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“El mañana ya está escrito”

Este psicoanalista y filósofo francés publicó en 2008 un best seller con un título para espantar las buenas conciencias, Cómo hablar de libros que no se han leído... Arcadia lo encontró en Barcelona y buscó en él la respuesta.

2010/07/31

Por Lina María Aguirre

Hablar de libros sin haberlos leído es una situación en la cual cualquier persona se puede encontrar en algún momento, como protagonista o testigo. Otras lo han convertido en oficio... pensemos en reporteros afanados, profesores de literatura en ejercicio pero en estado de prejubilación, críticos en distintas etapas de su cadena evolutiva, y, claro, cocteleros con ambición de parecer muy intelectuales. Pero Pierre Bayard (1954) lleva el tema a otro nivel, lo convierte en algo sofisticado, inteligente y divertido. Lo convierte en arte.

Cómo hablar de los libros que no se han leído es el duodécimo libro de Bayard, y el primero traducido al español. Lo presentó en Barcelona el pasado noviembre, y lo primero que dijo fue que quería “defender la libertad de la lectura”. Bayard, desea invitar a la gente a implicarse, apropiarse de los textos y reinventarlos: “Incluso se pueden mejorar libros fallidos, perfeccionar caracteres, transformar las obras”. El suyo es un llamado a la lectura creativa “y sin sufrimiento”. No es una guía para quienes no leen por pereza, sino más bien una ayuda para lectores desmemoriados, como él: “Creo que sufro un mal de Alzheimer precoz, desde pequeño. Es deplorable, olvido muy fácilmente... ¿Kant?... supongo que sí, o seguramente resúmenes... ¿La Odisea? Tal vez...”. Él, confiesa, vive “en una especie de niebla”, la misma que probablemente abrumaba a Montaigne, quien afirmó que olvidaba un libro después de tres días de terminarlo y, más aún, no recordaba nada de los que él mismo había escrito.

Algo que inquieta particularmente a Bayard son “los finales mal hechos de muchos libros”, bien sea porque se terminan sin tener pruebas concluyentes o simplemente por mal escritos, como le parece que pasa a menudo en uno de sus géneros favoritos, la novela policial. Él dice haber descubierto, por ejemplo, que la mayoría de novelas de Agatha Christie tienen un fallo estructural en sus investigaciones, debido a que el legendario detective de Christie, Hércules Poirot, tiene “un delirio interpretativo que lo hace aferrarse a una idea fija y buscar al asesino que se ajuste a esta”. Le pregunto si será porque es belga, no inglés o francés: “Ah... yo no quiero enemistarme con los belgas”, responde.

Está también Sherlock Holmes, el detective de Arthur Conan Doyle, quien deja muchos “expedientes inacabados”, que Bayard se empeña en revisar. El autor también se ha visto obligado a repasar casos de asesinos clásicos, como el de Claudio en Hamlet, y ha llegado a la conclusión de que él no mató a su hermano, el padre del joven príncipe de Dinamarca. Estas nuevas pesquisas las ha recogido en una trilogía pero lamenta que “a pesar de que he demostrado la inocencia de Claudio, veo que en el teatro siguen presentando a Hamlet según la historia original de Shakespeare. No entiendo”. Aunque al autor lo apasiona la literatura anglosajona, no se siente del todo correspondido.

En su próximo libro, Bayard profundizará en su idea de que la lectura puede transformar también nuestra idea del tiempo, porque “el mañana ya está escrito”. Según él, es posible visualizar en un libro “las enfermedades, los enamoramientos que sufrirán los autores”. En este plano temporal, advierte sobre el “plagio por anticipado”: “Los autores plagian a otros autores del pasado, del presente y también del futuro, se adelantan a historias que volverán a ser contadas en años venideros”.

Bayard recuerda una anécdota de un periodista de Le Monde que también era profesor de periodismo y tenía que hacer un examen oral a un estudiante sobre el libro Tristes trópicos, de Claude Lévi-Strauss. Después de algunas preguntas, se dio cuenta de que el alumno no había hecho la tarea y le preguntó: “¿Pero usted se leyó el libro?”, a lo cual el estudiante respondió: “No personalmente”. Bayard está seguro de que muchos de sus estudiantes podrían responder lo mismo y, como a muchos de sus colegas, esto le “da mucho miedo”. Si su libro ayuda a la gente a “no tener vergüenza y leer ingeniosamente”, se sentiría satisfecho.

“Yo amo los libros y sueño con ellos”, afirma. Otra causa por la que aborda a su manera el tema literario es que proviene de un origen popular con difícil acceso a bibliotecas privadas, situación que comparte con Daniel Pennac: “Pero a diferencia de él, yo no era un mal estudiante, sentado en la última fila junto a la estufa de la calefacción. Yo estaba en la primera fila, atendiendo”. Y como nota aclaratoria: “No he leído el libro de Pennac al respecto, pero por supuesto, puedo hablar acerca de él”.

Bayard pasó de un entorno en el cual “se leía poco” a ser psicoanalista y profesor universitario con un espíritu de subvertir la noción de “libro sagrado”. No hay títulos intocables en la biblioteca del Bayard adulto, todos pueden ser sacudidos: El hombre sin atributos, de Robert Musil; Obras completas, de Paul Valéry; El nombre de la rosa, de Umberto Eco; los Ensayos, de Montaigne; El tercer hombre, de Graham Greene, El mundo es un pañuelo, de David Lodge... y hasta el intocable del canon francés: Marcel Proust, cuyas digresiones podrían resumirse, dice Bayard, en la frase “Marcel finalmente se convierte en escritor”.

Cómo hablar... no es solo un libro útil para lectores potenciales o con cargos de conciencia, también lo será para escritores, le sugiero. “No había pensado en eso... pero sí, tal vez tenga otras aplicaciones este libro, en filosofía”. Quizá no pase mucho tiempo antes de que tengamos el volumen Cómo hablar de películas que no han sido vistas. A propósito de cine, Bayard incluye una muy pertinente en su ensayo Groundhog Day (El día de la marmota), de Harold Ramis.

En una entrevista reciente, Bayard comentaba: “En realidad no quiero ser muy preciso sobre mi libro, ¡quiero que la gente lo compre!”. Así que dejaré abiertas las posibilidades para la imaginación y curiosidad de ustedes. Ahora bien, si les preguntan por el último de Bayard en algún coctel de la empresa o feria literaria, no les aconsejo que respondan “Ah, sí el de la portada con el gallo cacareando sobre una pila de libros... uno que es como Crítica literaria para dummies, ja ja”. Buen intento, sin duda, pero la obra de Bayard es mucho más elaborada que lo que el título pueda sugerir. Vale la pena dedicarle el tiempo, que no será perdido.

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