultura lo inasible de esa noción de tiempo”.

Cárdenas ha desarrollado sus inquietudes estéticas con el correr de los años. Y se nota. Indaga en la naturaleza de las ruinas y en el efecto del hombre sobre su entorno, una temática que la ha obligado a estudiar ciencias como la antropología, la geología y la cosmología, campos que abarcan periodos de larga duración. La artista es coherente en sus prácticas, o como dice con algo de timidez: “Soy reiterativa”.

En cuanto a Reconocer, Cárdenas resume su muestra con una frase: “A veces digo que hice una exposición de relojes, porque todos son modos de medir el tiempo”.

*Editora web de Arcadia.

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