César Acevedo, director de La tierra y la sombra.

Cali, el epicentro del boom cinematográfico

Al igual que ocurrió en la época de Mayolo, Ospina y Caicedo, hoy un grupo de amigos cinéfilos de Cali lidera la nueva ola de cine colombiano de autor. Películas como La sirga, Los hongos, La tierra y la sombra y Siembra han vuelto a convertir a la capital del Valle en un referente indispensable de la cinematografía nacional.

2015/10/23

Por Luisa González* Cali

El pasado 26 de septiembre, en un taller sobre cine nacional en Cali, la autora de Cinembargo Colombia, Juana Suárez, se burlaba de cómo los caleños respondíamos siempre con alguna película caleña a sus preguntas como ‘¿cuál fue el primer largometraje hecho en Colombia?’. La María, decíamos con seguridad. Ahora que Arcadia me pide escribir sobre el “boom actual del cine caleño”, pienso que es una buena oportunidad para contar un nuevo capítulo de la historia construido por un grupo de amigos que se lanzó a hacer películas sin más aval que un guion y su amistad. Un proceso que este año tuvo su punto más álgido con la Cámara de Oro que recibió en Cannes La tierra y la sombra, de César Acevedo.

Vea la entrevista que le hizo Sandro Romero Rey a Luis Ospina en la casa del director.

Para iniciar esta historia, es indispensable hablar de Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle y su taller de audiovisuales, donde se conocen quienes constituirán este boom. Si bien ese programa educativo nunca se planteó como una escuela de cine, su labor ha sido fundamental para la formación de realizadores audiovisuales en Cali, con capacidades de hacer cine a nivel internacional.

Luis Ospina es el protagonista de la más reciente edición de Arcadia, un perfil de Sandro Romero Rey.

La escuela se fundó en la Cali de los años setenta y su rica escena cultural, con el deseo de ser una alternativa totalmente distinta a las escuelas de comunicación social en América Latina: darles más importancia al análisis, a la semiótica, la filosofía y la antropología para la construcción de unos nuevos usos de los medios de comunicación. Con esa premisa, y alimentando el taller audiovisual con la participación de Luis Ospina, Ramiro Arbeláez, Berta Carvajal, Fernell Franco y otros protagonistas de importantes procesos artísticos y culturales locales, se forman las bases para que en esta escuela se empezara a gestar un deseo de hacer cine bajo propuestas alternativas y autorales.

A propósito de Cali, ¿Cómo nació la salsa choke?

La Escuela de Comunicación Social de Univalle tiene ya 40 años, en los cuales podemos ver diferentes egresados que en distintas épocas han aportado al cine nacional. Están, por ejemplo, Carlos Moreno y Jorge Navas, parte de una generación que le apostó al videoclip y la experimentación que permitía el video. Hoy ellos han logrado insertarse en grandes producciones de cine comercial, en el caso de Moreno, y también en la publicidad, como Navas. Pero ambos le han apostado también al desarrollo de un cine autoral e independiente, con el cual iniciaron su camino desde Cali: Moreno con Perro come perro (2007), que planteó una mirada a la relación del narcotráfico y los poderes ocultos de la magia negra en una ciudad como Cali, donde la influencia afro es fundamental. Y Navas, que inicia con el largometraje transmitido en la serie de televisión Rostros y rastros: Calicalabozo (1997), en el que la ficción y el documental se mezclan en una película experimental sobre los últimos días de Andrés Caicedo. Cuando esa serie, que había jugado un papel indispensable para la producción audiovisual de la Escuela, llega a su fin, se entra en una especie de silencio en el cine local.

El grupo de realizadores que hoy nos hace pensar en un boom de la cinematografía caleña se forma entre 2005 y 2010 en esa escuela. Una colectividad que incluye en la dirección de largometrajes de ficción a Óscar Ruiz Navia (El vuelco del cangrejo, 2010 y Los hongos, 2014); William Vega  (La sirga, 2012); César Acevedo (La tierra y la sombra, 2015) y Santiago Lozano y Ángela Osorio, quienes el próximo año estrenan  Siembra. En la dirección de arte y de dirección de documentales y cortometrajes está Marcela Gómez  (Flores, 2013), en la fotografía Sofía Oggioni, y ahora Mateo Guzmán, quien sorprendió con La tierra y la sombra. Por el lado de la producción han jugado un rol importante Paola Pérez  y Gerylee Polanco, también de la mano con Diana Bustamante, que no es de Cali, pero que ha hecho parte de este grupo desde su primera película (El vuelco del cangrejo). Y así como cada generación de estudiantes tuvo unas influencias sociales y artísticas diferentes, ellos también tuvieron unas muy particulares.

Por un lado, la Ley de Cine 812 de 2003 empezó a existir, pero limitándose a apoyar solo la producción de cineastas con experiencia. Esas películas fueron relevantes para que el grupo del presente boom se formara participando por primera vez en largometrajes. Es el caso, por ejemplo, de El rey (Antonio Dorado, 2004), en el que trabajaron Óscar Ruiz Navia y Sofía Oggioni como asistentes de fotografía siendo aún estudiantes. Sin embargo, esta ley no les daba la posibilidad a los nuevos realizadores de hacer sus propuestas. El deseo de producir cine en estos jóvenes se alimentaba de una gran cinefilia en espacios como la Cinemateca de la Universidad del Valle y la del Museo La Tertulia, y luego –jugando un rol muy importante– el cineclub de Lugar a Dudas dirigido por Óscar Campo, pero alojado e incentivado por un espacio cultural desde el arte conceptual. 

Es importante pensar aquí en la labor que ha cumplido la cinefilia en la ciudad para la existencia de una producción cinematográfica constante y con cabida en las pantallas de los festivales internacionales, sin que la ciudad cuente con una maquinaria que les haya permitido su producción. Desde los años setenta existieron espacios como el Cineclub de Cali, a la cabeza de Andrés Caicedo, que le han apostado a la formación de públicos desde el cine de autor. A través del cineclub Caligari, de Lugar a Dudas, Óscar Campo ha apostado desde 2005 a una cinefilia interesada en lo autoral –en pensar el estilo y las propuestas que diversos directores han aportado a la historia del cine– y ha insistido en mantener una franja de no-ficción en la que presenta desde clásicos del cine de vanguardia y documental hasta películas actuales de gran impacto en la crítica y los festivales internacionales, que llegan solo a Cali gracias al circuito académico especializado en el que la Escuela de Comunicación Social se mueve.

En ese ambiente, Óscar Ruiz Navia escribe en 2004 el guion del El vuelco del cangrejo (2010), trabajo de grado laureado por la universidad, y con el cual le plantea a su grupo de amigos y compañeros de clase que se aventuren a hacer una película. Así se conforma un equipo de rodaje que se conservará casi íntegro hasta hoy en su trabajo como colectividad.

La producción de El vuelco rompió con muchos paradigmas para aquel entonces. No tuvo dinero del Estado para su realización (lo obtuvo luego para la posproducción), ya que, como comentaba, para un autor novel, o una propuesta alternativa, como por ejemplo Yo soy otro (2012), de Óscar Campo, era imposible contar con el aval institucional. Sin embargo, este joven equipo logró hacer su película y llevarla a muchos festivales, incluso ganar un Premio de la Crítica en Róterdam.

La cinefilia que influyó a este grupo de autores sin duda posibilitó que hicieran parte de los festivales internacionales. No como una manual de escenas y estilos, sino más bien como un aprendizaje de los directores y películas que los conmovieron, y un deseo de experimentar a partir de estos aprendizajes. Claro ejemplo es el uso de la “antitrama”, que será la base de estas producciones, y quizás también el motivo por el que no son muy bien recibidas por el público colombiano (educado cinematográficamente con los géneros de Hollywood). Por ejemplo, en El vuelco del cangrejo vemos el andar de un hombre que viaja a un remoto lugar del Pacífico colombiano. No sabemos las intenciones de su viaje, pero el paisaje y las relaciones de los personajes absortos en él nos llevan a pensar en la obra de directores como Werner Herzog y su romanticismo cinematográfico, en el que el paisaje era como una radiografía del alma.

Más adelante le seguirá a la producción de este grupo La sirga, dirigida por William Vega, la cual logró hacer parte de la Quincena de Realizadores de Cannes en 2012. En ella observamos de nuevo un personaje –una mujer que huye de la guerra– que se interna en un paisaje, que tomará un rol principal en el film. También haciendo uso de un modelo “antitrama”, la narración en la película se da a través de los pequeños sucesos: el tío que mira por las fisuras de la casona de madera a la sobrina mientras se cambia la ropa, o un cuerpo brutalmente asesinado que se mira muy de lejos, haciendo al espectador dudar de qué es aquello que mira. Esos elementos van tejiendo un ambiente y una narrativa hecha casi de puras metáforas, donde nada es dado de forma explícita.

Los hongos, de Ruiz Navia, significó un cambio radical con las dos películas que se habían producido bajo la casa productora que él lidera: Contravía Films. En la tercera apuesta, y conservando el mismo equipo de producción de amigos, pero incluyendo profesionales de otras partes del país y del mundo, Ruiz Navia nos lleva por una Cali vivida por dos jóvenes. Una película de una estética y una narrativa más saturadas, en la que el espacio todavía es fundamental dentro de la historia, pero esta vez intervenido fuertemente por el autor. La sumatoria de sucesos, imágenes y personajes nos recuerdan los murales que hacen sus personajes: una acumulación de escenas y colores, que están solo en una superficialidad.

El último largometraje estrenado por este grupo de realizadores caleños surgido de la Universidad del Valle fue La tierra y la sombra, de César Acevedo, película galardonada en Cannes este año, y producida por fuera de Contravía Films. Acevedo logra hacer un film que parte de lo personal, pero que es trabajado desde la puesta en escena y la construcción de unos personajes y una historia que funcionan como metáforas de aquello que lo motiva personalmente –el desmoronamiento familiar–, pero también de una situación social colombiana, el desplazamiento forzado del campesino a la ciudad. Si bien es una película que vuelve a lo mínimo y mira al campo, contiene algo que las producciones anteriores de este grupo no tenían: una carga emotiva trabajada muy bien con los actores y una historia que, sin caer en el cine de géneros, despierta la sensibilidad del espectador. 

Estos largometrajes realizados y estrenados hasta ahora por este boom caleño y su impacto en el cine internacional son apenas un bocado de lo que está por venir en el cine nacional. Si bien en Cali se han gestado por muchos años procesos de educación audiovisual claves para que la ciudad sobresalga en este medio, gracias a la posibilidad de un cine cada vez más transnacional, los avances tecnológicos que facilitan producciones audiovisuales económicas pero de una gran calidad, la posibilidad de un contacto más directo con los festivales y de conocer de una manera más inmediata el cine que se mueve en ellos, hoy se está evidenciando una producción cinematográfica más rica y diversa que puede influenciar a cualquier parte del país, y llegar también al mundo. Solo el tiempo les dará a estas producciones y sus autores la relevancia que se merecen o no dentro de un cine colombiano que, pareciera, apenas comienza a caminar.

La sucursal del cine

El Festival de Cine de Cali, dirigido por el cineasta Luis Ospina, llega a su séptima edición. Del 29 de octubre al 2 de noviembre, la capital del Valle del Cauca reunirá a más de 20 cineastas nacionales e internacionales, 50 películas, 55 cortometrajes y una amplia gama de actividades alrededor del séptimo arte. Habrá conferencias y hasta proyecciones móviles que se desplazarán por toda la ciudad. El Festival llegará a las salas de Cinecolombia de Chipichape, Unicali y Río Cauca. Además, habrá funciones en el centro cultural Lugar a Dudas, el Auditorio del Centro Cultural de Cali y el Teatrino del Teatro Municipal.

www.festivaldecinecali.gov.co


*Coordinadora de la revista cine Visaje

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