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'Blade Runner': un fracaso de culto

El 5 de octubre se estrena en Colombia la secuela de una película que la crítica y la taquilla por poco sepultan, pero que pronto se convirtió en un clásico y en un objeto de estudio de diversas disciplinas. ¿Por qué su trascendencia, y qué esperar de la segunda parte?

2017/09/19

Por Laura Martínez Duque* Bogotá

"Blade Runner no tiene nada que ofrecerles a las audiencias, no ha sido pensada en términos humanos. Si alguna vez llegara a existir un dispositivo capaz de detectar humanoides, Ridley Scott y su equipo deberían esconderse”. Así concluye “Baby, the rain must fall”, la reseña que Pauline Kael escribió para The New Yorker, publicada el 12 de julio de 1982.

Kael escribió durante más de 20 años para la revista estadounidense y se convirtió en una de las voces más influyentes –y temidas– de la crítica cinematográfica. Las publicaciones de sus libros, críticas y ensayos obtuvieron todo tipo de premios y reconocimientos. Cineastas como Woody Allen, Quentin Tarantino y Wes Anderson aún la nombran entre sus máximas influencias.

Pauline Kael era conocida por ser implacable, y las seis páginas de su crítica al tercer largometraje de Ridley Scott son casi una diatriba. Aunque el tiempo la contradijo, no fue la única en decir que Blade Runner era una película aburrida, demasiado oscura y confusa.

Como cuenta Rodrigo Fresán en un artículo publicado en Página 12, la taquilla no reflejó nada distinto en su momento. Blade Runner se estrenó en Estados Unidos el 25 de junio de 1982. Los productores de La cosa, de John Carpenter, eligieron ese mismo día para el lanzamiento del que se convertiría en un clásico del terror. Y solo un par de semanas antes, el 4 de junio, el público celebraba la llegada de Star Trek II: la ira de Khan. Sin embargo, ese verano sería recordado por la aparición de un fenómeno en taquilla. El 11 de junio, Steven Spielberg presentó su idea de un extraterrestre entrañable y doméstico, y el mundo se enamoró de E.T. Mientras tanto Blade Runner agonizaba recaudando 17 millones de dólares luego de haber gastado casi 30 en su producción. Parecía que Pauline Kael tenía razón.

Sin embargo, tres décadas han pasado, y desde hace ya bastante tiempo Blade Runner es reconocida como un clásico indiscutible del cine; una obra de culto que marcó a más de una generación y fue objeto de estudio de filósofos, antropólogos, arquitectos, cinéfilos. Pocas películas han inspirado tantos debates, estudios y textos, y tantos mitos contemporáneos. El fenómeno es fácil de rastrear: hay más de 29 millones de resultados en Google con artículos publicados en medios de todo el mundo. YouTube también ofrece varios documentales sobre el tema. On the edge of Blade Runner es uno de los más reveladores. Y una vez agotada la información digital, los más interesados pueden rastrear sobre todo dos libros: Future Noir: The Making of Blade Runner, de Paul M. Sammon, y Retroffiting Blade Runner, de Judith Kerman. El primero recoge y analiza la historia de Blade Runner como hito cinematográfico, y el segundo es una recopilación de ensayos de varios autores: tal vez, el estudio teórico más completo sobre los aspectos políticos, estéticos y discursivos que convergen en Blade Runner.

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Pasaron varios años para que Ridley Scott, un inglés que venía del mundo de la publicidad, desembarcara en Hollywood y luego terminara convirtiéndose en uno de los cineastas contemporáneos más influyentes. Además de la que nos trae, películas como Alien, Thelma y Louise, Gladiador y más recientemente The Martian lo consagraron. Scott también se las ingenió para cambiar de tema cada vez que le preguntaban por un proyecto que incluso llegó a tener otro título provisorio, Metrópolis. Este año ese rumor tiene fecha de estreno y es la segunda parte de ese primer “gran fracaso”: Blade Runner 2049, una de las secuelas más temidas y esperadas de los últimos años. ¿Una forma de actualizar el clásico para nuevas audiencias? ¿Un negocio infalible en términos de taquilla? Las voces se dividen y los fanáticos también. Muchos celebran la posibilidad de revivir el clásico, mientras que otros consideran que esta segunda parte es lo más parecido a un sacrilegio. Lo cierto es que la estrategia de marketing ha sido efectiva y las piezas promocionales que ya circulan en redes han desatado todo tipo de hipótesis y apuestas.

Ridley Scott estuvo al mando del proyecto como productor, pero cedió la dirección a Denis Villeneuve. El canadiense, más conocido por Arrival, viene de consolidar una exitosa carrera cinematográfica desde 2010. Sus películas Incendies, Enemy y Prisoners fueron alabadas por el público y la crítica. Harrison Ford repite como el Blade Runner, Rick Deckard, pero ha sido desplazado como policía central de la trama. Ahora el protagonista es Ryan Gosling, oficial de policía de Los Ángeles bajo las órdenes de Robin Wright, el encargado de llevar adelante la historia. Jared Leto aparece como el nuevo creador de replicantes y posible antagonista de la historia, que sucede 30 años después de los eventos de la primera película.

Para cubrir la brecha de más de tres décadas entre ambas películas, Denis Villenueve comisionó a su amigo Luke Scott, hijo de Ridley, la creación de un cortometraje que refrescara el universo de la saga. La pieza actualiza el argumento de Blade Runner en una sola secuencia. Los Ángeles, 2036: el ser humano desarrolló unos sofisticados robots dotados de fuerza e inteligencia, necesarias para lidiar con alguna situación terrible. Pero estas máquinas humanoides, llamadas “replicantes”, en algún momento se convirtieron en un peligro para sus creadores humanos y fueron prohibidos en la Tierra, so pena de muerte.

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En 1947 el británico Alan Mathison Turing inició su conferencia ante los miembros del National Physical Laboratory de Londres con la siguiente pregunta: ¿puede pensar una máquina? Los asistentes estaban ante el hombre que había conseguido descifrar los códigos encriptados de las máquinas de comunicación nazis. Esa gran movida hacker fue clave para precipitar el final de la Segunda Guerra Mundial. Después de la guerra, Turing diseñó uno de los primeros computadores electrónicos programables digitalmente. Es considerado uno de los padres de la ciencia de la computación y precursor de la informática moderna.

La pregunta inicial era retórica. Turing estaba convencido de que las máquinas, con esa enorme capacidad para almacenar datos, podrían fácilmente ser programadas para emular las estructuras racionales y los procesos cognitivos del hombre. Argumentaba que era mucho más fácil para una máquina hacerse pasar por un humano que al contrario: si un hombre intentara hacerse pasar por una máquina, fácilmente quedaría al descubierto su vulnerabilidad física, lentitud e imprecisión aritmética. Sin saberlo, en esa conferencia de 1947 Alan Turing plantaba el embrión de la inteligencia artificial, y de una historia que habría de convertirse en un fenómeno de culto 20 años después.

La conferencia de Alan Turing fue recogida por la revista británica Mind en su edición de octubre de 1950. Como también lo recuerda el texto de Fresán, y algunos otros, el artículo, titulado “Computing Machinery and Intelligence”, fue la primera inspiración de Phillip Kindred Dick para escribir la novela Do Androids Dream of Electric Sheep? De ahí, la idea de unos robots hechos a imagen y semejanza del hombre: réplicas casi perfectas del ser humano.

El diario personal de un oficial de la SS fue la segunda inspiración de la obra de ciencia ficción. Dick se interesó puntualmente en la descripción que el agente nazi hace de sus terribles noches de insomnio. Los gritos de niños judíos próximos a morir lo desvelan hasta el desespero. Tal disociación llamó la atención del autor. ¿Qué diferencia a los humanos de las máquinas? ¿Las emociones?

Do Androids Dream of Electric Sheep? se publicó en 1968 y es considerada una de las obras fundamentales de la ciencia ficción contemporánea. La historia sobre un hombre que termina cuestionando su humanidad al advertir que las máquinas humanoides tienen más emociones que él fue adaptada al cine por David Peoples y Hampton Fancher, y se convirtió en Blade Runner.

“Cazando replicantes –supuestos seres sin sentimientos–, Deckard descubre que estos no solo sufren y ansían vivir con pasión, sino que además pueden actuar con grandeza. Ellos son más humanos que toda la escoria que parece haber quedado en la Tierra. Esta idea que subyace –con un fuerte sustento visual, además– es lo único prometedor de la película: cuando una persona manufacturada luce exactamente igual a una persona nacida de una mujer –cuando ni siquiera los ojos te dicen cuál es cuál–, ¿cómo definir la diferencia? ¿Qué significa ser humano?”. Pauline Kael acusó a Blade Runner de “inhumana” y al mismo tiempo resaltó su cuestionamiento humanista. Tal vez, esa fue la razón de su fracaso inicial. La incomodidad que pueden generar ciertas preguntas.

Las últimas conversaciones que sostuvo Phillip K. Dick con sus más íntimos amigos están reunidas en el libro What if our World is Their Heaven? En el primer capítulo Phillip cuenta su impresión al ver 20 minutos del material filmado por Ridley Scott. Asegura no haber visto nunca nada igual, a pesar de que era exactamente como se había imaginado el futuro al escribir la novela. “Entendí que estamos entrando en la década de la información. La información será el torrente sanguíneo el metabolismo del mundo moderno. Seremos junkies de la información”. Phillip K. Dick murió dos meses antes del estreno de la película. Tampoco alcanzó a ver cuán precisa fue su descripción de los tiempos por venir, de estos tiempos.

Tampoco alcanzó siquiera a imaginar Blade Runner 2049, que seguramente será maravillosa en términos visuales. La tecnología está al servicio del cine para hacer posible cualquier escenario. Pero nosotros, los expectantes, quisiéramos que esta secuela también nos dejara un poco abatidos; que haya menos disparos y más preguntas incómodas. ¿Ya sabemos, acaso, qué es ser humano?

*Directora de cine y periodista.

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