nvitación al 43 Salón Nacional de Artistas

Saber curar

Del 6 de septiembre al 3 de noviembre se llevará a cabo el Salón Nacional de Artistas en Medellín. Este año su título es “Saber desconocer”. ¿De dónde salen los conceptos que determinan lo que se muestra en el salón? ¿Quiénes deciden qué ve el público? Arcadia le presenta a los curadores.

2013/09/13

Por María Isabel Abad. Medellín.

Creería uno que después de setenta y tres años y cuarenta y tres versiones, el Salón Nacional de Artistas, que se celebra cada dos años en el país, es un producto acabado. Pues no. Como la plástica –variable y ondeante– sigue en proceso de ajuste y definición. ¿Qué hay de nuevo en este invento de la rueda?

El Salón Nacional de Artistas, iniciado en 1940 estaba planteado como un concurso: los artistas del país inscribían sus obras, un porcentaje era seleccionado para una muestra de la cual resultaban las ganadoras. A partir de 1976 aparecen los Salones Regionales para ampliar el mapa de la plástica nacional que se reducía a Bogotá, Medellín y a Cali, y que en ese entonces era aún más estrecho que el de ahora. Estos salones comenzaron a funcionar con la metodología ya inventada: se abría una convocatoria, se seleccionaban las obras para la exhibición y un grupo de jurados premiaba a las mejores, que, como en un clásico sistema de olimpiadas, pasaban al Salón Nacional.

Pero al comenzar el siglo, una reflexión al interior del Ministerio de Cultura removió esta estructura e introdujo la figura del curador en ambos eventos. Por esta razón se nombraron, para los Salones Regionales, equipos de curaduría que realizaban las exposiciones con base en una investigación, y para el Salón Nacional, un comité curatorial que se encargaba de adaptar el trabajo realizado en las regiones. La versión actual que se lleva a cabo en Medellín detiene esta lógica de dependencia entre ambos salones.

De acuerdo con Jaime Cerón, director de Artes Visuales del Ministerio de Cultura, no es necesario que los Salones Regionales sean un insumo obligado del Nacional. “Ya los regionales tienen vida propia y han llegado a su mejor punto. Además, no tiene sentido que en el Salón Nacional se cure lo que ya ha sido curado”.

Por eso, el comité curatorial del Salón que ahora se realiza y para el cual el Ministerio de Cultura designó cinco curadores (ver recuadros), en lugar de seleccionar las obras solo de los regionales, buscó artistas en los eventos de arte más importantes del país, públicos y privados, de los últimos tres años. Fue así como se decantó el número de los artistas que hoy participan y que comparten esta vitrina con artistas extranjeros. Este deseo de internacionalización del evento no es nuevo, está en la línea de lo que ya se había iniciado hace dos versiones en Cali, que para todos los organizadores fue un referente significativo. Por eso su nombre actual, Salón (inter) Nacional de Artistas, es apenas una innovación nominal.

Pero había más consideraciones para la planeación de este Salón. En el aire resonaba el cuestionamiento que la ministra de Cultura Mariana Garcés había hecho a la anterior versión, en Santa Marta, en donde planteaba que el Salón no podía ser un evento de curadores sino de artistas.

Eso hizo que desde un principio el Salón 43 le apostara a una exposición concentrada en el tiempo y en el espacio donde los artistas pudieran exhibir sus obras ante el público general y fueran tratados como los principales invitados: en términos de espacios y de presupuesto.

Eso también hizo que el paneo de los artistas en Colombia fuera la base para que el equipo de curadores comenzara a definir una línea curatorial y no al contrario.

¿Pero cómo podían crear el relato de una exposición cuando había artistas con visiones tan distintas del arte, que iban desde el virtuosismo formal hasta el arte conceptual? ¿Cómo podían, además, conciliar todo este universo con sus propios campos de interés?

Las deliberaciones del comité que buscaban dar respuesta a todas estas preguntas se iniciaron en enero de este año. En ellas los curadores comenzaron el debate, en especial Rodrigo Moura (Brasil) y Florencia Malbrán (Argentina) que fueron los que a la larga trabaron los términos de la discusión. Mientras Moura, curador en Belo Horizonte, traía a la mesa el tema de los conocimientos de los pueblos indígenas y su representación en el arte que ahora está vivo y efervescente en su país, Malbrán prefería poner de relieve en la muestra la manera cómo el arte aborda el tiempo, el vacío y la incertidumbre.

Este tira y afloje entre el valor de lo ancestral y el vértigo del presente, fue generando simpatías y distanciamientos entre los otros miembros del equipo hasta que una fórmula integradora, Saber desconocer, permitió que todos llegaran a un acuerdo.

Hablan tres de los cinco: “Saber desconocer –dice Óscar Roldán– más que un tema es un enunciado”. “Este oxímoron –sostiene Mariángela Méndez– nos permitió crear muchos diálogos”. “Esta fue una buena fórmula –añade Javier Mejía–. Era muy difícil hacer una exposición temática de esta magnitud”.

Fue así como bajo este gran paraguas curatorial –donde está en juego el presente mismo–, pudieron acomodarse ciento ocho artistas tan diversos entre sí (setenta y cuatro nacionales y treinta y cuatro extranjeros), los intereses de cada uno de los curadores y varios formatos que están presentes en las cuatro sedes del evento: el MAMM, el Museo de Antioquia, el Jardín Botánico y la Heladería, antiguo edificio de rentas de la Gobernación, que gracias al Salón nace como un espacio de arte en Medellín.

Y si bien cada uno de los cinco curadores acompañó a los artistas en proyectos individuales, tres de ellos, Méndez, Moura y Malbrán hicieron, además, exposiciones particulares con relatos propios. La de Méndez, Uno como otro, se exhibe en el Museo de Antioquia y agrupa obras que ponen en tela de juicio las polaridades absolutas.

Las de Moura y Malbrán, situadas en el MAMM, muestran claramente en el plano físico el contrapunto en lo conceptual: en un ala del museo, Moura realiza la exposición Estado oculto que explora la mirada del arte sobre los saberes tradicionales. En la otra, Malbrán cura la exposición Destiempos en donde un gran reloj, detenido a las 8:05, da inicio a una serie de obras que tratan de hacerle agujeros al tiempo. En el hall del medio se levanta una obra de Ernesto Neto que le hace guiños a los dos.

Será el público quien a la larga evalúe si en esta ocasión hay un equilibrio entre curadores y artistas tantas veces en tensión. Si esta multiplicidad de exposiciones, proyectos, videos, fotografías, instalaciones y performances, está tejida por una trama invisible de hilos que los ensamblan y dan la unidad al conjunto. O si en aquellos momentos que los curadores se silencian, los artistas hablan.

Lo cierto es que esta versión que hoy se realiza, al desligarse de los salones regionales, al darle centralidad a los artistas, al plantearse como una exposición con invitados internacionales y al optar por concepto curatorial que unió en un concepto dos miradas temáticas opuestas, tomó posición en varios debates que están vivos en el país.

Quién sabe si todos estos ajustes supongan el invento de la rueda después cuarenta y tres versiones y más de setenta años de vigencia del Salón que, en palabras de Beatriz González,“mide la temperatura del arte en el país”. Es poco probable, teniendo en cuenta la materia con la que trabajan: el arte, variable y ondeante.

Óscar Roldán-Alzate

Es maestro en Artes Plásticas, politólogo de la Universidad de Antioquia. Ha sido el curador jefe del Museo de Arte Moderno de Medellín desde el 2008. Sostiene que “lo que caracteriza el arte colombiano es que tiene una forma fascinante de contarnos historias”. Por eso, las veintidós obras que acompañó en el proceso de curaduría para el Salón Nacional tienen un sello narrativo. Cree que en Medellín ha habido varios antecedentes recientes como los salones regionales que se tomaron varios espacios de la ciudad y los encuentros MDE, que disponen a la ciudad para el arte. Reivindica el trato que los artistas han recibido en este evento: “Ahora el evento corre con todos los gastos, eso es una novedad”. “La dinámica de intercambio del arte en Colombia –afirma– está desafiando la endogamia que Marta Traba le atribuía“. Como el resto de los curadores, Roldán está convencido de que “la plástica en Colombia está en su mejor momento”.

Rodrigo Moura

Curador, editor y escritor brasileño. Desde el 2004 es curador del Instituto Inhotim (Minas Gerais, Brasil) donde ha sido responsable de adquirir y comisionar obras de artistas como Ernesto Neto, Jorge Macchi, Rivane Neuenschwander y Claudia Andujar, entre otros. ?Esta última artista lo introduce al tema que trae al Salón: los conocimientos tradicionales que se exponen en la muestra Estado oculto (MAMM) y que para él es “un conjunto dentro del conjunto”. El punto de partida de esta muestra es la Cerámica Alzate, un conjunto de piezas que por muchos años circularon en Colombia como verdaderas piezas arqueológicas. A partir de allí, otros artistas como José Antonio Suárez, Johana Calle, Cildo Meireles, Antonio Caro y Miguel Ángel Rojas, entre otros, cuestionan con sus obras el límite entre lo falso y lo original de los saberes ancestrales.

Javier Mejía

Ha sido curador del Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo en Santa Marta, ha trabajado en el Museo del Caribe y ahora trabaja como curador independiente. Actualmente es curador adjunto de la Red Artistas del Caribe y tiene experiencia en los salones regionales.

Los artistas que acompañó para el Salón en el proceso curatorial “divagan entre el saber y el desconocer”, por eso denomina su trabajo como Trayectos. “Algunos de estos, son artistas emergentes que están alcanzando un reconocimiento como Rafael Gomezbarros o Wilger Sotelo, otros son artistas consolidados que están explorando nuevos caminos como Germán Botero y Demian Flores. En el arte –sostiene– pasa lo mismo que con el tráfico aéreo: todavía los artistas deben pasar por Bogotá. Los artistas del Caribe tienen más relación con Panamá o Cuba que con los artistas de otras regiones del país”.

Florencia Malbrán

Curadora y crítica argentina. Profesora de Arte Contemporáneo de New York University, en Buenos Aires. Tiene una maestría en Estudios Curatoriales del Bard College, Nueva York.

Ha trabajado en instituciones como la Fundación Proa y el Centro Cultural Recoleta. “Parto –dice– de la convicción profunda de que el arte puede ayudar a construir la subjetividad de cada uno. El reto para este salón era: ¿cómo dar cuenta de lo ocurrido en arte en este país en relación con una exhibición que nos hable del presente, riesgosa y provocadora”. Su curaduría, que incluye proyectos individuales y la exposición Destiempos (MAMM), consistió en agrupar aquellos artistas que replantean la noción del tiempo actual “como una sucesión furiosa de minutos”, como Mateo López, León Mancera, Bernardo Ortíz o Jorge Macchi. “Al ver los artistas colombianos –sostiene– puedo decir que no hay un tema común, lo que sé es que en Colombia hay una voz propia, vibrante, experimental y arriesgada”.

Mariángela Méndez (directora artística)

Es curadora y profesora de la Universidad de los Andes. Realizó una maestría en Estudios Curatoriales del Centro Bard College en Nueva York. Ha curado exposiciones en el Banco de la República, en los Salones Regionales y en galerías. Lleva varios años vinculada a los debates de la Dirección de Artes del Ministerio de Cultura. Su apuesta dentro del Salón fue defender la autonomía del evento con respecto a los regionales y el regreso a una exposición concentrada en el tiempo. Para hacer el filtro de los artistas participantes, privilegió aquellos mayores de treinta y cinco años que tienen menos oportunidades. Tras hacer una mirada de los cambios del arte en el marco de los salones nacionales, dice: “Definitivamente ha cambiado la manera de circular del arte, la pintura ha ido y vuelto y han cambiado los soportes. Hoy –agrega– sería imposible hacer el salón que realizó Gloria Zea en el Museo Nacional en la versión veinticinco con seiscientas obras. Esto ahora es un evento de ciudad. Que sea internacional –dice–, es un paso natural y necesario. El campo del arte se ha modificado para que el Salón no cambie, por fortuna ya no es el único par de zapatos del arte del país, antes se le pedía todo al Salón, ahora existen en Colombia otros eventos importantes”.

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