La actriz taiwanesa Shu Qi interpreta a Nie Yinniang, la asesina. Foto: Central Motion Picture/ AFP

Hou Hsiao-Hsien: conócete a ti mismo

Con The Assassin, su más reciente película, el director chino-taiwanés incursionó por primera vez en el género de las artes marciales, el wuxia. Después de su exitoso paso por Cannes, emprendió un periplo por todo el mundo con esta extraordinaria producción. Arcadia habló con él.

2016/08/23

Por Janina Pérez Arias* San Sebastián

Antes de convertirse en un exitoso director, productor y guionista, Hou Hsiao-Hsien (Guangdong, 1947) vio muchas películas. En Taiwán, su país de adopción, adonde llegó de niño, se dedicó a ver cine casi a diario mientras hacía el servicio militar. Y aunque quiso ser actor, desechó la idea “por malo”, si bien ocasionalmente reincide por petición de otras personas.

En 35 años de trayectoria, la crítica ha avalado muchos de sus largometrajes como Polvo en el viento (1987), Una ciudad de tristeza (1989), El maestro de marionetas (1993), Adiós sur, adiós (1996), Millennium Mambo (2001). En ellos el cineasta ha explorado desde la historia, el paso del tiempo y la memoria hasta el contraste de la vida en el campo y la ciudad. A Hou Hsiao-Hsien le fascina su entorno, los cambios sociales de los que ha sido testigo, pero también la esencia humana.

Curioso y aventurero, era cuestión de tiempo para que incursionara en un género que siempre lo atrajo: el wuxia. The Assassin, con la que obtuvo el premio a mejor director en Cannes en 2015, es la película de artes marciales que siempre quiso hacer. Desarrollada en el siglo IX, cuenta la historia de una mujer (Nie Yinniang) entrenada para eliminar a tiranos, una tarea que cumple a rajatabla, hasta que se ve en la disyuntiva de asesinar a su amor de la niñez, convertido en un gobernador disidente y líder de un numeroso ejército.

The Assassin es su primera incursión en el wuxia. ¿A qué se debe esta decisión?

De pequeño leía muchas obras clásicas chinas, y en mi época universitaria leí todo lo que cayó en mis manos del género literario llamado Chuanqi, desarrollado durante la dinastía Tang. Esa fue mi inspiración para hacer esta película. Entre todos esos relatos estaba Nie Yinniang (La asesina). Me impresionó mucho, y con el transcurrir del tiempo recordaba muy vivamente sus detalles.

Siempre quise hacer una película basada los relatos Chuanqi, pero todo dependía de la oportunidad. Para mí la dinastía Tang fue muy especial porque durante ese período hubo una producción literaria inmensa e importante. Por otra parte, me llama mucho la atención esa época en sí, la vida cotidiana, la arquitectura con sus casas de madera. Fue una época muy fructífera y particular. Y este proyecto era un reto al que me tenía que enfrentar.

¿Qué hace a The Assassin diferente a otras películas de ese mismo género que han hecho realizadores como Ang Lee, Wong Kar-wai o Zhang Yimou?

Muchos directores se interesan por este género porque de pequeños leían novelas clásicas chinas. Igual, cada uno de los que mencionas se ha acercado al wuxia desde su propio estilo e imaginación. Por ejemplo, Ang Lee (El tigre y el dragón, 2000) adaptó una novela más contemporánea (una historia que se desarrolla durante la dinastía Qing, hacia 1680, basada en Tigre agazapado, Dragón escondido, de la serie de novelas La pentalogía de hierro, escrita por Wang Dulo a principios del siglo XX). Por otra parte, The Grandmaster (Wong Kar-wai, 2013; sobre Ip Man, el gran maestro de kung fu y legendario profesor de Bruce Lee) trata la lucha mano a mano, empleando un tipo de artes marciales que aún lo practica mucha gente en China por razones de salud. Algunas de las películas de Zhang Yimou, como Hero (2002), corresponden a adaptaciones de novelas de la dinastía Qin, anterior a la Tang, en las que las armas jugaron un papel central.

Usted quería que esta película fuera lo más verosímil posible, no quería que las escenas de lucha fueran tan fantasiosas, sus personajes se expresan en chino clásico.

Me gusta ser un director realista. El chino clásico por lo general no se usaba en el pueblo, pero sí en el palacio. Cuando los gobernadores querían hablar con el emperador, tenían que escribir las palabras en una tabla de madera pequeña. Cada palabra debía ser muy exacta y sencilla para transmitir de la mejor manera posible lo que se quería decir. En cuanto a las luchas, he visto muchas películas de kung fu, pero en particular me gustan las de samuráis porque los combates son muy reales. Quise hacer una película con ese estilo, para poder expresar la misma energía, aunque no tuviese a los actores volando por los tejados.

Hou Hsiao-Hsien nació en Meixian, China, en 1947.

En The Assassin usted emplea el blanco y negro, pero también el color. ¿Por qué se decantó por usar técnicas diferentes?

Quise dividir la película en dos partes. La parte en blanco y negro es como un prólogo, donde se presenta a la protagonista y su relación con el entorno. Luego, cuando se desarrolla la trama principal, se usa el color. Esa fue la lógica para hacer la película.

Como espectador se tiene la sensación de que lo estético predomina sobre la narración. ¿Usted busca que se le dé más importancia a la estética que a la historia?

En la estética (se sonríe) se encuentra mi forma particular de hacer cine. Parte de esa estética radica en mi intención de hacer una película que resulte realista. En mi trabajo, la intuición es muy importante, así que me dejo llevar por ella y por mi experiencia. No intento hacer ningún tipo de planteamiento. Si pudiera volver al pasado para ver de verdad cómo se vivía en la dinastía Tang, conocería mejor el contexto real. Antes del rodaje estudié mucho la vida de aquella época, incluso cuánto tiempo duraba el sonido de los tambores tanto por la mañana como por la noche. Todos esos detalles están en la película.

Usted ha dicho que, para hacer esta película, primero necesitó llegar a cierta madurez. ¿Qué significa para usted hacerse mayor?

La madurez significa envejecer (pausa, se sonríe). En realidad, de joven ya tenía muchas ganas de hacer una película con material de la literatura Chuanqi, pero todo dependía de la experiencia, de los recursos disponibles y de mis conocimientos. Además, en la última década fui presidente del Taipei Film Festival y del Golden Horse Film Festival, por lo que estuve muy ocupado. Una vez finalizadas esas funciones, y cuando me vi con tiempo disponible, no dudé en filmar The Assassin. Al llegar a esta edad me dije, “ahora sí, mejor me apresuro”. Además, los actores también habían alcanzado cierta madurez, de manera que fue el mejor momento para realizar esta película.

Usted es representante del movimiento del Nuevo Cine Taiwanés (1982-1990). ¿Cómo percibe a las nuevas generaciones de la cinematografía taiwanesa?

Ahora existen muchos directores jóvenes, y algunos de ellos tienen bastante éxito gracias a que sus películas tratan temas locales, más cercanos a los taiwaneses. Hacer una película en Taiwán es un camino independiente, individual, y muchas veces los jóvenes tienen que considerar los gustos del público, y eso es un problema porque no hacen lo que de verdad quieren. Pero si no lo hacen de ese modo, es probable que pierdan el apoyo financiero.

¿En qué momento dejó usted de pensar en la audiencia? ¿Cuándo empezó a hacer cine personal?

Al principio de mi carrera hice varias películas en las que consideraba el gusto del público. Eran comedias y obras románticas (Cute Girls, 1980; Cheerful Wind, 1981, entre otras). Fueron películas muy exitosas, pero poco a poco empecé a entender qué quería hacer, y me dirigí hacia lo propio y personal. Estas no se vendieron tan bien como las películas previas. Sin embargo, creo que tengo suerte porque siempre hubo gente que quiso ayudarme. Fui ganando premios internacionales, y poco a poco empecé a conseguir más apoyo financiero, así como ayuda por parte de los actores, lo cual me permitió seguir mi propio camino.

¿Cuáles son los beneficios de trabajar la gran mayoría de sus películas con la guionista y escritora Tien-Wen Chu (entre sus colaboraciones se encuentran The Puppetmaster, Goodbye South, Goodbye, Millennium Mambo, A City of Sadness, así como The Assassin)?

Tien-Wen Chu proviene de una familia de autores. Tanto sus padres como su hermana son escritores. Por eso digo que ella vive en el mundo de la literatura y yo en el mundo del cine. El nuestro es un contexto muy singular; sin embargo, tenemos muchos gustos en común, hablamos de muchas cosas, y en cierta forma nos complementamos debido a que cada uno de nosotros está bien formado en sus respectivos campos.

En el documental de Olivier Assayas (HHH: A Portrait of Hou Hsiao-Hsien, 1997) usted cuenta muchas anécdotas de su niñez. ¿Qué tanto de aquel niño hay todavía en usted?

Siempre recuerdo mi infancia, sobre todo a mi abuela. De pequeño, ella me dio un apodo muy particular, A-ha, y todo el mundo me llamaba así. Muy a menudo siento la necesidad de hacer películas sobre la familia o sobre mi infancia, o sobre la vida cotidiana, porque aunque son temas sencillos, son reales y son los más sinceros de mi vida. Recuerdo que cuando era pequeño mi abuela siempre iba perdida por la calle, llamándome, buscando a su “nieto el director” (se ríe). A través de mis recuerdos, puedo conocer cada día mejor mi origen, así como la trayectoria de mi vida. Gracias a esas reflexiones, conservo un material valioso que me sirve para crear nuevos proyectos. Una persona tiene que conocerse a sí misma para entonces encontrar una nueva perspectiva, y solo así puede llegar a comprender el mundo en el que vive.

*Periodista

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