Render de la distribución de las carpas en el Mall de Washington.

Un yipao frente al Capitolio

El Folklife Festival es el evento cultural más grande de Estados Unidos. Allí estará Colombia desde el 30 de junio. ¿Qué se lleva a una exposición que quiere mostrar las manifestaciones culturales del país?

2011/03/30

Por Lina Vargas

El Mall de Washington es una explanada de casi tres kilómetros de largo. Está rodeado por una veintena de museos tan imponentes como de extraordinaria curaduría, centros de investigación, monumentos y ?jardines, que concentran una actividad cultural desmesurada. En el extremo oeste lo remata un obelisco en mármol y granito de 170 metros de altura y en el extremo este está el Capitolio, que congrega la élite del poder político de Estados Unidos. Cada año, miles de visitantes se encuentran en un espacio que da la misma importancia al destino de un país y al resguardo de su memoria cultural. Allí queda el Smithsonian Institute, un centro de investigación y educación financiado por el Gobierno, que tiene a su cargo el complejo de museos asociados, entre los que están algunos de los más prestigiosos en Occidente: el Museo de Historia Natural, el Museo de Arte Moderno, el Museo de Historia de los Estados Unidos. La lista es apabullante.

 

Este año, del 30 de junio al 10 de julio, Colombia es el país invitado del Folklife Festival, una exposición de las tradiciones vivas de distintas partes del mundo que organiza el Centro para las Tradiciones Populares y el Patrimonio Cultural del Smithsonian y que se realiza en el Mall como parte de las celebraciones del 4 de julio. Casi un millón de personas visitan este evento anualmente.

 

El objetivo del Festival, que se creó en 1967, es que los espectadores se familiaricen con los oficios y saberes de las comunidades invitadas. Tras la participación de noventa países, todos los estados de Estados Unidos y más de cien poblaciones indígenas, el Centro para las Tradiciones Populares tiene claro que no se trata de una exhibición de productos. Al contrario, busca que artesanos, músicos y cocineros representen —de la manera menos representada posible— su vida cotidiana.

 

¿Suena demasiado simple? ¿Da ?la sensación de que se trata más de una feria para visitar en vacaciones? El caso es que desde el 2007, el Ministerio de Cultura, junto a la Presidencia, la Embajada de Colombia en Washington, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia y la Fundación Erigaie han venido trabajando en el proyecto que cuesta 6.800 millones de pesos (de los cuales Colombia debe poner casi 5 mil), la investigación en la que se ha sustentado es rigurosa, y la logística no ha sido nada fácil. Las cosas, entonces, van en serio.

 

Naturaleza y cultura

 

A tres meses de que se cumplan los plazos para el montaje de la exposición, aún quedan asuntos por resolver. En la Fundación Erigaie —dedicada al estudio del patrimonio cultural colombiano y encargada de la investigación del proyecto— repasan una y otra vez ?los textos que acompañarán la muestra, que no deben exceder las cien palabras. Allí mismo, el equipo de logística gestiona las visas de los cien participantes que viajarán a Washington, trata de solucionar la estadía de una mula que, por restricciones del Smithsonian, no puede trabajar más de dos horas diarias, y se las arregla para enviar en barco un yipao, el jeep símbolo del transporte en el campo.

 

La exposición se llama Colombia: la naturaleza de la cultura, y según Monika Therrien, antropóloga y directora de la Fundación Erigaie, el solo hecho de nombrarla así es un reto. Haber dividido el país en regiones geográficas y no políticas es un cambio importante. Es poner en evidencia que la marimba del Pacífico solo puede ser hecha allí, porque solo allí hay madera de chonta. Es decir, que la geografía juega un papel crucial en la historia de las culturas.

 

Therrien explica que desde el comienzo se definió que no iba a haber nada folclórico ni estereotípico y que se quería mostrar los procesos más que los resultados. En vez de llevar una comparsa del Carnaval de Barranquilla, irán habitantes de la depresión momposina cuyas danzas son el germen de lo que se ve en el Carnaval. “Aquí se trata de que cada quien narre desde su propia experiencia una determinada expresión cultural”. Durante los diez días que dura el Folklife, los cien participantes, entre los que hay músicos, cocineros, pescadores, agricultores,alfareros, tejedores y transportadores, realizarán sus oficios en vivo y hablarán con el público. Pero ningún indio amazónico irá “disfrazado” de indio amazónico.

 

Lo que se va a exponer

 

Tras una investigación de casi tres años dirigida por el antropólogo Germán Ferro, la exposición muestra cómo la gente se relaciona con su entorno natural y establece prácticas culturales. Esto se llama ecosistemas culturales. En total son seis —altiplano andino, eje cafetero, depresión momposina, bosque húmedo pacífico, llanura suroriental y selva húmeda tropical— que se conectan a través de rutas y confluyen en tres ciudades: Bogotá, Medellín y Cali.

 

Para hacerse una idea, el altiplano andino expondrá la música carranguera y el tejido en lana virgen; el eje cafetero, la cestería y la arriería; la depresión momposina, la filigrana y la pesca; el bosque del pacífico, la minería artesanal; la llanura suroriental, la vaquería y el trabajo del cuero (aún están haciendo las gestiones para llevar una vaca); la selva húmeda tropical, las malocas; y las ciudades, a un reciclador y un vendedor de minutos a celular. Y aunque los cocineros prepararán los platos típicos, la comida no se podrá comprar ni regalar, así de estrictas son las reglas del Smithsonian.

 

Todo estará en 55 páneles ubicados en trece carpas de guadua diseñadas por el arquitecto Simón Hosie y distribuidas en la zona de árboles del Mall. El espacio contará con un salón de música, una carpa de comidas, un espacio de narrativas, dos escenarios y una plancha de trece metros de altura —la Estructura progresista— que da cuenta del crecimiento irregular en las ciudades. “Por supuesto —comenta Ferro— que no es la totalidad de Colombia, pero mostramos una visión que escapa a la mirada de las muestras artesanales, donde la manifestación está asilada de su contexto”.

 

¿Así somos?

Sin embargo, queda la impresión de que algo hace falta. Para el antropólogo Leonardo Bohórquez, aunque el reconocimiento a los artesanos es importante, las condiciones de vida, en su mayoría marcadas por la violencia y el narcotráfico, no son claras. Al parecer, el Smithsonian no tiene entre sus lineamientos este tipo de manifestaciones.

 

“Colombia es más que el narcotráfico y la guerra”, asegura Olivia Cadaval, la curadora de la exposición.

 

“El Smithsonian —dice el antropólogo Wilhem Londoño— siempre ha jugado con la idea de representaciones realistas. No les interesa mostrar el conflicto, ni las problemáticas de los sitios en donde trabajan” y pregunta: “aunque la puesta museográfica es interesante, ¿en qué medida los participantes son representativos de esas tradiciones, si ya están configurados como artesanos?".

”¿Será que detrás de todo hay, como aseguran algunos, una jugada política para agilizar el TLC? ¿Hasta qué punto se debe mostrar el conflicto en un festival en el que prima el folclor? No hay que olvidar que se trata de un evento veraniego para el estadounidense promedio. Algo, en últimas, para ir en shorts y zapatos cómodos. |

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.