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La pornógrafa que se dedicó a hacer libros de arte

Desde septiembre, The Big Penis Book, el libro más vendido de Taschen de los últimos años, está en las librerías colombianas. Una muy particular propuesta editorial: mezcla de pornografía, arte e investigación sociológica. Arcadia habló con su editora en Los Ángeles.

2010/07/02

Por María Alejandra Pautassi

Cuando a Dian Hanson se le ocurrió hacer un libro dedicado exclusivamente a mostrar penes —una colección de los más grandes que jamás se hubieran fotografiado—, nadie en las oficinas de Taschen dio un peso por su idea. “Muchos de los que vieron las fotografías para este libro gritaban aterrados que no dejarían que algo así se les acercara”, cuenta la editora que sacó de una quiebra histórica a Show Legs, una de las revistas pornográficas más vendidas en el mundo en los noventa, y la encargada hoy de la colección erótica de Taschen. El tiempo, sin embrago, le daría la razón. A mediados del 2008, después de recorrer durante dos años Estados Unidos buscando los más importantes fotógrafos y modelos de los setenta y ochenta, de desentrañar sus oscuras historias de droga, sexo y rock and roll, Hanson publicó The Big Penis Book, el mayor éxito de ventas que haya tenido Taschen en los últimos años. Un libro de tal impacto que tres meses antes de salir al mercado en Estados Unidos y Europa ya era el más vendido en la sección de fotografía erótica de Amazon y que en solo seis meses de estar en librerías sobrepasó en ventas a su antecesor, el también best seller The Big Book of Breasts. The Big Penis Book, que reúne más de 400 fotografías de hombres con penes descomunales, narra además la historia de la revolución gay de los setenta y de los hombres que muchas veces pusieron su vida en riesgo por hacer lo que más le gustaba: publicar desnudos masculinos.

¿De dónde salió la idea de hacer The Big Penis Book?

Hace un par de años había hecho The Big Book of Breasts, y tuvo tanto éxito —fue un libro que inmediatamente se convirtió en best seller— que Benedict Taschen dijo que teníamos que hacer más libros por el estilo. Todo el mundo creyó que yo iba a hacer un libro sobre nalgas, culos, pero yo sabía que solo había otra parte del cuerpo humano que tenía el mismo poder erótico de unas tetas grandes. Un pene grande. Cuando le sugerí a Benedict hacer este libro al principio se sorprendió y después dijo: “Sí, está bien, hagámoslo”. Los de comercial, en cambio, se quedaron boquiabiertos y dijeron: “¡No, no hagas eso, no habrá forma de que lo podamos vender!”.

¿Por qué cree que reaccionaron así?

Creían que era un libro demasiado extremo, que las librerías no lo iban a aceptar, que sería un libro agresivo para el público. Me dijeron lo de siempre, que a las mujeres no les interesa ver penes. Y yo pensé, “sí, claro, esperen y verán. Esperen y verán. Todos los gays van a querer tener este libro y van a ver que las mujeres también lo van a comprar”. Es un libro que se compra bien sea para regalárselo a los amigos y escandalizarlos o para llevarlo a la casa y poner incómodos a los esposos.

Muchos de los fotógrafos que entrevistó tienen historias oscuras, vienen del mundo de la prostitución y del mundo gay. ¿Fue muy difícil encontrarlos y hacerlos hablar?

Empecé a investigar a principios del 2007, a lo mejor a finales del 2006. Yo ya conocía a algunos fotógrafos que trabajaban en revistas gays —ya sabía cuáles quería incluir—, y contacté a ciertas fuentes gays que sabía podían darme información. Lo que sí me llevó mucho tiempo fue rastrear a ciertas personas que todos creían muertas. La mayoría de ellos habían quedado en el olvido, estaban viviendo en la absoluta pobreza y estaban muy felices de que alguien les pusiera atención. Estaban felices de hablar. Al principio sospechaban, pero después de hablarles sobre mi trabajo se involucraron bastante.

¿Cuando empezó a investigar esperaba encontrar este tipo de historias?

Esperaba algunas historias oscuras. Ya había oído hablar de modelos que habían atracado y asesinado a los fotógrafos y quería hablar con ellos, pero la mayoría se habían dispersado o estaban muertos —el sida cobró su precio de una manera terrible en este medio—. También sabía que entrevistar a los fotógrafos de hombres iba a ser distinto a entrevistar a fotógrafos de mujeres. Las modelos no atracan a mano armada, nadie terminaba en el piso a punta de puños, a nadie le prenden fuego. Es un negocio bastante seguro. En cambio, los hombres que hacían fotografías de otros hombres ponían su vida en riesgo. En los años veinte salían a la calle —no había agencias de modelaje en ese entonces—, se le acercaban a un extraño y le pedían que se dejara fotografiar. Ponían su vida en riesgo y, sin embargo, seguían trabajando no por la plata sino porque esa era su pasión. Los fotógrafos de hombres por lo general tenían relaciones sexuales con sus modelos. En los setenta todo se transgredía, los límites se borraron. El trabajo de estos fotógrafos era un arte y un estilo de vida al mismo tiempo.

¿Considera que estas fotografías son arte?

La gente siempre se pregunta cuál es la diferencia entre arte y pornografía y la definición más común es que pornografía es todo lo que se hace con la intención de excitar. Yo misma usaba esa definición. Pero incluso las personas que hacen fotografías con esta intención pueden hacer arte por accidente. El tema es de luz, composición, de cómo se relaciona el modelo con la cámara. Siempre he creído que puedo encontrar el lado artístico en el archivo de un pornógrafo si me dejan mirar cada una de sus fotografías. Por eso, este libro es una combinación. Es pornografía, es arte y, lo más importante, un estudio sociológico. Siempre usé mis revistas masculinas como un laboratorio para estudiar la sexualidad humana. Este es un libro que en la superficie parece ser una colección de penes grandes, pero en el fondo es un libro sobre el mundo de los prostitutos de los años setenta y los fotógrafos que los cortejaban. Un mundo oscuro y turbulento que nunca ha sido realmente contado.

Algunas de las fotografías que aparecen en el libro son de su archivo personal. ¿Siempre ha sido coleccionista?

Bueno, siempre he trabajado en publicaciones para hombres —ya llevo 30 años en el negocio— y siempre guardé las revistas interesantes que me cruzaba. Así que... sí. Durante los años que hice revistas pornográficas, la gente siempre me mandó fotografías. Todo tipo de fotografías, hombres desnudos, mujeres desnudas, hombres vestidos de mujer, hombres con botellas de vino metidas en el culo, hombres que habían escrito mi nombre en su pene, hombres con mujeres paradas encima de cuyos tacones chorreaba sangre, todo tipo de cosas. Y me encantaba recibirlas.

¿Por qué cree que mostrar en una revista un pene todavía es tabú, especialmente uno erecto?

Porque los que controlan los medios de comunicación son hombres heterosexuales y ellos no quieren ver un pene que sea más grande que el suyo y, tal vez, porque no quieren ver un pene y sentir algo en el suyo propio y tener que enfrentar su homosexualidad. También quieren evitar que las mujeres los vean. Al pene lo han bajado de su lugar y, de manera muy particular, debo decir el pene negro, el arma más temida por el hombre blanco que no quiere que ese pene negro se muestre demasiado. Fui muy cuidadosa al hacer un balance étnico en este libro. De hecho, solo un tercio de las fotografías son de hombres negros. El resto son hombres blancos y latinos.

¿Qué tabú rompe este libro?

En realidad no estoy tratando de romper nada. No estoy tratando de acabar ningún tabú. Hace mucho que superé eso. Los tabúes se pueden quedar donde están, a la gente le gustan sus tabúes. En realidad mi único interés era hacer un libro que fuera divertido de hacer —la misma razón por la que me metí en este negocio, a decir verdad.

Este libro cubre la época de la revolución sexual de los setenta y ochenta, usted misma empezó a trabajar en esa época, ¿han cambiado las cosas desde entonces?

Desde los años setenta se han roto muchos tabúes. Hace poco, una tía me mandó una carta que mi mamá escribió en 1971 donde decía lo atrevida que yo era por haberme ido a vivir con mi novio y cómo toda la familia estaba escandalizada. Hoy nadie se escandaliza de que una mujer soltera tenga un hijo. Ahora en las calles vemos muchos cuerpos desnudos, de mujeres tanto como de hombres, que antes la gente solo atrevía a mostrar en la intimidad.

Pero usted misma ha visto las reacciones de hombres y mujeres ante su libro y no son neutrales...

 No, para nada neutrales. Mostrar un pene grande es el último y aterrador límite sexual que no hemos atravesado.

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