Periodismo y Crónica

Libros de Alfredo Molano y Felipe Retrepo, y ttraducciones de obras de Norman Mailer y Paul Auster hacen parte de las novedades de este apartado de no-ficción.

2013/04/15

Por Revista Arcadia

Un año sangriento

Andrés Felipe Solano* Escritor

Miami y el sitio de Chicago, Norman Mailer. Capitán Swing.

“Le dije que estaba allí para cubrir la convención para la revista Harper’s y me di cuenta de que no quería involucrarme porque si lo hacía me iban a arrestar y entonces no podría acabar mi artículo a tiempo para el cierre. Estaba realmente consciente de que no podía ser arrestado y así perder tres, cuatro o cinco días de los dieciocho que tenía para escribir mi crónica. Sabía que iba a ser una crónica larga”. Pero, ¿qué es una crónica larga para Norman Mailer, aquel testigo citado durante el juicio a los siete hombres que fueron acusados de incitar a los disturbios de Chicago a finales de los años sesenta durante la convención demócrata para elegir el candidato a la presidencia de los Estados Unidos? En la edición de Capitán Swing el artículo se lleva nada más y nada menos que ciento setenta páginas. Un mes antes de escribir sobre cachiporras con rastros de cuero cabelludo y vitrinas destruidas, el escritor norteamericano lo había hecho con la convención republicana que eligió a Richard Nixon en Miami y que también está presente en este libro.

Mailer tenía especial predilección por estos shows preelectorales. Solo con su fortaleza de búfalo y la adrenalina a tope, pudo haber escrito dos obras maestras del periodismo en tan poco tiempo y con tanta lucidez. La muestra de su inteligencia para confeccionar sólidos artefactos puede apreciarse en las escenas escogidas para abrir cada pieza.

La crónica sobre el sitio de Chicago arranca con una descripción minuciosa del matadero de la ciudad donde horas más tarde tendrá lugar el choque entre policía y manifestantes en agosto de 1968, un año especialmente sangriento para Estados Unidos (Martin Luther King y Robert Kennedy habían sido asesinados meses antes y la guerra de Vietnam estaba en su punto más cruento). Por su parte la crónica de Miami empieza hablando de la podredumbre tropical que ha surgido en la ciudad en medio de un verano extremadamente caluroso. Una situación perfecta para que Mailer hable justo después de cómo fue elegido Nixon, el más turbio entre los turbios, y deje claro, como si hiciera falta, por qué desde aquel tiempo empezó a hacer parte del Olimpo del periodismo literario norteamericano.

Tierra, oro y lucha

César Paredes* Periodista

Dignidad campesina, Alfredo Molano Bravo. Ícono.

Dice la gran minería: “No vinimos a ver, vinimos a quedarnos”. Responde la comunidad: “Tendrán que matarnos…”. La escena es la síntesis de los siete reportajes sobre la supervivencia campesina enclavada justo en la trayectoria por donde pasan los rieles de la locomotora minera, recogidos en el libro Dignidad campesina, de Alfredo Molano. En tiempos en que las multinacionales abren sus fauces para encontrar en los resquicios de la tierra los recursos naturales, el sociólogo revela la cara sufriente de los colonos enfrentados a los señores del petróleo, el oro y la palma.

Molano actualiza el estado de esa pelea de tigre con burro amarrado. Se adentra en el Macizo Colombiano, la gran fábrica de agua del país, donde una minera multinacional ha urdido una estrategia para buscar oro, mientras indígenas y campesinos se resisten a abandonar sus territorios. El lector pasa por Marmato, donde la Medoro Resources intenta trasplantar un pueblo entero para explotar a cielo abierto la montaña; por Caramanta, donde de la noche a la mañana aparecieron nuevos dueños de la tierra para cambiarle su vocación productiva; por el Catatumbo, escenario del círculo vicioso del despojo y de la producción de biocombustibles. Luego, el lector llegará a Puerto Gaitán, una región perdida en los Llanos que se convirtió en la meca del oro negro y epicentro de inversionistas, pero también de un conflicto social por cuenta de las condiciones laborales de los obreros, la permanente presencia de grupos ilegales y el maltrato ambiental de tierras y ríos.

A lo largo del libro subyace una ética de la economía campesina. Reitera la tesis de que la economía del sancocho (cultivos de pancoger) es mucho más respetuosa de la biodiversidad y armoniza las relaciones entre vecinos. Una pieza clave para quienes auscultan las raíces del problema del acceso a la tierra en Colombia.

El cronista y los excéntricos

Nunca es fácil ser una celebridad, Felipe Restrepo. Planeta.

Los dieciséis perfiles que componen este nuevo libro del editor cultural y periodista Felipe Restrepo, son una muestra de cómo y por qué la buena escritura, que comunica y narra, entretiene y explica, es fundamental para contar cualquier historia. Nunca es fácil ser una celebridad es la recopilación de textos del autor que fueron publicados en prestigiosas revistas como Gatopardo y Esquire. Por estas páginas pasan desde chefs de reputación internacional como Ferran Adrià o Gastón Acurio, hasta importantes figuras de la actualidad política como Íngrid Betancourt y grandes editores del mundo de los libros como Benedikt Taschen; también están Peter Greenaway, Antanas Mockus, Ruven Afanador, Clint Eastwood, Susan Sontag, Gael García, Juanes, Tim Burton y Michel Houellebecq, entre algunos otros. Como se ve, toda una nómina de verdaderas celebridades, que no se la pusieron fácil al periodista colombiano, excéntricas como son. Es en realidad un libro estimulante y refrescante, sin pretensiones de nada, más que la de ser un excelente libro de perfiles; porque Restrepo sabe que el lector, que es exigente y desconsiderado, quiere siempre meterse en la vida de los otros. El prólogo de Leila Guerriero, una de las más importantes cronistas de nuestra lengua, reafirma el potencial narrativo del autor y destaca una de sus principales cualidades, sin la cual este libro no hubiera sido posible: la persistencia para lograr entrevistarse con las celebridades o, en sus propias palabras, “cazar gente que no quiere ser cazada”.

El absurdo de todos los días

Felipe Restrepo Pombo* Editor de cultura de Semana

Creía que mi padre era Dios, Paul Auster. Booket.

Gran parte de la obra de Auster –si no toda– está construida sobre el sutil cruce entre la realidad y la ficción.

Como pocos narradores, este emblemático neoyorquino se ha dedicado a escribir historias donde los límites se confunden con delicadeza: novelas y cuentos repletos de referencias reales –nombres, lugares, fechas– o testimonios y biografías donde lo literario es fundamental.

En 1999, Auster recibió una propuesta inusual: Daniel Zwerdling, conductor de Weekend All Things Considered de la Radio Pública Nacional de Estados Unidos, lo invitó a colaborar con su programa. Al principio declinó. Sin embargo, su esposa Siri Hustvedt, también escritora, le dio una idea original: que los oyentes mandaran sus relatos y él los leyera al aire. Así, durante un año, Auster recibió todo tipo de textos escritos por gente del común y basados en sus vidas.

Este libro -que acaba de ser reeditado por Seix Barral junto a casi la totalidad de la extensa obra del neoyorquino- es una recopilación de las mejores crónicas. A primera vista, todos ellas son disímiles. Pero, si se leen con cuidado, es claro que las atraviesa un tema común: el absurdo de la vida diaria.

Este, desde luego, es uno de los temas favoritos de Auster y no es casual que se repita en casi todos los relatos. Como ocurre en “La gallina”, de Linda Elegant de Portland, que abre el libro: “Una mañana temprano de domingo iba bajando por la calle Stanton cuando vi, a pocos metros delante de mí, una gallina. Yo caminaba más deprisa, así que pronto le di alcance. A la altura de la Avenida Dieciocho, estaba casi encima de ella. En la Dieciocho, la gallina giró en dirección sur. Al llegar a la cuarta casa se metió por el camino de entrada, subió los escalones del porche dando saltitos y picoteó con decisión sobre la puerta metálica. Momentos después, la puerta se abrió y la gallina entró”.

Es un texto breve y podría haber sido imaginado –o escrito– por el mismo Auster. Pero no: todas las demás historias les ocurrieron realmente a sus autores. Esta vez Auster solo fue el encargado de dirigir la música del azar.

El horror

La eliminación, Rithy Panh & Christophe Bataille. Anagrama. 

¿Qué sucede cuando un niño de apenas trece años debe “aprender a no ser”? ¿A borrarse como individuo? El horror en el que sumió Pol Pot a Camboya hace apenas treinta y cinco años es uno frente al cual el lector debe forzar los límites de la imaginación al compás de la narración.

El hilo conductor de la memoria, que reconstruye el caos, la hambruna y el desplazamiento masivo al que fue sometido el país, lleva de la mano al lector por el infierno de Dante. Rithy Panh, hijo de un educador humanista y de una madre inteligente y culta, es obligado a dejar Phnom Penh el 17 de abril de 1975, el día en el que entraron las tropas de Pol Pot a la capital. Esa fecha debería estar inscrita en la memoria del siglo XX junto al 1 de septiembre de 1939, cuando Hitler invadió a Polonia, y el 6 de agosto de 1945, cuando los americanos dejaron caer la bomba atómica sobre Hiroshima. En los cuatro años siguientes, Panh vio morir a toda su familia. El testimonio se entrelaza con las largas sesiones de entrevistas -durante su juicio por genocidio-, a Duch, jefe de la prisión de Tuol Sleng, donde fueron torturados y asesinados miles de hombres, mujeres y niños. De una manera elegante y discreta, Panh deja sin piso la teoría de la banalidad del mal, acuñada por Hannah Arendt. Casi dos millones de camboyanos murieron bajo el régimen de Pol Pot. Y Panh, hoy un cineasta consagrado, ha asumido el tremendo reto moral de recuperar la memoria de ese horror. Admirable y devastador.

La rutina

Cuaderno de la noche, León Sierra Uribe. Universidad de Antioquia. 

“La guerra es darle de baja a los sueños”- afirma el protagonista de Cuaderno de la noche (Memorias de un soldado), del psicólogo antioqueño León Sierra Uribe. Esta narración, que hila fragmentos cortos y precisos –como si quisiera preservar el ritmo de las órdenes militares–, recrea la implacable rutina a la que se ve sometido un soldado. El miedo, el cansancio, la añoranza del entorno familiar y el regreso de la guerra se plasman en la obra, que resalta lo que al soldado se le exige olvidar: su sensibilidad.

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