Juana Pabla Pérez Tejedor se destacó en su labor como etnilingüista.

La guardiana de las palabras

Juana Pabla Pérez Tejedor. San Basilio de Palenque, 1974 – Bogotá, 2010.

2010/12/15

Por Tadeo Martínez

De San Basilio de Palenque, esa empalizada perdida en las estribaciones de Los Montes de María, han salido folcloristas, el más grande campeón mundial en la historia del boxeo colombiano, el actor Evaristo Márquez y la etnolingüista Juana Pabla Pérez Tejedor, muerta prematuramente, de un súbito paro cardiaco, el pasado 16 de noviembre en Bogotá.

 

Nacida en Palenque y criada en Barranquilla en el barrio Me Quejo, donde viven aún su madre y su hermano, Juana Pabla estudió el bachillerato en el Instituto Pestalozzi y se matriculó a comienzos de los 90 en la facultad de Lenguas en la Universidad del Atlántico. Su maestra y amiga, María Trillos, la recuerda desde el primer día de clases y dice que es muy difícil volver a encontrar a alguien como ella. Su muerte, dice, no solo ha producido un enorme dolor entre sus familiares, amigos y compañeros de trabajo, sino una frustración incalculable porque se había dedicado a recuperar la cultura de su pueblo, y había hecho extensas investigaciones sobre su lengua y sus tradiciones. Perteneció a una generación de estudiantes que asimiló la inquietud de la maestra Trillos, quien les inculcó la necesidad de trabajar con los pueblos vulnerables, como los indígenas y los afrodescendientes.

 

Al concluir sus estudios de pregrado en la Universidad del Atlántico fue postulada para estudiar la maestría en etnolingüismo en la Universidad de los Andes. La maestra Trillos la había seducido para que se dedicara a investigar las lenguas de ascendencia africana como la palenquera y el creole de San Andrés. Estudió becada en los Andes y al término de sus estudios regresó a su alma máter a dictar las clases en las materias de etnolingüismo, morfología y sintaxis. Durante cinco años fue profesora, y al mismo tiempo fue presentada por la universidad como joven investigadora ante Colciencias, ganándose un proyecto de investigación sobre Palenque, del cual resultó un trabajo publicado por la Universidad de los Andes con el nombre El criollo de Palenque de San Basilio: una visión estructural de su lengua.

 

No fue su único trabajo. Con sus compañeros de universidad realizó investigaciones sobre los Chimila, en el valle del Ariguaní, y las etnias de la Sierra Nevada. Desde hace tres años y bajo la dirección de Jon Landaburu, el creador de la maestría de Etnolingüística en la Universidad de los Andes, se fue a trabajar al Ministerio de Cultura donde se creó un grupo para hacer un estudio del estado de las lenguas indígenas y criollas de Colombia. Ese grupo desarrolló el diagnóstico de quince lenguas, el estado de conservación y las condiciones sociales en que se desarrollan. El grupo orientado por el profesor Landaburu asesoró a la Ministra de Cultura en la elaboración del proyecto Protección de Lenguas Nativas, aprobado por el Congreso en la legislatura de 2009.

 

Juan Pabla elaboró en su corta vida un código oral de sus ancestros, los palenqueros, que a pesar de las arremetidas propias y foráneas, conservaron sus estructuras lingüísticas en aspectos fonológicos, gramaticales y expresivos. Su compañera de estudios, Zillah Paternina, dice que aunque Juana no aprendió el palenquero en su casa paterna —en la mayoría de las familias era prohibido porque les parecía inconveniente y mal visto—, a lo largo de sus estudios no solo lo aprendió sino que llegó a dominarlo como pocos.

 

En una ocasión, al responder sobre los estudios realizados sobre la lengua materna, dijo: “Me dediqué a estudiar la lengua palenquera porque sentí que iba a desaparecer en muy corto tiempo, y pensaba que de pronto mi actividad podía en alguna forma ayudar a recuperarla. Todavía no siento que mi actividad en alguna forma haya impactado en la comunidad. La gente de mi agrupación conoce mi vocación, y cuando me ven me dicen: ‘a ti sí que te gusta estar grabando de la gente cosas que ya tú sabes’. Pero en realidad lo que quiero es realizar un proyecto que tenga impacto en el sector educativo, y que de alguna manera contribuya a que los niños y jóvenes hablen con gusto y orgullo la lengua palenquera, lo cual me permitiría dejar de grabar a tantos viejos y grabar a más jóvenes”.

 

La vida de Juana Pabla no fue fácil, su madre hacía bollos de angelito y de maíz para vender en las calles de Barranquilla. Ella y su hermano viven en el barrio Me Quejo, al suroccidente de la ciudad, en una comunidad de personas que llegaron de Palenque y otras regiones de la costa en busca de oportunidades. Ninguna de las dificultades económicas o las barreras sociales y culturales fueron obstáculos para seguir adelante. Su rasgo principal, en lo que coinciden su maestra María Trillos y su compañera de estudios Cilla Paternin, era su perseverancia. Pero no era el único. Era inteligente, reservada, muy prudente, emprendedora, generosa y orgullosa de su origen palenquero.

 

Para mí, dice Cilla, “es un ícono de la perserverancia. Cuando terminó sus estudios universitarios y se ganó la beca para estudiar la maestría en los Andes, sus padres le dijeron que se fuera, pero que ellos no podían ofrecerle más”. Se fue a Bogotá con dos compañeras más que también entraron a la maestría, pero de las tres sólo terminó Juana Pabla, quien vivía donde unos familiares, tan lejos de la universidad, que se levantaba a las tres de la madrugada para poder llegar al centro de Bogotá a las ocho de la mañana”.

 

Con sus compañeros de la Universidad del Atlántico y el Círculo de Estudios Lingüísticos de esta universidad, en compañía de la maestra Trillos, elaboraron un currículo para las escuelas palenqueras. Es un proyecto que está destinado a las instituciones etnoeducativas de Palenque que respondiera a las realidades y necesidades del pueblo. Una de las características es el tratamiento de la lengua palenquera como primera lengua y el español como segunda, un currículo bilingüe e intercultural que busca fortalecer al pueblo palenquero. También trabajaron con el Ministerio de Educación en la construcción de un modelo etnoeducativo de los pueblos Wayúu y Ette Ennaka (la propia gente) (los Chimilas), en el valle del río Ariguaní.

 

El profesor Landaburu la elogiaba porque decía que era una mujer que nunca decía que no. Se le medía a cualquier proyecto de investigación. Al morir, Juana estaba trabajando con el Ministerio de Cultura en las dos líneas que le gustaban: la investigación sobre el palenquero y la etnoeducación, la construcción de una historia de vida que respondiera a las necesidades para fortalecer la cultura palenquera.

 

Juana Pabla era la más joven de los 50 etnolingüistas que hay en el país. Su visión era la idea de Palenque como parte de esta nación compuesta por muchas nacionalidades, las amerindias y las de los africanos. Hoy no solo le sobreviven su madre y su hermano, le deja a su pueblo y a su cultura palenquera uno de los estudios más completos sobre su lengua y su cultura, un legado que todavía no se aprecia o se aprecia solo en círculos académicos o especializados.

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