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Un mundo nuevo

Los últimos siete años parecían una fuente inagotable de recursos para el mundo de las grandes casas de subastas. Sin embargo, como todo en esta época, el globo ha comenzado a desinflarse.

2010/07/28

Por Juliana Angulo

Hace un año la casa de subastas Phillips de Pury parecía una fiesta de invitados felices. Mujeres y hombres jóvenes brindaban después de las principales subastas del año por el buen momento de las ventas. A finales de 2008, sin embargo, después de la subasta del 13 de noviembre, pude hablar con uno de los vendedores de la prestigiosa casa de subastas ubicada en la calle 15 del oeste de Manhattan y me describió la situación con una sola palabra: “Fúnebre”. En efecto, ese día solo se vendieron 27 de las 56 obras ofrecidas. Todos apostaban porque Beautiful Artemis Thor Neptune Odin Delusional Sapphic Inspirational Hypnosis Painting —un nombre tan largo como aburrido— del popularísimo Damien Hirst se vendería en algo así como 4 millones de dólares. Pero el comprador nunca apareció y las caras de los jóvenes y modernos empleados de Phillips de Pury, una casa fundada en Londres y con tres siglos de historia, esta vez no asistieron a ninguna fiesta.

Y es que la crisis en Nueva York se siente en todas las esquinas: desde las grandes casas de subastas a los bancos pasando por los microempresarios que se han visto obligados a cerrar sus pequeños almacenes. Cualquiera que camine por las calles de Manhattan, se podrá dar cuenta de que muchos restaurantes han optado por crear menús promocionales o como se les conoce popularmente, “de recesión”. Esa palabra parece rondar en el ambiente de todas las subastas que se llevaron a cabo este noviembre, en una de las dos temporadas fuertes de 2008.

A partir de mayo, miles de especulaciones comenzaron a surgir sobre el impacto que tendría la crisis económica en el mundo del arte. Las grandes casas de subastas aseguraban que la situación no perjudicaría sus ventas, argumentando que las élites apostaban su prestigio a tener obras maestras. Pero el tiempo no les dio la razón: desde hace seis meses hemos presenciado un cambio de actitud por parte de los compradores. Desde septiembre el ambiente de precaución, ansiedad y decepción en las grandes salas de subastas era patente. Coleccionistas y magnates rusos, europeos, asiáticos y del Oriente Medio empezaron a medir sus gastos. En la famosa subasta de Arte Chino Contemporáneo de Sotheby’s que se llevó a cabo el pasado 4 de octubre en Hong Kong, por ejemplo, los resultados no fueron nada halagadores. El 40 % de obras no se vendió. Entre ellas, dos obras del prestigioso artista surrealista y simbolista chino Zhang Xiaogang nacido en 1958. Estos resultados fueron confirmaciones de la dura realidad que se temía, mientras se guardaba la esperanza e ilusión de que el arte sería perdonado de la crisis tal como lo había sido años anteriores.

Las subastas realizadas a finales de noviembre de 2008 en Nueva York mostraron que el arte no está exento de la crisis. En las subastas de Sotheby’s, Christie’s, y Phillips de Pury algunas obras de alto rango se vendieron a los precios esperados, pero muchas otras a precios notablemente mas bajos de lo estimado. Y cientos de obras de grandes artistas como Picasso, Rothko, Manet, Monet, Modigliani, Matisse, Van Gogh, Cézanne, Warhol, Lichtenstein o Hirst simplemente no encontraron compradores. En 2008, el total de ventas fue el más bajo de los últimos cinco años y la cantidad de obras ofrecidas en subastas son un tercio menos que en años anteriores.

La famosa casa de subastas Christie’s, por ejemplo, vendió tan solo 146,7 millones de dólares de sus ofertas de Impresionismo y Arte Moderno en Nueva York el pasado 6 de noviembre. Los especialistas estimaban por lo menos 240.7 millones de dólares, teniendo en cuenta que una subasta similar el año anterior recaudó 394 millones. Y en la prestigiosa subasta de Arte Contemporáneo y Post-Guerra, también en Nueva York el 12 de noviembre, Christie’s solo logró 113.6 millones de dólares, mientras los estimativos eran de 227 millones. Un panorama a todas luces aterrador teniendo en cuenta que en 2007 Christie’s logró vender 325 millones de dólares durante una subasta de Arte Contemporáneo similar a la del 12 de noviembre. Como ejemplo de la situación, la obra Buster Keaton de Jeff Koons fue vendida por 4’338.500 dólares cuando su valor estimado era de 5 a 7 millones, mientras Mao de Andy Warhol no encontró comprador.

El escenario es muy similar en Sotheby’s. Durante la venta de Impresionismo y Arte Moderno del 3 de noviembre, solo 45 de las 70 obras presentadas se vendieron. Tobias Meyer, maestro de ceremonias de Sotheby’s declaró a la prensa tratando de mantener el optimismo que “solo hace falta asomarse a la ventana para darse cuenta de que estamos en un nuevo mundo. Pero ese mundo también necesita arte”.

Un nuevo mundo en el que las casas de subastas y coleccionistas de arte deberán adoptar nuevos comportamientos y estrategias. Varios críticos se atreven a predecir que los clientes van a optar por artistas establecidos, en lugar de artistas contemporáneos de moda. Es decir, comprar arte por calidad en vez de popularidad. Otra de las consecuencias que se podrían predecir en ese nuevo mundo al que hace referencia Meyer es que las galerías o ferias de arte serán lugares más seguros para compradores inseguros que tienen miedo a la espontánea y precipitada compra en las subastas.

Pero en la vida las cosas nunca son blancas o negras. Aunque el impacto de la crisis económica en el arte sea brutal, la realidad es que los coleccionistas siguen y seguirán comprando obras. El ejemplo más reciente es el del artista Kazimir Malevich (1879-1935) que batió el récord de ventas con la obra Composición Suprematista vendida en 60 millones de dólares en Sotheby’s.

No cabe duda que el boom del mercado de arte ha terminado. A lo mejor, en medio de la crisis, las casas de subastas aprendan la lección de vender arte como arte y no como un vacuo objeto de inversión inflado por la publicidad mediática.

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