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Discreto encanto

Juan Carlos Garay rinde homenaje a Richard Wright (1943-2008)

2010/06/30

Por Juan Carlos Garay

En el tema “Us and Them” del álbum Dark Side of the Moon de Pink Floyd, puede escucharse uno de los solos de piano más memorables de toda la historia del rock. No es memorable por un virtuosismo exhibicionista, como es costumbre, sino por todo lo contrario: una delicada sencillez que hace que las notas suenen un poco como tocadas por el viento. En realidad es el tecladista Richard Wright, a quien le bastan apenas nueve notas (en el contador de minutos del cd se pueden escuchar a partir de 4:53) para enriquecer la atmósfera, lo cual recuerda la proverbial economía de medios del músico de jazz Miles Davis.

Y la asociación no es gratuita: el mismo Wright dijo en varias ocasiones que para las progresiones de acordes de Dark Side of the Moon se inspiró directamente en el disco Kind of Blue, de Miles Davis. Esos aportes, que el bajista Roger Waters definió como “intrigantes modulaciones influidas por el jazz”, fueron los que diferenciaron a Richard Wright de otros tecladistas de la escena del rock. A diferencia de las actuaciones exuberantes que ofrecían Jon Lord en “Deep Purple” o Rick Wakeman en “Yes”, lo que hacía Wright era crear texturas casi imperceptibles sobre las que podía sostenerse la música de voces y guitarras.

Para llegar a ese punto, sin embargo, se necesitó de un estudio profundo de los instrumentos de teclado. Richard Wright fue el único de los integrantes de Pink Floyd que se retiró de la facultad de arquitectura (donde ellos se conocieron) para estudiar formalmente música. Tal vez la obra en que mejor expone lo aprendido en el London College of Music sea “Sysyphus”, del álbum Ummagumma: allí encuentra el oyente una estructura de concierto y la utilización del piano alterado a la manera del compositor John Cage.

Pero luego, disco tras disco, su estilo se fue refinando. Probó cantar y lo hizo muy bien en el tema “Echoes” del álbum Meddle, que el guitarrista David Gilmour definió como “el primer punto alto de nuestra telepatía musical”. Y así fue avanzando hacia ese toque discreto que terminó siendo su sello. Es curioso: la presencia de Wright en Pink Floyd cada vez se sentía menos y, sin embargo, ahora que se fue, sabemos que ese capítulo del rock se cierra definitivamente. Como dijo el baterista Nick Mason: “El sonido de Pink Floyd era más que la suma de guitarra, bajo y batería. Y Rick era quien tejía esas cosas juntas. Era sin duda el más discreto de la banda, y fue así desde el primer día. Casi como George Harrison: uno tendía a olvidar que hacía más que aquello por lo que recibía crédito”.

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