RevistaArcadia.com

Un ensayo sobre la fragilidad

La película de Franco Lolli se estrena en Colombia después de haber sido seleccionada en varios festivales alrededor del mundo, pero es mucho más que una frase efectista como la anterior: una historia conmovedora sobre una amistad cruzada por los estratos sociales.

2015/05/21

Por Juan David Correa* Bogotá

Es muy probable que el cine que se hace en Colombia tenga mala fama por predecible y porque apela al lenguaje de las telenovelas para ganar audiencias. Generalizar es fácil, pero quien vea en un mismo fin de semana La rectora y Gente de bien, dos de los estrenos colombianos de este mayo que acaba, comprenderá que el cine, en general, como la vida, tiene dos puntas y una de ellas, sin duda, es más afilada que la otra.

Desde hace unos años, un puñado de directores ha intentado apostar por un lenguaje más personal, decidiéndose a contar las historias que tienen que ver con ellos mismos aun a riesgo de fracasar ante la audiencia. Es el caso de películas como La sirga, Tierra en la lengua, Los hongos, Los viajes del viento y La playa DC, entre otras. Y lo es, aunque su temática es muy otra, de Gente de bien, de Franco Lolli, que se estrena este 28 de mayo.

La película es un pequeño ensayo sobre la fragilidad de las clases sociales en Colombia. Y es una demostración de cómo una buena idea puede dar para una trama ambigua, bien narrada, actuada y contada. La historia es sencilla: una mujer debe partir a otro país –suponemos que en busca de mejor suerte– pero antes debe dejar a su hijo, Eric –Brayan Santamaría–, de 10 años, al cuidado de su padre, un carpintero con quien nunca ha tenido una buena relación. Gabriel, el padre –interpretado por el escenógrafo Carlos Fernando Pérez–, trabaja en casa de María Isabel –Alejandra Borrero–, una mujer de clase alta, que a su vez vive sola con sus dos hijos. Gabriel lleva un buen día a Eric a su trabajo y allí se inicia una relación que dura un corto verano en el que Eric conocerá la amistad, pero también se deslumbrará por un mundo en apariencia más reluciente. Se trata de una película en la que un hombre –Gabriel– intenta construir una relación con un hijo –Eric–; y una mujer –María Isabel– ensaya, con buenas intenciones pero con pésima intuición, acoger a Eric en ese mundo donde la vida, parece, tiene más posibilidades. La tirantez de las relaciones, sin embargo, no está mediada por una predecible denuncia social, ni por un macartismo tonto en el que los pobres son buenos y los ricos malos –o viceversa– sino que la trama se la juega por una tensión constante de la que nadie, en el fondo, saldrá redimido. O quizá sí, pero ese será el problema de cada espectador.


El escenógrafo Carlos Fernando Pérez, quien interpreta a Gabriel, y la actriz Alejandra Borrero.

Franco Lolli, su director, nació en Bogotá en 1983 y a los 18 años se fue a vivir a París, tras haberse graduado del Liceo Francés. Lolli creció en las Torres del Parque. Su madre enviudó cuando estaba esperándolo. Y aunque esto suene muy personal, este estudiante de La Fémis, una célebre escuela de cine en París, ha insistido en que sin su propia biografía a lo mejor esta película no existiría. “A pesar de vivir en un medio privilegiado tuvimos problemas de plata durante una gran parte de mi infancia y adolescencia. Creo que tanto estos problemas de plata, como el hecho de haber crecido como hijo único en una familia de solo dos miembros son puntos claves de inspiración para lo que hago”.

Lolli ha vivido su adultez entre Francia y Colombia, pero nunca ha dejado de grabar y gravitar en torno a los temas que lo persiguen y que son evidentes en su película: la familia, la paternidad, el dinero, Colombia… “Mi trabajo de grado (Como todo el mundo) lo rodé en Colombia y luego hice un corto sobre y con mi familia (Rodri), producido por Les Films du Worso. Ese corto fue importante para mí porque llevaba cinco años sin rodar nada y porque la dueña de Les Films du Worso es la viuda del director del que más cerca me siento, Maurice Pialat. Además estuvimos en Cannes (2012), lo que me permitió avanzar más rápido con el largo, que estaba escribiendo hace rato”.

En 2013 llevaba cuatro años escribiendo entre viajes y residencias. Participó, como es usual, en convocatorias, tanto colombianas como europeas. Y aunque eso no parezca fácil, según él lo más complejo fue la producción: buscó productores en Colombia, no se entendió con ellos, y decidió comenzar a grabar una película en la que hubo mucho de improvisación y un muy buen trabajo actoral con adolescentes. El camino, como confiesan los actores, fue de mucha improvisación y ninguno tuvo acceso al guion, lo cual se nota en cada una de las escenas, que se ven naturales. “Fue realmente complejo el no buscar cámara y que cualquier cosa sucedía en cada una de las escenas. Muchas veces el actor entraba y decía algo diferente a lo previsto inicialmente. Fue un aprendizaje. Aprendí mucho con Franco, y creo que él logró convertirme en una actriz natural”, dice Alejandra Borrero.


La ciudad y los perros

La película de Lolli tiene una gran dosis de compasión: es cuidadoso con sus personajes; entiende que de la exageración no queda sino la mueca vacía. Tal vez por eso sus pequeños gestos permanecen en el espectador: la relación de Eric con su perra, una criolla lanuda llamada Lupe; los juegos de la adolescencia como momentos de crueldad y bondad absolutas donde no se perdona nada; Bogotá y sus evidentes diferencias entre los estratos según los decorados urbanos, entre otras. Sus imágenes son elaboradas, persiguen lo mínimo antes que la grandilocuencia de la comparación evidente entre el juego de oposiciones de las clases sociales. A propósito Lolli dice: “Mientras más íntimo es mi nexo con el sitio, mejor lo filmo, creo yo. Por eso rodé en La Perseverancia, que conozco desde niño, en Arbeláez y en las calles que me recuerdan algo o en las que viví algo en Bogotá... No es difícil rodar en Bogotá, no más que en París (que es el otro sitio que conozco), en todo caso”.



La idea inicial de la película, según me dice Lolli, está en las impresiones de su infancia.
“Nace de recuerdos míos sintiéndome diferente de la otra gente que me rodeaba y también de momentos vividos (el carpintero se inspira de lejos de uno que mi mamá contrataba, la casa de campo de casas de amigos, etcétera). Todo eso me fue saliendo de manera casi inconsciente, al momento de ponerme (obligarme) a escribir. Esta película habla de mi infancia profundamente como los cortos hablaban de mi adolescencia y de mi corta vida de adulto”. 

Lejos de las tesis, quien vea Gente de bien quedará quizá persuadido de cómo siempre es posible hacer películas que exijan algo del espectador; que no sean complacientes ni obvias; que toquen temas que, lejos de generalizar, particularizan los problemas sociales de Colombia. Aunque no se trata de una crítica social, contar una familia, o el encuentro de dos familias, mejor, resulta en la posibilidad de indagar en el resentimiento, la injusticia, la arrogancia o la incomprensión de pertenecer a una sociedad que no se conoce: “Para mí era importante representar ambos mundos de la forma más justa posible, tratando de no juzgar ni al uno ni al otro y poniendo en pantalla lo que yo veo: o sea que es muy difícil, hoy en día, que en Colombia esos mundos se junten armoniosamente y que, sin embargo, en cada mundo, antes que plata, hay gente que trata de ser gente de bien. Es raro porque muchos me han dicho que durante toda la película esperan un drama fuerte (que el niño se caiga del caballo, que se ahogue, etcétera) y creo que es tal vez el mismo drama que en el fondo esperamos cada vez que salimos a la calle en Colombia: como si un dios debiera castigar la injusticia”.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación