BerlínDanny Boyle nació en Manchester, en 1956.

Danny Boyle: “La nostalgia es peligrosa”

Después de dos décadas, el cineasta británico se atrevió a revivir el universo de 'Trainspotting', la cinta de culto que filmó en los años noventa. 'T2', el resultado, que se estrenó en salas del país el 20 de abril, no defrauda. Más bien, encanta. Nos sentamos a hablar con el director en la Berlinale.

2017/04/22

Por Janina Pérez Arias* Berlín

Años antes de filmar La playa (2000), Slumdog Millionaire (2008) y 127 horas (2010), Danny Boyle rodó una película que no tardó en convertirse en un culto cinematográfico. Trainspotting, estrenada en 1996 y basada en la novela homónima de 1993 de Irvine Welsh, cuenta las andadas de Mark “Rent Boy” Renton (Ewan McGregor), Simon “Sick Boy” Williamson (Jonny Lee Miller), Francis “Franco” Begbie (Robert Carlyle) y Daniel “Spud” Murphy (Ewen Bremner) por los bajos fondos de la drogadicción y la criminalidad en Edimburgo.

Dos décadas más tarde, Boyle y el guionista John Hodge lanzan Trainspotting 2 o T2, tal como se ha empezado a conocer. Esta vez, parten de la novela Porno, también de la autoría de Welsh, publicada en 2002. En plena (in)madurez, Renton, Sick Boy, Begbie y Spud vuelven a correr sin aliento por las calles de la ciudad escocesa en una secuela que no defrauda ni a los fanáticos ni a los recién adeptos.

En el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde la película se proyectó, la risa de Boyle retumba a cada rato. Es un hombre afable, expresivo y “de Manchester, lo cual es ligeramente diferente a ser inglés”, acota.

Satisfecho con el resultado de T2, en el Hotel Adlon de la capital alemana, el cineasta británico habló con nosotros sobre cómo fue reunir nuevamente a sus actores, catapultados a la fama con Trainspotting, sobre los avatares que representa hacer una secuela, sobre cómo se esquiva la nostalgia, todo esto desde el punto de vista de la madurez que ha cultivado en los últimos 20 años.

¿Cuáles fueron sus reservas cuando decidió hacer la secuela de Trainspotting?

Al principio pensé que si el resultado fuese malo, eso me podría matar, y que probablemente nunca me recuperaría (se ríe). Después me di cuenta de que sería emocionante, y una vez que estás en medio del rodaje, te olvidas de aquellos pensamientos, porque te toca. No puedes lograr nada manteniendo el miedo acechándote a tus espaldas.

¿Cómo se despojó del compromiso de complacer a los fanáticos de Trainspotting?

Es muy extraño (se sonríe). Hasta cierto punto T2 tenía que ser igual, pero a la vez diferente, porque si la haces exactamente igual a la primera, la gente va a mirarte con desdén y hasta se burlarán de ti. Es que es una mezcla extrañísima, porque los espectadores quieren algo similar, pero al mismo tiempo exigen que avances, que no te quedes en el mismo sitio.

Por otra parte, a veces los estudios (cinematográficos) te vienen con comentarios como que la gente está diciendo en las redes sociales que quieren esto o aquello, pero así no se puede trabajar. De hecho, así no trabajamos. Tampoco nos metimos en un compromiso de una gran cantidad de dinero, y por eso pudimos mantener nuestra libertad. Eso también nos ayudó a movernos un poco fuera del centro de atención. Una vez que te sientes libre de presiones, la obligación consiste en que estás en deuda con la película original y con la gente que la adora. Eso no me lo podía quitar de la cabeza, y los actores lo sabían. Teníamos mucho que hacer en Edimburgo porque nos sentimos muy orgullosos de la original, aunque a los escoceses no les gustó mucho cuando fuimos hace 20 años allí para hacerla (risas).

¿En qué momento supo que el resultado sería el que usted quería?

La primera escena que filmamos con más de uno de los actores fue con Jonny y Bobby, es decir, entre Begbie y Sick Boy, cuando se ven por primera vez en el pub después de tantos años. ¡Arrrrrrhhhhh! La llamo la escena gorila (se ríe mientras simula con las manos una pelea), y ¡fue una escena fantástica! Estaban desbordados, podías sentir que emanaban energía. En ese momento todos nos dijimos que la película iba a funcionar. Obviamente, las tomas de los reencuentros son superpotentes, y al filmarlas nos dimos cuenta de lo fabuloso que resultaría todo el trabajo. Eso era lo que esperábamos, y al tener a todos los actores juntos sentimos una electricidad sin igual.

Ewan McGregor y Robert Carlyle en una escena de T2.

¿Estaba consciente de las posibles críticas de “los inconformistas”?

¡Por supuesto! Pero la ventaja es que te pones a trabajar en ello consciente de todos esos prejuicios (se ríe). El guion tiene una naturaleza personal, lo cual nos permitió divertirnos, jugar tal como lo hicimos en la primera película, y eso fue posible porque contábamos con las experiencias personales de cada uno de nosotros. Ya estamos viejos, pero al mismo tiempo en el rodaje teníamos una actitud de no saber qué hacer con toda esa experiencia de vida. Por otra parte, puedes ver en la pantalla que los personajes no lucen como hace 20 años, lo cual es cruel y brutal.

¿Cómo fue el reencuentro en el set de rodaje de T2?

Sería bonito decir que todos los chicos llegaron al set al mismo tiempo y que entonces surgió la magia del reencuentro, pero desgraciadamente no fue así (se sonríe). La verdad es que a causa de las agendas de trabajo de cada uno, primero llegó Ewen (Bremner), luego se incorporaron Jonny (Lee Miller) y Bobby (Robert Carlyle), quienes estaban de vacaciones de sus programas de televisión. Ewan McGregor iba y venía porque estaba terminando su película American Pastoral en Los Ángeles. Sin embargo, durante un par de días estuvieron todos juntos, y se pudo sentir una electricidad real.

¿Por qué decidió incluir flashbacks de la primera película?

Sentíamos que debíamos darle crédito a la original. Había momentos clave en la nueva que ameritaban un flashback, como algunos recuerdos de Spud, así como otros que surgieron cuando editamos la película. A pesar de que en total solo hay un minuto de flashbacks, por el hecho de haberlos escogido muy bien, se siente como si hubiera más. Por otra parte, ciertos elementos remiten al espectador a la primera cinta, como el monólogo de “Elige la vida”, que inicia de manera similar al de la original, pero actualizado (se menciona Facebook, Instagram o las fábricas de Apple en China).

¿Qué tan difícil se le hizo lidiar con la nostalgia?

La nostalgia puede ser muy peligrosa, porque puede decantar con facilidad en algo sentimental. De modo que tienes que ser muy pero muy cuidadoso. Sin embargo, el pasado vive en cada uno de nosotros, y hasta cierto punto mantienes una conversación con él. Mientras los personajes tratan de recrear el pasado, al mismo tiempo da la sensación de que no lo hacen, que más bien lo que tratan es de comportarse como si aún tuviesen la energía, el placer y la imprudencia de su juventud.

Uno de los elementos importantes de la primera película fue la música. ¿Es otra muestra del paso del tiempo?

La banda sonora de la primera película fue muy exitosa, y obviamente sentía mucha presión, en especial porque continuamente me preguntaban: “La música va a ser buena, ¿no?” (hace un gesto de derrota). En esos momentos me daba cuenta de que el éxito lo crucifica a uno (risas).

La primera banda sonora coincidió con un periodo fantástico de la música en Gran Bretaña, de manera que fue fácil. Además, en aquel entonces yo era un gran aficionado a la música; para mí era como respirar, y sabía mucho del tema. Pero hoy ya no tanto, he envejecido, y siempre estoy preguntando: “¿Quién?, ¿qué?, ¿quiénes son esos? ¡Nunca los había escuchado!” (risas). Sin embargo, tuve mucha suerte de toparme con un grupo fantástico de hip hop llamado Young Fathers, que además es de Edimburgo, casualmente de la misma zona donde transcurren las historias de Irvine Welsh.

Los protagonistas de T2.

¿Ve factible la realización de una tercera parte de Trainspotting?

No lo sé. Le dedicamos tanto tiempo a esta película que sería ridículo pensar en hacer otra en este momento. Lo que no descartaría es la posibilidad de hacer un spin-off. Irvine (Welsh) escribió un libro fantástico sobre Begbie llamado The Blade Artist (publicado en 2016), completamente diferente a lo que conocemos de él, y se trata de una historia bastante corta. Bobby (Robert Carlyle) quiere hacerla, y mucho, pero no sé si podría llamarse T3. Sospecho que no, pero ¿quién sabe?...

¿Regresar al pasado y a ese universo cinematográfico que creó hace dos décadas le sirvió para reflexionar sobre qué tipo de hombre y director era en aquel entonces?

Sin duda. ¡Soy tan culpable como esos chicos! (se ríe). Los jóvenes de la época que retratamos eran extremos, sin embargo, no eran figuras realistas. Tengo tres hijos, y si hablo con sinceridad, no los he visto mucho, porque estuve trabajando en lugar de llevarlos a la escuela, de ir a recogerlos o de cuidarlos cuando estuvieron enfermos. Me ha tocado reconocer mis propias acciones y llegar a un acuerdo conmigo mismo con respecto a lo que hice en estos últimos 20 años.

Es una buena oportunidad para preguntarle si cree que se convirtió en el hombre que quería ser.

(Se sonríe). Cuando era niño lo que quería ser era conductor de trenes, pero tristemente ese deseo nunca se cumplió (se ríe). Sin embargo, cuando cumplí 60 años, mis hijas me llevaron en el Trans Siberian Express, durante cuatro días y cuatro noches, hasta Siberia.

En cuanto a mi profesión, nunca puedes decidir si vas a tener una carrera de verdad en esta industria porque puedes cometer un desastre, y a partir de eso no serás capaz de levantarte nunca más. Siempre existe la posibilidad de que tomes la peor decisión. Conozco a gente que aparentemente tiene una carrera, y que de repente empiezan a andar por el borde del camino, para decirlo de alguna forma. Probablemente siempre asumí que me quedaría en el teatro, pero al parecer mi carrera en el cine seguirá por un tiempo. Aunque uno nunca sabe…

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*Periodista.

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