Intervención de Consuegra en el espacio de la galería.

El espacio y el lugar: Nicolás Consuegra en NC-arte

¿Por qué crear una arquitectura efímera en una galería para reproducir la sala de un museo? El más reciente proyecto del artista es una ambiciosa apuesta por construir, pared por pared, la sala principal del Museo de Arte de la Universidad Nacional en la Fundación NC-arte, en La Macarena bogotana.

2017/08/25

Por Jaime Cerón* Bogotá

Los visitantes al proyecto El espacio del lugar. El lugar del espacio, que presenta actualmente Nicolás Consuegra en NC-arte, pueden quedar perplejos ante una evidente paradoja que emerge cuando ingresan a esta sala de exhibición: parecería que hubieran ingresado a un espacio arquitectónico distinto, que ha suplantado las características físicas que solían definir el lugar que estaba ahí. Se trata de una intervención que basa todos sus impulsos comunicativos en el tipo de experiencia que la arquitectura genera en el cuerpo. Sin embargo, es tan radical su concepción y realización que confronta la noción de espacio convencionalmente relacionada con el arte.

Una de las características que ha parecido definir el papel de las artes plásticas a lo largo de su historia es precisamente la espacialidad. Hace dos siglos solía decirse que había artes del espacio, definidas por su estatismo, y artes del tiempo, determinadas por flujos de acciones. Entre las artes del espacio estaban la pintura, la escultura y la arquitectura, y entre las del tiempo, la música, la poesía y la narrativa.

Sin embargo, durante los últimos 100 años se ha puesto en entredicho esta separación, porque en la experiencia humana el tiempo y el espacio no pueden disociarse. Esa es una de las razones por las que, a lo largo del siglo pasado, emergieron prácticas artísticas transdisciplinarias como el performance, que a su vez surgió del teatro, la danza, la literatura, las artes plásticas y la música.

Desde la segunda mitad del siglo XX se hizo más y más visible que a los artistas les interesaba cruzar críticamente cada frontera que se pudiera imponer a sus prácticas, porque en ellas identificaban ejercicios de poder. Por esa razón se complejizaron las concepciones de tiempo y espacio ligados al trabajo artístico, que llegaron paulatinamente a confluir con sus dimensiones más específicas: las nociones de momento y de lugar. A lo largo de los últimos 50 años, ha sido cada vez más frecuente encontrar a los artistas alejándose de las pretensiones de universalidad que habían sido usadas para validar su trabajo desde la crítica y la historia del arte, para localizar y focalizar sus proyectos en el momento y lugar en que son propuestos.

En ese orden de ideas, fue más o menos en la década del sesenta que surgieron prácticas artísticas que parecían difíciles de aislar del contexto en que circulaban, al punto que se decía que las obras eran lo que estaba en el edificio, pero que no eran propiamente parte del edificio, o que eran lo que ocurría en un paisaje que no sería propiamente parte de dicho paisaje. Paulatinamente ese tipo de prácticas llegaron a incrustarse de manera tan efectiva en los contextos espaciales que las motivaban que empezaron a producir experiencias nuevas en los espectadores. Surgió entonces el concepto de “obras de sitio específico”.

Volviendo a El espacio del lugar. El lugar del espacio, es necesario señalar que Nicolás Consuegra ha hecho notar la manera como las obras de sitio específico replantean muchos de los roles convencionales que han estructurado la idea de arte. Uno de ellos se basa en las nociones de espacio asociadas al campo del arte, que separan sus ámbitos y funciones de acuerdo a su proceso, como ocurre por el hecho de que haya lugares concebidos para crear y sitios pensados para exhibir. La obra de Consuegra se basa precisamente en que la separación entre el espacio de creación (el estudio del artista) y el espacio de circulación (la sala de exhibición) se anula. Ya no se trata de una obra que ha sido creada en un lugar privado y que es llevada posteriormente a un lugar público. Ya no se trata de considerar la creación artística como un momento anterior al encuentro con un espectador, sino de pensar la exhibición como una situación en la que una persona se encuentra con una obra en el momento actual. La obra recupera así la experiencia del presente desde la manera como altera la relación del espectador con su tiempo y espacio. Es decir, la obra constituye al espectador a medida que el espectador la percibe, y simultáneamente el espectador crea la obra a medida que ingresa en su ámbito.

El espacio del lugar. El lugar del espacio parte de una revisión crítica de lo que ha pasado con la idea de obra de sitio específico en la actualidad, en donde esta categoría se ha llegado a acomodar a las lógicas institucionales del campo del arte, así como a las demandas del mercado, volviéndose una práctica blanda y transportable por museos, ferias y colecciones.

La especificidad de la obra se ha vuelto un rasgo estilístico y no una situación crítica, ineludible y efímera. Este proyecto de Nicolás Consuegra, en cambio, da una aproximación crítica tanto a la práctica de obra de sitio específico en Bogotá como a las entidades o instituciones que han centrado su atención en ella.

El proyecto también examina la manera como el espacio por excelencia para el encuentro entre el arte contemporáneo y el público en Bogotá, que es el Museo de Arte Moderno, fue por un importante periodo un espacio nómada. Comenzó en el ámbito público, la Universidad Nacional, luego pasó al ámbito privado al mudarse a un local en el Centro Internacional Tequendama, después volvió a la esfera pública al estar alojado en el Planetario de Bogotá y finalmente regresó al ámbito privado al trasladarse a su propia sede, la actual.

Uno de los referentes en Colombia de la actividad artística en términos de obra de sitio específico es el premio Luis Caballero, realizado por la Alcaldía de Bogotá, cuyo primer ciclo expositivo se llevó a cabo hace 20 años y que en sus ediciones iniciales consistía en otorgar becas a proyectos artísticos concebidos por artistas de mediana trayectoria para el espacio específico de la Galería Santa Fe del Planetario de Bogotá, que, entre otras cosas, surgió tras la mudanza del Museo de Arte Moderno hacia su sede definitiva. Muchos de los proyectos que se presentaron en sus primeras versiones respondieron críticamente a diferentes aspectos de ese espacio y tuvieron por lo tanto una vocación radicalmente efímera, al punto que no fue posible volverlos a exhibir en ningún otro lugar.

Sin embargo, muchos otros proyectos llegaron a desplazarse por distintos ámbitos, una de las razones para plantear un cambio en este programa, que actualmente funciona por la intervención de diferentes espacios específicos de manera más o menos simultánea. Otra de las razones de este cambio es la mudanza de la Galería Santa Fe hacia una sede definitiva bajo la Plaza de la Concordia en el centro histórico de la ciudad.

El punto de inflexión del proyecto El espacio del lugar. El lugar del espacio es la revisión del papel de las dos entidades que han basado su gestión en la lógica de comisionar obras de sitio específico, que son NC-arte y el Museo de Arte de la Universidad Nacional, creado precisamente tras la salida del Museo de Arte Moderno del campus de la Universidad. Pero hay más cruces. Sus responsables han intercambiado funciones hasta hacer proyectos en el otro espacio. Claudia Hakim, la directora de NC-arte, terminó siendo la directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá.

El proyecto El espacio del lugar. El lugar del espacio es un punto de intersección de esa historia. Consiste en la inserción, a escala uno-uno, de la arquitectura del Museo de Arte de la Universidad Nacional en el interior del espacio de NC-arte; una inserción que ocurre por una superposición virada en diagonal de un espacio público en un espacio privado, sin dejar ninguna distancia entre ellos. Se trata de meter una sala de una sola planta dentro de un espacio de dos.

Espacio real del Museo de Arte de la Universidad Nacional.

Esto hace que la arquitectura “real” colapse por la arquitectura “ficticia”, y la imposición de una planta en sus dos plantas lleva a una evidente incomodidad para los espectadores y para los usos habituales del espacio. De esta manera, si un espectador ingresa a NC-arte con el ánimo de ver una exposición o de encontrarse con unas obras, como sería de esperarse, lo que va a experimentar es el espacio mismo y su posible significación. Lo que va a llegar a ver es la manera como se suele ignorar la arquitectura que sustenta la experiencia artística.

Un último aspecto crítico que se pone en evidencia con esta obra es su carácter colaborativo, que contrasta con la suposición de una autoría singular en el campo del arte. El proyecto depende de la gestión de todas las personas que desempeñan diferentes roles dentro de entidad que la alberga. Toma forma por la articulación del trabajo de Nicolás Consuegra con el trabajo de la curadora Claudia Segura, se configura definitivamente por la colaboración con el arquitecto Felipe Guerra y su equipo de trabajo, y su dimensión temporal se define por la participación del ensamble CG, que interpreta una pieza musical de Rodolfo Acosta que tiene la misma duración que el tiempo de exposición. Todos ellos aportan un eslabón para la “realización” de la obra.

Desde hace alrededor de 15 años Nicolás Consuegra ha realizado piezas in situ con resultados muy agudos e inquietantes, como fue el caso de su proyecto Paréntesis en la Alianza Francesa de Bogotá en 2003, o su intervención En algunos vacíos, realizada en el Museo Nacional de Colombia en el mismo año.

Sin embargo, con El espacio del lugar. El lugar del espacio logró aproximarse de manera mucho más compleja a algunos de los núcleos duros de esta práctica, como lo son la interferencia sobre el uso habitual del espacio ocupado y la resistencia a la búsqueda de entendimiento por parte del espectador. Lo primero revela la condición de no-lugar de los espacios de exhibición, en donde no suele ocurrir la vida humana. Lo segundo apuesta por recuperar la experiencia subjetiva del aquí y del ahora como fundamento de la experiencia artística.

En definitiva este proyecto es un intento por equiparar la dimensión crítica inherente a las prácticas del arte con la experiencia de estar vivo.

*Curador y crítico de arte. Subdirector de las Artes en Idartes.

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