Marx nació el 5 de mayo de 1818.

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Así como el descubrimiento de América debilitó el régimen feudal, hoy la abundancia de información puede roer el capitalismo. Para el periodista Paul Mason, la humanidad está entrando en una nueva era de la mano del internet, una de consumo colaborativo y nuevas formas de cooperación. ¿Es hora de ser utópicos?

2016/09/26

Por Rudolf Hommes* Bogotá

No sabía en lo que me había metido cuando me comprometí a hacer la reseña del libro de Paul Mason, Postcapitalismo: una guía para nuestro futuro. Después de leer el resumen que el autor hizo en The Guardian  (julio 17 de 2015), pensé que se trataba de una utopía basada en el acelerado cambio tecnológico que estamos viviendo en el mundo de la información, la tecnología y las comunicaciones, que podría ofrecer una salida al actual situación de estancamiento de la economía mundial, y no que con la lectura del libro recibiría la más comprehensiva y dinámica revisión de la historia y de las teorías económicas de la izquierda marxista, no marxista y posmarxista.

Me cautivó el dominio que Mason posee de esa historia del pensamiento económico y político y el enfoque periodístico que utiliza para describir las distintas teorías y escuelas de pensamiento que fueron afectando las etapas del desarrollo del capitalismo y los ciclos de auge y crisis que se manifestaron en los primeros 100 años a partir de 1850, año en el que arbitrariamente comienza su historia del capitalismo, al final de un ciclo anterior. Estos ciclos que se repiten cada 50 años, más o menos, concuerdan con los que había previsto el economista ruso Nikolái Kondrátiev.

Después de leer el libro, tuve la suerte de encontrar una de las críticas que le hicieron, proveniente de David Tyfield, profesor de economía de la universidad de Lancaster en Inglaterra, que dice que Mason no es economista profesional y se le nota. “De qué otra manera podría haber escrito un libro de economía tan imaginativo, tan perspicaz, tan estimulante”. Coincido con esta apreciación y con la aseveración que proviene de la misma fuente de que el libro es una valiosa síntesis teórica que además hace “grandes preguntas importantes”.

La inquietud que les ha surgido a Mason y a otros que comparten su visión de la economía y de la historia es por qué esta vez, después de la crisis de 2008, no se ha desatado la rebelión de los afectados. En el pasado fue la clase trabajadora, que a juicio de él ha forzado a los gobiernos y a los capitalistas a introducir los cambios de radicales innovaciones técnicas, sociales y políticas, la que impulsó otra etapa ascendente de cada ciclo. La hipótesis mantenida es que en el pasado este impulso surgió de un proletariado ilustrado o en vías de ilustrarse, con suficiente poder para presionar generalmente a los gobiernos para promover estos cambios. En esta ocasión, la clase trabajadora no tenía ese poder, porque el auge de lo que Mason conoce como el  neoliberalismo se montó sobre la base de reprimir salarios y “desbaratar el poder, y la resiliencia de la clase trabajadora”. Los damnificados de la crisis de 2008 no tienen la organización ni la cohesión entre ellos que les permita presionar al sistema a mejorar salarios, a crear puestos o a innovar para producir cambio social y económico. El sitio de donde surgía la fortaleza de la clase laboral, la fábrica, ha desaparecido o está en vías de desaparecer en el mundo anteriormente  industrializado, y su fuerza laboral está dispersa.

 La innovación viene ahora de otra parte, de la revolución de la información, de las comunicaciones y del conocimiento (el infocapitalismo, la “nueva economía”). Dice Mason que “por haber creado millones de personas interconectadas, financieramente explotadas, pero como la totalidad de la inteligencia humana está al alcance del desliz de un dedo (swipe), el infocapitalismo ha creado un nuevo agente de cambio en la historia: el ser humano educado e interconectado”. Pero todavía no es una fuerza laboral con identidad compartida ni cohesión interna, y posiblemente no lo sea nunca más. Lo que le está dando impulso al capitalismo actual es que cada vez es mayor el contenido de información en los bienes que se producen y que al ritmo de cambio que llevamos, con el advenimiento del internet de las cosas, el contenido de información de los productos va a ser lo que mayor valor tiene para los usuarios (unos zapatos Nike tienen un costo de 17 dólares, aproximadamente, y se venden por 170). Pero la información es fácilmente replicable y, con la dinámica que lleva el costo laboral de la reproducción de la información existente, tiende a reducirse y se aproximará a cero (el costo de “cortar y pegar”). Si el componente de información del bien que se va a consumir es cada vez mayor, el valor del trabajo contenido en el producto va a reducirse radicalmente y, por lo tanto, aumenta también la productividad (del trabajo). 

Mason informa que Marx, en las notas que preparaba para su propio uso y que después fueron compiladas en un texto distinto de El capital, previó que si se daba una situación como la descrita en el párrafo anterior, “impulsar la productividad mejorando el conocimiento era una fuente de ganancia más efectiva que aumentar la jornada laboral o acelerar el trabajo: la mayor jornada laboral consume más energía y la aceleración del trabajo tiene topes que le imponen la destreza humana y la resistencia física. Pero una solución basada en conocimiento es barata e ilimitada”. En segundo lugar, Marx argumentaba que un capitalismo impulsado por el conocimiento no puede sostener un mecanismo de precios en el que el valor de algo lo dicta el costo de los insumos que se requieren para producirlo. Es imposible valorar correctamente insumos cuando estos vienen en forma de conocimiento social. Una producción basada en conocimiento tiende a “crear riqueza en forma ilimitada, independientemente de qué tanto trabajo se gaste” en la producción. A juicio de Marx, esto plantea una contradicción “entre las fuerzas de producción y las relaciones sociales”, lo que da lugar a condiciones para que el “capitalismo vuele en pedazos (‘sky high‘)”. Según Mason, Marx introduce un concepto que se aparta del marxismo tradicional: cuando el conocimiento general se ha convertido en una fuerza de producción controlada por el “intelecto general”, la principal contradicción es entre la tecnología y el mecanismo de mercado. “La lucha de clases se transforma en la lucha para ser humano y ser libre”, escribe Mason. 

Esta es la creencia en la que se fundamenta la utopía que Mason ha creado y presupone a su vez que el capitalismo tiene que dar paso al poscapitalismo. Mason percibe fuertes señales de que esto ya está en curso y que comienza a corroer las relaciones de propiedad del capitalismo, porque: 1. debilita el mecanismo de fijación de precios empujando hacia abajo el costo de reproducción de la información; 2. les añade un componente creciente de información a los bienes físicos, induciendo la misma presión para bajar precios; 3. crea dos fuentes de ganancia, una vía salarios (explotación) y la otra por financiación de los bienes que consumen los trabajadores; 4. como la información corroe el valor, las corporaciones se defienden creando monopolios de información (Google) y defendiendo vigorosamente la propiedad intelectual (Microsoft). “Patinan hasta el borde del caos” tratando de obtener beneficios en el intervalo entre la expansión de la demanda y la caída de los precios, permanentemente creando nuevos productos (Apple), y tratan de explotar información vía minería de datos o imponiéndoles restricciones a sus trabajadores en la utilización de su tiempo libre.

Por otra parte, Mason reconoce señales de que la sociedad está cambiando y el modo de producción se está transformado por fuera del mercado: van en aumento las redes de personas que cooperan en la producción de bienes gratuitos o que se producen en plataforma de código o fuente abierta y tienen un valor comercial limitado. El ejemplo de este tipo de proceso es Wikipedia que no es de nadie y para la que trabaja un gran número de personas de manera voluntaria y autónoma para producir un servicio con el que nadie puede competir en el mercado. Mason cree que a medida que esta forma de producir se generalice se va acercando al modelo de sociedad que prevalecería en un ambiente posindustrial, que puede tomar mucho tiempo en cristalizar pero que indiscutiblemente está en marcha, según su concepto. 

Él vuelve a apoyarse en la historia para explicar lo que puede estar pasando: la transición que describe, que puede estar en una etapa incipiente todavía, puede ser parecida a la que ocurrió al inicio del paso del feudalismo al capitalismo. Intervinieron en ese proceso factores externos como la peste negra o el descubrimiento y conquista de América, que debilitaron las estructuras feudales y forzaron la adopción de tecnologías para lidiar con los problemas derivados de estos choques externos. Esto les dio juego a otras personas que no lo tenían en el régimen feudal: “Científicos, humanistas artesanos, abogados, predicadores radicales y dramaturgos bohemios como Shakespeare”. El papel que tuvieron la imprenta y la ciencia en esa transición lo tiene ahora la información. Los choques externos del presente pueden ser el calentamiento global, el envejecimiento de la población, la migración, la disminución de la diversidad de fauna y flora, la contaminación de los pulmones naturales, la escasez extrema de alternativas de energía, los cambios de actitudes de género y de las relaciones de poder derivadas de ellas. Estos factores van a “alterar la dinámica del capitalismo y a hacer que a largo plazo deje de funcionar”, predice Mason.

Entonces, la tarea de los que aspiran a que la sociedad se mueva hacia el poscapitalismo es crear alternativas dentro del sistema, como está sucediendo en forma espontánea, pero muy lenta: “Utilizar el poder del gobierno en forma disruptiva y dirigir todas las acciones para apoyar la transición…”. En el último capítulo del libro afirma que hasta ese momento se ha hablado del poscapitalismo como si fuera un proceso que está surgiendo en forma espontánea pero que cree necesario un proyecto para pasar del capitalismo en transición al poscapitalismo. Él lo llama Proyecto Cero, y enuncia sus objetivos: “Un sistema de generación de energía que libere cero carbón; la producción de máquinas, productos y servicios con costos marginales iguales a cero; la reducción del tiempo de trabajo tan cerca a cero como sea posible”. 

Se deben evitar los errores del pasado (de los bolcheviques y el estalinismo). La idea es descentralizar el control sabiendo que no hay “mejor herramienta para hacerlo que la inmensa máquina de información física que se está creando”, posiblemente con el objetivo contrario. El resto del libro se concentra en construir la visión que tiene Mason del poscapitalismo, que se parece a la que le atribuye a Marx sobre las consecuencias de la incompatibilidad entre la tendencia a cero del valor del trabajo y el mecanismo de formación de precios de mercado. Quizá difiera de otras utopías en que refleja lo que su creador anhela y cree; no es algo apocalíptico o contrario a sus deseos. No sabemos si en el futuro lo van a criticar por las razones que él critica a otros pensadores de izquierda, por no haber previsto que el capitalismo ha demostrado una enorme resiliencia y comprobada capacidad de sobrevivir. En todo caso, se trata de un libro que no admite indiferencia y ayuda a no ignorar el tremendo impacto político y social que traen consigo la economía de conocimiento y la abundancia de información. 

*Economista.

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