Inventarios II de Wilger Sotelo. Fotografía de Andrea Eslava G.

Pasos de animal grande

Con una inversión económica espectacular y un acierto curatorial que ha deslumbrado a todos, un nuevo evento de arte se abre camino en el país.

2014/02/28

Por María Belén Sáez de Ibarra* Bogotá

El arte contempoáneo padece una situación difícil. Paradójicamente exite un gran entusiasmo por parte del coleccionismo privado, y se mueven cifras de dinero muy importantews en lso circuitos comerciales; pero en los procesos de producción y circulación del arte por fuera del circuito comercial son frágiles en la mayoría de los países. Se parece a la situación de la ciencia. Son precisamente los países que hoy están en la vanguardia del conocimiento los que más han invertido en su desarrollo, y por tanto tienen el control económico y político del sistema. Colombia ocupa los últimos puestos en el fomento a la producción de conocimiento, y se suele olvidar que una de las áreas de esa producción es el arte del presente: esa coyuntura viva en la cual la sociedad ahonda en los presupuestos que construyen su realidad. ¿Han pensado ustedes que alguna vez la Capilla Sixtina fue arte del presente?

 

La situación aquí es crítica. Sin desconocer la importancia de proyectos como ArtBo, el Salón (inter) Nacional de Artistas y el aporte de algunos museos y galerías, es precario el esfuerzo que se realiza desde lo público y son escasas las instituciones sólidas y especializadas en el desarrollo de las artes visuales. Mientras tanto, en el mundo, desde hace muchas décadas, el sector privado ha apoyado con liderazgo, dineros importantes en cantidad y claridad de la inversión, y mucho trabajo y acompañamiento, el desarrollo de programas para las artes contemporáneas. Esto ha generado procesos de largo plazo y solidez.

 

Por eso es tan buena la noticia que acaba de darse en el país. Un liderazgo de la sociedad civil –emprendimiento nacional–, nos entrega una bocanada de oxígeno para el sector y un escenario de altos estándares para la gestión de proyectos para las artes del presente. Tenemos Bienal Internacional de Arte Contemporáneo. Se trata de la BIACI, que inauguró recientemente en Cartagena de Indias su primera versión con pasos de animal grande. Todo indica que la Bienal llegó para quedarse con sus argumentos artísticos bien planteados, altura profesional de todos los componentes del ambicioso proyecto y suficiencia y firmeza de la gestión presupuestal.

 


Curar bien

Ciento veinte artistas contemporáneos de todo el mundo bajo la dirección curatorial de la brasilera Berta Sichel, quien en tiempo récord demostró una vez más por qué muchos colegas se atreven a referirse a ella como una de las mejores curadoras del arte contemporáneo, desde hace ya más de 30 años. Sichel trabajó con un equipo de cuatro curadores asociados: Barbara Krulik, Mariano Salvador, Bisi Silva y Paul Willemsen. Además, la Bienal dedicó una exhibición especial a proyectos de artistas colombianos, bajo la curaduría de Miguel González, Gabriela Rangel y Stephanie Rosenthal.

 

Genuinamente vale la pena asistir a la Bienal. Su curaduría hace un ejercicio serio de reunir obras que contienen una pulsión colonialista que hace eco en una Colombia y una Cartagena que no solamente tienen un pasado colonial sino que aún cruzan su destino en una pesada carga poscolonial y un racismo insólito para un país mestizo y multicultural. Es claro nuevamente que para relacionarnos con nuestras propias vicisitudes locales es indispensable contar con el diálogo con artistas de otras latitudes que comparten de muchas maneras las causas y consecuencias de una historia que trasciende las fronteras geográficas.

 

Un aspecto sobresale en esta curaduría que me gustaría mencionar, y es la presencia de obras muy sólidas en su aspecto estético y profundidad conceptual, realizadas por mujeres. Muchas de mis obras preferidas se encuentran entre ellas. Además del protagonismo de estas obras en sí mismas, el hecho de que más del 40 por ciento de la participación en la bienal sea femenina nos da una lección para tomar nota. Las mujeres en la escena del arte sufren del lastre de la invisibilidad y es buena hora para hacer el esfuerzo consciente de trabajar en contra de esta inercia en el movimiento del sistema, actuado aún por las propias mujeres curadoras, quienes a su vez lo padecen.

 

La Bienal es refrescante en el contexto de las actuales bienales internacionales. El formato bienal es difícil por su envergadura y su tamaño: tiende a querer abarcar demasiado, lo que la hace presa fácil de lo superficial y de la falta de coherencia y del oportunismo “diplomático”. BIACI logra maniobrar bien en el formato sin caer en estos errores. Si logra arte continuar navegando por este camino puede llegar a ocupar un lugar riguroso para la reflexión artística en Latinoamérica.

 

El segmento de la BIACI para el arte colombiano podría mejorar. Pasa bien con buenas obras pero existen desequilibrios con respecto al grueso de la curaduría de Sichel (que por cierto incluye artistas colombianos). Tener esta exposición especial para los colombianos es una idea feliz. Para que cumpla mejor su cometido hay que cuidar con rigor el hilo que une las obras y lo que se quiere comunicar desde el conjunto. La actual es desigual, y su relato se pierde en el camino. También sería bueno que la visibilidad de esa exposición fuera central y unificada, y ojalá muy cerca de la dirección curatorial del evento en su totalidad. La idea es buena porque tenemos un rico acervo artístico de varias generaciones aún por descubrir para una escena propia e internacional –que por cierto asistió nutridamente a la inauguración de la convocatoria de BIACI– y para todos los visitantes.

 

La gestora

La promotora esencial de todo esto es la empresaria y galerista Nohra Haime Gutt, quien tuvo esta compleja idea y la sacó adelante con el apoyo de empresas de su familia y de su hermano Daniel Haime Gutt, así como con el acompañamiento cercano y presencial desde el inicio de Patricia Escallón de Ardila y Carlos Julio Ardila y empresas de la familia Ardila, entre otros. Para el sector particular de las artes visuales en el país este es un generoso esfuerzo ejemplar desde el liderazgo del medio empresarial. Ahora es el turno del Estado para crear una ley de mecenazgo que recoja este momento de motivación de la empresa privada.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Revista Arcadia anuncia a sus lectores que nuestra versión impresa comenzará a pedirles que se registren en nuestra página web.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com