La ministra de Cultura, Mariana Garcés. Foto Aymer Álvarez.

La ministra responde

Tras siete meses en el cargo, la ministra de Cultura Mariana Garcés habla de su gestión, sus programas y proyectos para el sector cultural. Y aprovecha para responder una que otra puya recibida en medios.

2011/03/30

Por Marianne Ponsford

No es ninguna pera en dulce la ministra. Es más bien una mujer templada y seria, con vocación de mando y una estricta claridad sobre lo que quiere hacer desde su cargo. No se maquilla, y su pelo se seca al natural. No se emperifolla. Viste, para esta entrevista, un sencillo pantalón negro y una blusa correcta, sin arandelas, sin joyas, sin aspavientos. Usa un lenguaje técnico, muy alejado de la vieja idea romántica que heredamos de Francia de lo que debe ser un ministro de Cultura. No, no se parece a André Malraux, no se da ínfulas intelectuales, pero tampoco a Esperanza Aguirre, la ex ministra de Cultura española que reconoció con humildad no haber leído nunca a esa escritora llamada Sara Mago.

 

Mariana Garcés lleva treinta años en la gestión cultural pública. Parece acostumbrada a cargar con responsabilidades burocráticas enormes y no tiene una visión paternalista del sector cultural. Y no se amedrenta. Si le reducen el presupuesto, como efectivamente ocurrió, va al Ministerio de Hacienda y pone los puntos sobre las íes: ¿eran sólo palabras o quieren acciones? (Y salió de allí con el presupuesto aumentado). Parece saber bien en qué país vive. Concibe su ministerio como un gran facilitador de la actividad cultural, cuyos contenidos no deben ser propuestos desde el Estado, sino por los ciudadanos, por los artistas, por los creadores. Le ha aumentado el presupuesto de funcionamiento al Instituto Caro y Cuervo y al Instituto de Antropología, entre otros. Y es enfática al repetir que las cosas se tienen que hacer bien, aunque tomen su tiempo y en cuanto a la necesidad de políticas claras. Es también una defensora acérrima de los procesos, que no suelen tener visibilidad mediática. Trabaja en un proyecto de enseñanza musical con Venezuela, y parece importarle muchísimo la educación musical.

 

Pero hereda un ministerio al que su anterior ministra, Paula Marcela Moreno, le dio una enorme presencia mediática. El gran Concierto Nacional del 20 de julio, el año del Bicentenario, y la tarea de visibilización de las minorías étnicas fueron éxitos contundentes de su predecesora. Así, tras siete meses en su cargo, ya han empezado las críticas. ¿Dónde está la ministra?, ¿qué está haciendo? “La ministra de Cultura hasta ahora se ha dedicado a dejar muy en claro que ella es distinta de su antecesora, pero todavía no sabemos muy bien por qué”, dijo María Isabel Rueda en su columna de El Tiempo.

 

¿Qué le contestaría a María Isabel Rueda?

No tengo ni alejamientos ni acercamientos con María Isabel Rueda. Esa es su percepción, pero el problema es cómo agenda ella eso. Se tiene que sentir muy satisfecha, es una columna muy leída: la retoma Julio en La W y la retoma Portafolio, y empieza a tener eco, independientemente de su contenido. Entonces uno tiene que aprender que hay periodistas que son cajas de resonancia, independientemente del contenido de la columna, y de que hayan o no investigado. También le diría que ella nunca se ha acercado a este ministerio para saber cuáles son las apuestas. Que a todo aquel que se acerque, le contestamos. No soy enemiga de los medios, contesto cuando me preguntan. Probablemente tampoco ha entrado a la página web del Ministerio. Allí están las siete líneas estratégicas, los planes de acción que hemos planteado desde este Gobierno. Si ella se hubiera acercado, probablemente habría encontrado las respuestas que buscaba.

 

Pero un ministro también debe saber comunicar a los medios...

 

Nosotros no queremos estar en todas partes. Sobre la mesa está la idea de que uno debe buscar al periodista. Puedo tender a pensar que también debe haber comunicación de aquí para allá, pero si alguien está interesado, lo lógico es que se acerque antes de opinar. Sí creo que no es necesario en los medios light. No tengo la verdad revelada, pero la apuesta de este ministerio es ocupar las páginas de opinión. Es estar donde tenemos que estar. No va a ser fácil. Es cierto que no tengo visibilidad, pero es que no todo suma. No todo vale. Y también me parece muy importante estar en los medios especializados, aunque lleguen a un sector reducido de la población.

 

¿Debe ser un ministro de Cultura un buen político?

El quehacer de un ministro implica acciones políticas: debe hacer que los grandes debates lleguen al congreso, que sean públicos. Lo que a mí me interesa es cualificar el debate. Me interesa poner en la agenda temas como la distribución, la circulación y el precio de los libros en el país. Que no nos quedemos en la superficialidad del evento. Los eventos son importantes sólo si son el resultado de un proceso. Si no hay proceso no debe existir el evento. El evento debe tener la condición de reunir a un grupo de gente, miradas distintas, solo así cobra importancia.

 

Parece haber una crítica tácita a su antecesora, quien sí llevó cabo muchos grandes eventos.

 

No podría decir que el de Paula era un ministerio dedicado a eventos. La ministra Paula sí logró procesos, pero lo mediático sin duda fueron los eventos. Sobre el Gran Concierto Nacional, tengo para decir que el hecho de que los artistas tengan visibilidad sí es importante. Ahora bien, en qué contexto, eso lo que a mí me interesa, y no creo que el 20 de julio sea la fecha ideal. Vamos a hacer solo un concierto ese día, en homenaje a la afro descendencia. El espacio está ganado, y queremos reconocer a tres mujeres que le han dedicado la vida a la música: la Negra Grande, Totó y Petrona Martínez.

 

¿A qué se refiere exactamente cuando habla de procesos?

Le pongo un ejemplo. En cultura no todo pueden ser números. Se dice que hay 628 escuelas de música en el país. Han aumentado en un tanto por ciento. Parece una buena noticia para los medios, pero yo pregunto: ¿Qué música tocan esos niños? ¿Cuáles son los estándares de calidad de la enseñanza musical? ¿Cuántas horas practican? Mi posición es no crear nuevos centros hasta no tener esos en los niveles de calidad que queremos para los que ya existen. Claro, eso no aumenta las cifras y probablemente a nadie le interesa decir “esos niños tocan mejor”. Pero a mí sí.

 

Uno de los planes de su agenda es la estimulación en la primera infancia. Comprendo que forma parte de la agenda del Gobierno, pero ¿no le toca eso al Ministerio de Educación? ¿Se lo pidió el Presidente?

No. Se lo pedí yo a él. Yo creo que es este Ministerio el que debe decir cuál es el papel del libro en la educación de la primera infancia. En Inglaterra una mujer tiene un hijo y ese mismo día llega una persona de la biblioteca pública para entregarle un kit de libros para que esa mamá aprenda primero sobre el cuidado del bebé y segundo sobre como estimularlo, para que le empiece a leer desde el primer día de su vida. El Ministerio de Educación puede estar en la acción de llegar a esa madre, pero el Ministerio de Cultura debe estar en las políticas que determinan los contenidos de esos libros. En Colombia se trabaja de manera muy compartimentada. Yo creo que deberíamos trabajar más en conjunto, en este caso con Educación y con el ICBF.

 

Hablando de libros, usted ha creado la Oficina del Libro. ¿Qué papel puede cumplir que no cumpla ya la Biblioteca Nacional?

La Biblioteca tiene dos grandes tareas: una misión patrimonial, de digitalización de su acervo. Y por otra parte, el Plan Nacional de Lectura, para el cual se está gestionando una donación de la Fundación Bill Gates. Es necesario ponernos al día en el lenguaje digital. Pero a mí me interesaba tener una persona pensando en el tema del libro, articulada con las demás instancias pero con una misión muy específica: el de la circulación de los libros; el tema del precio del libro, por ejemplo. Tenemos una Ley del libro desde hace muchos años. Claro que es muy importante, pero yo quiero saber si esa ley ha impactado al consumidor final. Porque es importante decirle a la gente que lea, a los niños, pero es igual de importante poder acceder al libro. El 70% de los niños no tienen una biblioteca en su casa. No podemos pretender que la gente deje de comprar carne para poder comprar un libro. Esa oficina es fundamental para poder tener un acercamiento con los editores, para analizar la cadena y ver cuál es la mejor manera de que los libros sean accesibles. Discutir el precio de los libros. Mejorar la manera cómo el Estado compra los libros. En México el Estado compra muchísimos más libros que en Colombia. Tenemos que hacer eso posible aquí. Además, desde esa oficina tendremos una política de estímulo a las traducciones. Los escritores colombianos deben ser más traducidos a otros idiomas. Esos son los temas de esa oficina.

 

¿Pero usted cree que el Estado debe apoyar económicamente a los escritores? Las grandes novelas nunca se han escrito con el apoyo de un Estado...

 

Este ministerio tiene un premio literario que rota, cada año, entre novela, cuento y poesía. Este año le toca a la novela. Pero no creo que ese premio tenga el peso que debería tener. Existen muchos premios literarios en el panorama editorial: El Rómulo Gallegos, el de Alfaguara, Planeta y Norma. Creo que el presupuesto del premio del Ministerio es demasiado pequeño para competir. Pero independientemente de eso, sí creo que cuando se puede, siempre hay que estimular los procesos creativos. Incentivar siempre será algo bueno.

 

¿Entonces no cambiará la política de estímulos?

Hay dos cosas diferentes. Una es Estímulos y otra el programa nacional de Concertación, que tiene un presupuesto de funcionamiento de 30 mil millones y que va directamente a las regiones. Con las limitaciones de presupuesto, prefiero dar más recursos a menos proyectos.

 

¿Y cómo deciden eso?

Tenemos auditorias de expertos. Las evaluaciones evitan las asignaciones a dedo, y hacen más democrático el proceso. Si algo no está bien evaluado, se queda sin recursos. Y al que le va bien, debe aumentar.

 

¿Qué salió mal evaluado en la última auditoria?

El festival de Cine de Bogotá, por ejemplo. Y por eso no tendrá más recursos de parte nuestra por el momento.

 

En el campo del teatro, la coordinación lleva más de un año sin doliente.

 

Créame que no es fácil competir con el sector privado para poder traer gente buena. Pero yo prefiero demorarme un poco y que las cosas se hagan bien. Tener la mejor gente. Es un proceso largo convencer a alguien de que venga, si los incentivos económicos no son competitivos. Y al final, hay buenas noticias: viene Manuel José Álvarez, y el presupuesto del sector de teatro sube de mil a cuatro mil millones.

 

El Salón Nacional parece cambiar cada año y es muy enredado conceptualmente...

 

Sé que el Salón ha sido criticado. Pero si el Ministerio no hace el Salón, con sus salones regionales, ¿quién lo haría? Hay que hacerlo. Pero la política debe ir más dirigida a facilitar espacios, y que el contenido lo hagan los artistas.

 

Uno tiene la sensación de que las direcciones del Ministerio, cine, artes, patrimonio, son las mismas que había en Colcultura. Como si la cultura fuera siempre lo mismo de hace cien años. Qué hay para las nuevas tecnologías, para el diseño gráfico, para los cómics, lo que hacen los jóvenes. ¿Cómo abordar lo nuevo?

 

Sí hemos insistido mucho en una política para jóvenes. O por lo menos que en cada una de las direcciones que ya existen, ellos estén presentes. En nuevas tecnologías, trabajo en una relación muy cercana con Diego Molano, ministro de las TICs. Y ya hemos acordado que en los próximos cuatro años habrá setecientos nuevos puntos de conectividad a Internet en las regiones apartadas. Pero Internet como hay en su casa o en la mía, que funcione con la velocidad que tiene que funcionar. Y todo el Plan de Lectura pasa por la red. Tanto en conectividad como en desarrollo de contenidos. La apuesta es que Mineducación decide cuáles son las habilidades que un niño debe tener a determinada edad, y nosotros creemos que podemos complementar el desarrollo de esas habilidades a través de planes de la lectura y escritura.

 

¿Y cómo ve el proyecto de la ampliación del Museo Nacional?

En una reunión interna, pedí que me explicaran cuál era la narrativa actual, el concepto museográfico que querían proponer. No tenemos nada en contra ni a favor. No sé si antes era mejor o peor, pero sé que antes, uno entraba al Museo Nacional y había una narrativa, me contaban una historia. Y los museos patrimoniales deben tener esa función. ¿Cuál es la nueva apuesta? La sala Fundadores se cambió para exposiciones temporales... Pero para las apuestas de los artistas hay muchos otros espacios. El Museo Nacional debe por lo menos dar un gran debate entre expertos y especialistas.

 

Ya lo han hecho, ministra.

 

No. Cristina Lleras ha hecho exposiciones temporales en la Sala Fundadores, que antes era para exhibir lo que el museo tiene. Hay que tener un debate sobre el tema. Están miradas como la Beatriz González y miradas como la de Cristina Lleras. Además, es curioso que hoy no compartan posiciones porque una fue alumna de la otra. Ahora bien, claro que necesita una ampliación. En este momento estamos trabajando en un proyecto con el Ministerio de Hacienda para ver si es posible o no. Pero muchos museos patrimoniales en otros países optan por construir su segunda sede en otra parte de la ciudad. El Museo tiene como primera opción ampliarse allí mismo. Vamos a ver si lo logramos pero si no lo logramos, hay que acabar el debate; no podemos seguir durante treinta años con los mismos debates.

 

Tras la tragedia invernal, este Ministerio comenzó el programa “Tu tiempo es mi tiempo”, que llevaba a voluntarios a leerle a los niños. Debo confesarle que me pareció más un acto caritativo que un programa cultural.

 

No estoy de acuerdo. En un albergue deben convivir familias de manera forzada, hay hacinamiento, los niños no tienen nada que hacer. Eso genera unas tensiones al interior de las comunidades. La experiencia de países que han tenido tragedias similares enseña que llegar con actividades culturales, tener momentos de compartir otras cosas, lectura y esparcimiento, baja las tensiones.

 

¿La cultura como herramienta terapéutica?

Sí. Todo lo que una haga en el momento de una catástrofe de esa magnitud es fundamental. Y no todo lo que se necesita en el momento de una tragedia es plata. Lo más preciado que tiene la gente es el tiempo. Trabajamos con promotores de lectura, bibliotecarios. Esos niños cuentan las historias que les han leído, generan otro diálogo con sus padres, con su comunidad. No fue un proyecto de un día. Es un proyecto temporal que durará lo que tenga que durar mientras existan los albergues. Es, al fin y al cabo, una apuesta por la vida. Si usted está dispuesto a pasar una tarde leyéndole a un niño que está en un albergue, alejado de su casa, de su pueblo, que no tiene nada que hacer, el que ese niño pueda tener acceso a libros, a alguien que le lea un cuento y avive su imaginación, ¿no le parece a usted eso importante?

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