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El secreto mejor guardado

En junio dejará su oficio como secretario permanente de la Academia Sueca así como el encargo de anunciar al mundo cada año el nombre del laureado con el Nobel de Literatura. Durante diez años ha desempeñado ese papel y, aunque los miembros guardaron bien la noticia, la decisión fue tomada en mayo de 2008, pero no se hizo pública hasta el pasado diciembre. Arcadia lo entrevistó en Estocolmo.

2010/07/30

Por Jenny Röngren

La Academia Sueca fue establecida por el rey Gustavo III para favorecer el idioma y la literatura sueca bajo la divisa “genio y gusto”. De ese edificio ubicado en el casco viejo de Estocolmo no puede salir ningún documento sobre el Premio Nobel de Literatura. Todo es secreto. En su biblioteca hay una serie especial de libros que contienen los principales candidatos al premio de literatura que se entrega desde hace 107 años cuando, en 1901, lo recibió el francés Sully Prudhomme. Sus nombres no pueden ser mencionados. Ni en público, ni por correspondencia electrónica. Si los miembros de la academia alguna vez tienen que discutir algo sobre el tema en público utilizan nombres de guerra como OP (un licor tradicional sueco) por Orhan Pamuk; Little Dorrit por Doris Lessing o Harry Potter por Harold Pinter. Justo antes de que se anunciara el premio de Jean-Marie Gustave Le Clézio, una empresa de apuestas tuvo que cerrar el juego porque, en poco tiempo, su nombre sonaba con demasiada frecuencia.

¿Sería que alguien adivinó el sentido de su apodo, Chateaubriand?

No. Es demasiado inverosímil. Como en contextos de inteligencia todos los nombres de guerra se mantienen cierto tiempo, no más. Aquí se trata de algunas semanas, en los momentos más intensos del debate. Durante este tiempo suelen mantenerse y además los utilizamos con muy poca frecuencia, solo en casos de emergencia.

¿Hay situaciones en las que le ha resultado difícil guardar el secreto?

Sí, en ciertas discusiones literarias. Como leo tanta literatura contemporánea a través del Comité Nobel tengo que exponer ese conocimiento sin que se pueda deducir inmediatamente cuáles son los escritores que más me interesan o a cuáles considero más importantes. Es muy difícil. Vivimos con ellos todo el tiempo, los conocemos muy bien. Por eso es muy tentador hacer alusiones a su obra. Nos tenemos que controlar. Antes no era así. Los secretarios permanentes escribían artículos largos sobre los candidatos. Eran ellos los que introducían a estos escritores en Suecia. Hasta los traducían. Hoy en día las cosas son mucho más estricta. Debemos callar más.

¿Por qué?

Los medios tienen mucho más poder. Están en el umbral. Intentan alcanzar nuestros secretos de cualquier manera.

¿Y la familia?

No es posible ocultarle a la esposa lo que uno lee. Sería grotesco. Hay que considerarlos parte de la conspiración.

En los primeros comentarios sobre el cambio de secretario parece que siente un alivio muy grande y su sucesor, el historiador Peter Englund, tampoco parece muy deseoso de empezar a desempeñar el cargo. ¿Pesa tanto?

Sí. El cargo como secretario permanente ha sido completamente absorbente. En su totalidad, con el trabajo interno de la Academia, dirigir su personal, participar en la administración de sus bienes y también ser portavoz hacia el exterior, es más de lo que una persona debería tener que hacer. Pero hay un problema que no se resuelve fácilmente. Los estatutos fueron escritos en 1786. Las circunstancias eran otras. El primer secretario quizás expedía algunas cartas a la semana, recibía algunas visitas. Hoy en día se exige mucho más. La Academia debería ser reorganizada, pero los estatutos son sacrosantos. Nunca han sido alterados. En consecuencia es difícil encontrar candidatos para el puesto. Naturalmente todos lo harían si la Academia lo exigiera, pero hay que estar sano y bien entrenado.

Y eligieron uno bastante joven...

Sí, en realidad el más joven. Igual que yo cuando asumí el cargo. Puede ser que siga así.

Seguirá siendo miembro de la Academia. ¿Cómo describe el poder que tiene el colectivo?

Es muy difícil decirlo. Un cargo así no se ejerce de una manera clásica por prohibición, castigo y obligación, órdenes o cosas así. Nadie tiene que preocuparse por nosotros si no quiere. Nuestro poder es que tenemos recursos para apoyar y animar, algo que hacemos en nuestro campo. Quizá también hay un poder simbólico en el nimbo que radia alrededor de la Academia, es decir, lo que representamos. Somos una especie de último tribunal del gusto y del lenguaje. Nadie revisa si es así, pero existe la concepción de que somos un bastión inexpugnable. Si todo lo demás se derrumba, si la escuela se va al diablo, si los teatros cierran, si el lenguaje se malgasta y la literatura es invadida por el exhibicionismo o las historias de detectives, a pesar de todo la Academia Sueca garantiza que toda la verdadera cultura no desaparecerá. En Suecia hemos desmontado la iglesia, el ejército y la nación. No hay autoridades reconocidas, poca farándula. Así que la Academia es uno de los pocos poderes simbólicos de nuestra sociedad.

¿Cuáles son los mayores malentendidos sobre el Premio Nobel de Literatura?

Siempre se oye el comentario “ha sido una elección política”. No he vivido ninguna elección que no haya sido comentada así. Otro malentendido común es que tenemos muy en cuenta de qué país vienen los escritores. Tenemos que ajustarnos al testamento de Nobel. No podemos premiar ni excluir por razones como nacionalidad, lenguaje, género o clase social. Es una remuneración individual que solo alude a la cualidad de escritor del laureado. Es un poco fatigoso que un premio con intención cosmopolita todo el tiempo es utilizado para nutrir orgullos nacionales, pero no podemos hacer nada. Lo que pasa es que desde mi punto de vista es tan obvio que el discurso sobre naciones muriendo para ser sustituidas por una gran humanidad es una estupidez. Las naciones no son olvidadas ni pizca. Si el premio fuese utilizado diplomáticamente sería algo completamente diferente. No me puedo imaginar cómo, pero perdería su valor bastante rápido.

Usted ha lamentado que mujeres como Anna Ajmátova, Virginia Woolf y Elsa Morante no hayan ganado el premio. ¿Cómo ve la tendencia hoy en día en cuanto al género?

El período más oscuro para mujeres candidatas no fue al principio, como muchos piensan. Los viejos, señores conservadores que estaban aquí en los años 1920 y 1930 se interesaban mucho más por las obras literarias de mujeres que la generación que vino después, los modernistas. Parece que ni siquiera miraban a las mujeres. Entre los años 1946 y 1991 solamente una mujer fue premiada, el premio compartido de Nelly Sachs. Es casi incomprensible, es algo que exige que alguien escriba sobre esto y trate de explicar cómo fue posible.

Su nombramiento como miembro de la Academia en 1997 fue algo que causó ruido. Personas conservadoras lo creían revolucionario en su postmodernismo y cuando poco después fue nombrado secretario se esperaban grandes cambios. ¿Cómo ha sido transformado por este papel?

En cada pregunta esencial la decisión se toma por votación y cada miembro tiene un voto. El secretario también tiene un voto. Eso significa que las decisiones en máximo grado manifiestan la voluntad de la Academia entera. Por lo tanto los cambios ocurren gradualmente. Hacia afuera fui convertido de rebelde en una autoridad que lleva consigo otro tipo de crítica. Para mí ha sido muy extraño. No me veo muy conservador. Mi aspiración en la Academia nunca ha sido excluir los nuevos tiempos, en lo absoluto. Es difícil de explicar. Finalmente uno se conforma, y juega el papel que está libre de alguna manera. Ahora espero recuperar mi identidad original.

La dura actitud que a menudo se ha dirigido en su contra no puede haber sido agradable. Como escritor, ¿ha obtenido algún beneficio de esa experiencia?

Asiento en lo de que es una experiencia. He sido parte de la Suecia oficial, me he podido relacionar de una manera igualitaria con miembros del gobierno y con altos dignatarios. Se me han abierto todas las puertas. Uno aprende a discernir modelos de comportamiento en el juego del poder que en caso contrario no habría descubierto. No es una vivencia completamente agradable. Claro que esto me ha enseñado algo sobre el ser humano y la sociedad que no conocía antes. La política me interesa mucho más que antes, cuando tenía una postura casi apolítica. Ahora comprendo que una actitud así es ajena a la realidad.

¿Cuál fue el momento en el que más gozó al anunciar el Premio Nobel de Literatura?

Siempre es un momento feliz. Quizás especialmente la primera vez, el estreno. Me acuerdo de la sensación cuando ensayé la explicación de motivos de la elección en 1999, cuando Günter Grass recibió el premio. Estaba muy nervioso y no podía imaginar qué me traería el enfrentamiento con todos los tiburones, pero me fue bien. Uno lleva consigo algo que todo el mundo quiere saber y que va a traer entusiasmo. Una situación ideal, simple y llanamente.

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