Ell ibro "No hay silencio que termine" escrito por Ingrid Betancourt contará su experiencia durante su secuestro.

¿Quién da más?

El altísimo anticipo pagado por los derechos del libro de Íngrid Betancourt debe tener en ascuas a sus editores, tras el odio despertado por su demanda; pero nada está escrito en el arriesgado negocio de los libros. La ruleta apenas está girando.

2010/09/21

Por Lina Vargas

Con un escape en medio de la selva. Así comienza No hay silencio que no termine, el nuevo libro de Íngrid Betancourt publicado por Aguilar, que se lanzará en simultánea para América Latina el próximo septiembre. Desde ya se rumora que sus casi 700 páginas son cautivantes y que, más que en las grandes revelaciones, el gancho está en la fuerza de la narración. Se sabe también que Íngrid lo escribió en francés —la traducción es impecable— y que recibió, según varios medios de comunicación, casi siete millones de dólares por los derechos para diez idiomas. Sin lugar a dudas, presagio de un abrumador éxito editorial. ¿O no?

Todo iba bien hasta la mañana del pasado 30 de junio, cuando Íngrid demandó al Estado colombiano por los daños causados durante su secuestro y pidió una indemnización de 15.000 millones de pesos. La respuesta fue devastadora. Las páginas de los principales medios se llenaron de comentarios que criticaban “el descaro” de la demanda y se crearon grupos de Facebook con nombres tipo: “Ni un solo peso para Íngrid Betancourt”. Ella se arrepintió, pero era demasiado tarde. La indignación ya había estallado. La Librería Nacional redujo el pedido inicial de 15.000 libros a menos de la mitad, al igual que Panamericana, que ordenó un recorte drástico. La primera incluso lanzó una encuesta en la que el 95% de los votantes dijo que no compraría el libro.

En Santillana, la editorial que compró los derechos para España y América Latina, reina la incertidumbre. Para Rodrigo de la Ossa, editor de Alfaguara, No hay silencio que no termine es quizás el mejor libro escrito por un ex secuestrado. “Por otro lado, existe una percepción negativa y no sabemos cuál será su impacto. Tenemos un 50% de la ecuación. El otro 50 no ha entrado en juego”, comenta De la Ossa.

En términos generales, los testimonios de ex secuestrados han dado buenos resultados: Mi fuga hacia la libertad, de John Frank Pinchao, vendió 32.000 libros en un año, Siete años secuestrado por las Farc, de Luis Eladio Pérez, 20.000 en los cuatro primeros meses, y Cautiva, de Clara Rojas, 32.000 en ocho meses.

Aun así, es difícil saber si el libro de Íngrid conseguirá el éxito que hasta hace unas semanas se esperaba. Y no solo por el escándalo de la demanda, sino por el intrincado funcionamiento del mundo editorial, en donde un escritor como el estadounidense John Kennedy Toole nunca vio publicada su extraordinaria novela La conjura de los necios, mientras que Dan Brown gana millones desentrañando aparatosos misterios medievales.

La ruleta editorial

A mediados de octubre, se realiza la Feria del Libro de Francfort, algo así como un Woodstock para el mercado de las letras. Cada año llegan alrededor de 300.000 personas y la situación tiende a parecerse a un día agitado en la bolsa de valores. Se necesita ser un zorro de la edición para estar allí. Hay pujas por escritores, contratos ultra secretos, mucho dinero de por medio y, por supuesto, colosales metidas de pata. Los agentes literarios promocionan a sus autores como si fueran el próximo Shakespeare, las editoriales pagan sumas millonarias y todos ruegan para que las ventas no decepcionen. ¡Que no lo pongan en la lista de los peor vendidos! ¡Que no sea un fiasco!

En la Feria de Francfort es común hablar sobre anticipos. Se trata del adelanto que las editoriales pagan a los escritores por los derechos de su obra. Los anticipos se calculan a partir del número de ejemplares vendidos y del porcentaje que obtiene el autor sobre el precio de venta de cada uno (que suele ser del 8% al 10%). Funciona así: si un libro cuesta 30.000 pesos, el autor recibe 3.000 pesos por cada libro vendido. La venta de 5.000 copias le daría 15 millones. Supongamos que la editorial calcula que el libro venderá como mínimo 5.000 copias. El anticipo será de 15 millones.

Un anticipo es una apuesta en la que la editorial arriesga su capital y su prestigio. Por supuesto, hay todo tipo de anécdotas. Desde cifras astronómicas por las biografías de personajes famosos hasta fracasos descomunales. Algunas son legendarias.

En junio de 2003, la cadena de librerías Barnes & Noble vendió 200.000 copias en 24 horas de Living History, las memorias de Hillary Clinton editadas por Simon & Shuster, por las que Hillary recibió un anticipo de ocho millones de dólares. Con solo unos meses de diferencia, el boom Clinton continuó cuando la editorial Knopf vendió en un día 400.000 copias de My Life, la biografía de Bill Clinton. El anticipo de diez millones de dólares por My Life ha sido el más costoso de la historia, seguido de las memorias de Juan Pablo II por las que se pagaron 8,5 millones.

También ha habido casos en los que el dinero invetido se pierde. En los años 60 Random House ofreció cerca de 250.000 dólares a Truman Capote por su libro Plegarias atendidas. No quedaron más que capítulos sueltos de la que se pensó sería la gran novela norteamericana. Capote murió antes de haberla acabado.

Y hay negocios que se vuelven aire. En 2003, Woody Allen anunció que escribiría sus memorias si le pagaban una “cantidad suficiente” que compensara un año y medio sin hacer películas. Hubo temor entre los ofertantes, que aún recordaban las altas sumas por una biografía de Bob Dylan que nunca vio la luz. Pero todos creyeron que los detalles íntimos de la neurótica vida de Allen, especialmente aquellos sobre su relación con su casi hijastra Soon-Yi, serían una apuesta segura. El libro no estaba escrito y aunque circuló la cifra de cinco millones de dólares por los derechos para varios países, el New York Post aseguró que Allen pedía 10 millones. Marilyn Ducksworth, vicepresidenta de la editorial Penguin Putnam, anunció que había llegado a un trato por 2,9 millones sólo por los derechos para Estados Unidos. A Allen la cifra de la sumatoria de los anticipos no lo convenció. El libro nunca se escribió.

Negocios arriesgados

La industria editorial española mueve anualmente 3.700 millones de dólares. El ranking lo encabezan Isabel Allende y Gabriel García Márquez. Por Hija de la fortuna, Plaza y Janés le pagó a Allende 1.300.000 dólares y por Vivir para contarla, Planeta le dio a García Márquez alrededor de un millón de dólares. En la lista les siguen escritores como Arturo Pérez-Reverte, con anticipos de 600.000 dólares y otros que reciben en promedio 180.000, como Juan José Millás, Manuel Vázquez Montalbán y Juan Marsé. Un caso aparte es el best-seller Carlos Ruiz Zafón, quien obtuvo casi cuatro millones de dólares por su novela El juego del ángel. (Al comienzo de su carrera, cuando era un escritor desconocido, Zafón recibió poco más de 4.000 dólares por La sombra del viento).

Editoriales independientes como Destino, Pre-Textos y la misma Anagrama no han entrado de lleno en la competencia millonaria por conseguir autores y continúan pagando entre 1.000 y 5.000 dólares. “En el caso de Anagrama —comenta su editor Jorge Herralde— aparte de la excelente labor del equipo editorial, un escritor se queda por la certeza de que su libro tendrá el mejor tratamiento en la promoción”.

En Colombia, el promedio de los anticipos es de cinco a diez millones de pesos. Solo un grupo muy reducido de escritores pasa de los 15 millones. Treinta es una extravagancia. A García Márquez le siguen Laura Restrepo, quien en 2009 recibió 700.000 dólares por su novela Demasiados héroes y Héctor Abad Faciolince que cuando se pasó de Alfaguara a Planeta firmó un contrato para escribir tres novelas —entre esas El olvido que seremos— con un anticipo de 30.000 dólares por cada una.

De allí la escala baja a los 50.000 dólares con autores como Fernando Vallejo y Jorge Franco. Continúan William Ospina, Mario Mendoza y Piedad Bonnett. Luego, el ranking cae de manera abrupta de tres a un millón de pesos y termina con un amplio grupo de jóvenes autores que difícilmente reciben algo por sus libros.

También en Colombia hay historias memorables. En septiembre de 2007, Virginia Vallejo publicó Amando a Pablo, odiando a Escobar, un libro de ocasión que prometía contar infidencias de su relación con Escobar y revelar datos sobre los vínculos del narcotraficante con la clase política. Los 20.000 ejemplares vendidos no alcanzaron a cubrir el anticipo de 30.000 dólares. Fue un fiasco. Lo contrario ocurrió con Rosario Tijeras, de Jorge Franco, que no recibió anticipo, sino una beca del Ministerio de Cultura por 10 millones de pesos. Plaza y Janés publicó la novela y la incluyó entre sus lanzamientos de la Feria del Libro de 1999. El éxito llegó pronto. Entonces Norma la compró y, años después, Franco recibió casi 70.000 dólares por Paraíso Travel.

Si en España, se estima que solo el 10% de los libros publicados alcanza a cubrir el anticipo, en Colombia el porcentaje podría ser menor, sobre todo, si se tiene en cuenta que en un mes llegan cerca de 600 novedades a las librerías. Hay quienes afirman que el único escritor colombiano cuyas ventas sobrepasan los anticipos es Jorge Franco —que acaba de lanzar Santa suerte—, gracias a su incursión en el cine y la televisión. Al fin y al cabo, mientras el promedio de los anticipos editoriales en ningún caso supera los 15 millones, en televisión se pagan alrededor de 60 millones por la adaptación de un libro.

A eso se suman las ínfimas cifras de lectura en Colombia, en donde la venta de 5.000 libros es un éxito. El promedio continúa siendo de 2.500 para autores literarios (si es un Walter Riso las cifras se alegran mucho más), así que el fenómeno de Stieg Larsson, que logró 30.000 ejemplares con Los hombres que no amaban a las mujeres, se considera excepcional.

El mundo editorial es desconcertante. No hay fórmulas. Lo que hoy es un best-seller, mañana puede ser un gran fiasco, tal como sucedió con Ángeles y demonios, de Dan Brown que no logró las ventas esperadas. Y hay ejemplos como el de Las cenizas de Ángela, por cuyos derechos en español Norma pagó 4.000 dólares y es una novela que aún vende. Por eso el éxito o el fracaso del libro de Íngrid es un misterio. Los elementos en su contra son claros: una imagen favorable de apenas el 13% y un bajón de 34 a 20 puntos en el rating de Operación Jaque, la miniserie —la novela de mayor sintonía en Colombia tiene 42 puntos. A su favor, las buenas críticas de quienes han leído el libro. Hagan sus apuestas.

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