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El sabio occitano

María del Rosario Aguilar rinde homenaje a Jacques Gilard (1943-2008)

2010/07/13

Por María del Rosario Aguilar P.

De Francia y de la mano de su amigo Fabio Rodríguez ha llegado la noticia de la muerte del gran colombianista, hispanista y latinoamericanista Jacques Gilard. Había nacido en Launac, un pueblo de Occitania, en el sur de Francia, una hermosa región que marcó la historia de Occidente con la poesía de los trovadores. Nacer allí, tal vez, selló el destino literario de su vida. Pero si Occitania había marcado el comienzo de su existencia, Barranquilla significó la puerta a una literatura que lo encandeció y que desde ese momento se convirtió en su obsesión; así lo evidencian sus numerosos artículos, sus traducciones, sus compilaciones, sus ensayos. Su trayectoria como investigador y profesor la desarrolló principalmente desde la Universidad de Toulouse-Le Mirail. Allí, además de impartir sus clases, se dedicaba a dirigir el Centro de Estudios Latinoamericanos y la revista Caravelle, desde donde dio a conocer la obras de muchos escritores caribeños.

El mensaje de Fabio anunciando el “ocultamiento” de Gilard me ha hecho volver a sus trabajos, a la correspondencia que mantuvimos durante varios años con él y con Fabio a propósito del proyecto de publicar la edición crítica de la obra de Marvel Moreno, que ellos primorosa y cuidadosamente estaban preparando. De ese proyecto solo fue posible editar los Cuentos completos por las razones que el mismo Fabio, con justicia, ha comenzado a contar. Su nombre está asociado también a Silva, pues tradujo al francés De sobremesa; a Mejía Vallejo, cuya obra lo motivó a escribir coplas eróticas —como lo ha recordado ahora otro de sus amigos, Julio Olaciregui—; a Mutis, a Ramón Vinyes —el sabio catalán—; a Montserrat Ordóñez, desaparecida como él prematuramente; a Cepeda Samudio, a Ramón Bacca, a José Félix Fuenmayor y, por supuesto, a García Márquez. Fue Gilard quien buscó con fruición las columnas publicadas en El Heraldo, El Espectador y en periódicos europeos para entregar a los lectores tres espléndidos tomos en los que reveló las claves para comprender el universo de Cien años de soledad. Pero, sobre todo, su nombre está asociado sin remedio a su querida Marvel Moreno. Gracias a él, la obra de esa espléndida escritora fue conocida en Francia, en Europa y también en Colombia.

Fue sin duda un intelectual transparente, un amigo devoto y leal, un enamorado de este país, de su música popular y, sobre todo, un enamorado de Barranquilla, así dijera, macondianamente, que Barranquilla no existía. Jacques Gilard nos enseñó mucho de la condición humana y de la literatura. Era un francés, un sabio occitano, “al que Colombia nunca debe olvidar”, como dice un corrido compuesto en su honor.

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