Fidel Castro abraza a Samora Machel, presidente de Mozambique, en el aeropuerto de La Habana, Cuba, en 1977.

La solidaridad de los débiles

En su documental 'Cuba, una odisea africana', la cineasta egipcia Jihan El-Tahri disecciona algunos de los episodios más destacados en la compleja relación que durante 30 años mantuvo Cuba con África. Desde el fracaso en el Congo hasta la victoria en Angola.

2017/01/24

Por Salym Fayad* Johannesburgo

El Che no quería irse al Congo. Al menos no en primera instancia. No porque intuyera que su misión allí fracasaría, sino porque se sentía aún comprometido con el proceso de la lucha revolucionaria en América Latina. Pero Fidel –sin dificultad– lo convenció: “Le dije que las condiciones estaban dadas, que era muy importante apoyar el movimiento guerrillero en el este del Congo que estaba luchando contra el presidente Mobutu”.

La motivación era clara: Cuba se identificaba con los movimientos revolucionarios en África, que según el Che representaban un “campo de batalla de mayor importancia contra todas las formas de explotación existentes”, por lo que la nación caribeña preveía allí una lucha continental contra el colonialismo, el imperialismo y sus aliados internos.

Desde comienzos de los años sesenta, con los ecos de la reciente Revolución cubana resonando en el imaginario de los movimientos de liberación, y cuando iniciaba el proceso de independencia de las naciones africanas, Cuba se involucró militar y políticamente con grupos insurgentes a lo largo y ancho del continente. En el furor de la Guerra Fría se establecía una relación que se extendería por tres décadas durante las cuales Cuba enviaría medio millón de hombres en misiones a 17 países africanos, desempeñando un papel determinante en el desarrollo histórico y político del continente.

La odisea, la solidaridad

En su documental Cuba, una odisea africana, la cineasta egipcia Jihan El-Tahri disecciona algunos de los episodios más destacados en la compleja relación que durante 30 años mantuvo Cuba con África. Desde el fracaso en el Congo hasta la victoria en Angola.

El-Tahri explica que durante el apoyo cubano al movimiento de liberación en Argelia en 1964, el líder argelino Ben Bella puso al Che Guevara en contacto con líderes revolucionarios africanos, desde el ghanés Kwame Nkrumah hasta el congoleño Laurent-Désiré Kabila. Es este último el elegido para ser el primero en beneficiarse de la ayuda cubana en su estrategia continental a gran escala. “La estrategia estaba basada en la ideología del internacionalismo, de lo que llaman ‘la solidaridad de los débiles’, y tenía como objetivo involucrarse en varios conflictos que estuvieran interrelacionados: crear varios ‘Vietnams’ para desestabilizar la capacidad de intervención de los grandes poderes”.

El Congo, ubicado en el centro del continente y rodeado por nueve países –cuenta en el documental Pombo, mano derecha del Che–, atizaría la chispa revolucionaria en una serie de insurgencias que estaban interconectadas a nivel regional. Al tiempo que guerrilleros de naciones vecinas podían contribuir a la rebelión congoleña, podrían prepararse en la organización de sus propios movimientos y aprender de la experiencia en combate. Esa era, explica El-Tahri, la puesta en práctica de la teoría revolucionaria del foquismo, en la que encender un fuego central puede desencadenar otros en la periferia, logrando un efecto multiplicador que conduciría a la caída de los regímenes opresores. Teóricamente.

Cuando el Che desembarcó clandestinamente en la orilla congoleña del lago Tanganica en abril de 1965, no sabía que se encontraría con una insurgencia fragmentada e indisciplinada, derrochadora del armamento y de los recursos cubanos, y poco preparada para combatir, que no sabía apuntar un fusil ni cavar trincheras. Tan solo seis meses más tarde, el Che cruzaba de nuevo el lago en la dirección opuesta, desmoralizado, con su campaña militar frustrada.

Proxy wars, prisma occidental

¿Por qué apoyaría la Unión Soviética a Cuba en semejante intervención en el centro de África justo después de la crisis de los misiles? El-Tahri cuenta que mientras investigaba este fragmento de la historia obtuvo la transcripción de una conversación de pocos minutos en la que Fidel Castro y Nikita Kruschev se insultaban mutuamente. “Claramente los cubanos y los rusos estaban en muy malos términos en ese momento; no tenía sentido que hubieran llevado a cabo esta operación conjunta. Decidí viajar a Cuba, aunque la única información que tenía sobre la misión cubana en el Congo era que inicialmente estaba conformada por una docena de soldados, que todos eran negros, y que sus nombres de guerra eran Moja, Mbili, Tatu… los números en suajili”. El Che Guevara era Tatu: tres.

“Después de un exhaustivo sondeo puerta a puerta buscando a personas que hubieran acompañado al Che en el Congo, di con varios que me miraban confundidos cuando les preguntaba por las motivaciones de los rusos en apoyar la misión”. Uno de los excombatientes le dijo: “¿Por qué la insistencia en preguntar por Rusia? Nosotros estábamos de incógnito en el Congo… ¡para que los rusos no supieran que estábamos allí! No eran ellos los que pagaban por la misión”. Los rusos, concluye El-Tahri, no podían enterarse de que el armamento con el que estaban abasteciendo a Cuba estaba siendo utilizado en una misión secreta en el Congo. La intervención en el África central había sido fruto de una decisión independiente de Fidel Castro.

Durante los años siguientes se intensificarían las tensiones relacionadas con la Guerra Fría en suelo africano. “Mi intención era examinar los movimientos de liberación africanos en ese contexto –dice El-Tahri–, pero a través del episodio de Cuba en el Congo y de mi investigación posterior empecé a darme cuenta de que la mayor parte de la literatura sobre África está escrita desde la perspectiva occidental. Parecía que todas las guerras que acontecían sobre el terreno en África fueran parte de la Guerra Fría; todo lo que leía estaba escrito en términos de proxy wars, de guerras de poder”. Visto a través de ese prisma, parecía que los africanos existieran como extras en el gran escenario de las luchas políticas y militares de las grandes potencias, como si todos los actores se redujeran a ser clientes de los norteamericanos o los soviéticos, según les fuera conveniente.

“A luta continua”

Pasado el trago amargo de la derrota en el Congo, Cuba continuó sus incursiones africanas involucrándose con movimientos independentistas como el de Guinea-Bissau, un movimiento mucho más organizado y consolidado ideológicamente bajo el liderazgo del icono panafricanista Amílcar Cabral. La lucha independentista de Guinea-Bissau y Cabo Verde haría tambalear al régimen portugués y desencadenaría la independencia de sus otras colonias en África: Mozambique y Angola.

En esta última se libraron algunas de las intervenciones militares comandadas por Fidel Castro más ambiciosas y de mayor impacto. La participación de 25.000 soldados cubanos en apoyo a Agostinho Neto del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), contra otros movimientos respaldados por Estados Unidos y el Congo, afianzó el paso del país a la era poscolonial en 1975. Su posterior intervención a gran escala en suelo angolano terminaría en 1988 en la célebre batalla de Cuito Cuanavale con una contundente victoria sobre el ejército sudafricano, que se vio forzado a retirarse del país, al tiempo que se aseguraba la independencia de Namibia y encajaba un golpe determinante en el proceso de caída del régimen del apartheid en Sudáfrica.

“Con la invasión de tropas sudafricanas a Angola no podíamos quedarnos cruzados de brazos; cuando el MPLA nos lo pidió, le dimos la ayuda necesaria para impedir que el apartheid se instalara en Angola”, dijo Castro. No actuó por voluntad de la Unión Soviética, ni siquiera discutió sobre la operación con Moscú. Cuba actuaba con agencia propia, vencía a uno de los ejércitos más poderosos de África, y sus victorias en Angola consagraban a Fidel Castro como un héroe panafricanista en los ojos de los líderes y los pueblos del continente.

Internacionalismo, hasta siempre

“Mucha gente en África ve a Cuba con agradecimiento e incluso con cierta admiración: logró sortear la tormenta política e influir activamente en la liberación de algunas naciones en el continente –dice El-Tahri–. Creo que nunca le hemos dado a Cuba el crédito suficiente por desarrollar ese concepto de internacionalismo que se convirtió en parte fundamental de lo que sigue siendo su rol de solidaridad en África hoy en día. Por ejemplo, con las misiones de médicos”. Cuba ha desplegado unos 50 mil médicos y enfermeros en 66 países, incluyendo a más de 4000 en 32 países africanos. Durante la reciente epidemia del virus del ébola en África occidental, la contribución internacional de profesionales sanitarios más numerosa a la emergencia fue aportada por Cuba.

“El proyecto cubano era relevante en África porque tenía eco en los deseos de los líderes de obtener una verdadera independencia. Los discursos de Agostinho Neto, de Amílcar Cabral, de Patrice Lumumba en el Congo, expresaban las aspiraciones de quienes deseaban ser dueños de su propio destino. Las luchas armadas eran también luchas por la identidad. Examinar esta relación aún es importante porque esas visiones todavía no se han alcanzado: nunca rompimos con los grilletes del colonialismo. Rompimos su fachada, con su aspecto legal, pero política y económicamente, en muchos sentidos, aún estamos colonizados”.

En uno de sus viajes a Cuba, El-Tahri se entrevistó con Osmany Cienfuegos, hermano de Camilo y líder insurgente junto al Che Guevara en el Congo. En esa época de pre-producción, su proyecto documental se llamaba Réquiem por la revolución. Cuando se lo comentó a Cienfuegos, este le dijo que su visión era pesimista: que las revoluciones de los años sesenta no habían muerto, que simplemente habían tomado nuevas formas. “Nosotros luchábamos porque queríamos conservar nuestra propia cultura –le dijo Cienfuegos–, actuar con autonomía, sin imposiciones, y porque no queríamos poderes extranjeros saqueando nuestros recursos y utilizándonos como su patio trasero para su entretenimiento y beneficio”. En ese sentido, tanto en Cuba como en África, la lucha continúa.

*Periodista.

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