De izquierda a derecha: Jude Law, Guy Ritchie y Charlie Hunnam.

Guy Ritchie: “El cine es un proceso visceral”

Al igual que hizo en sus películas sobre Sherlock Holmes, el cineasta británico decidió destruir y reconstruir a su antojo otro emblema de su cultura en su más reciente obra, 'Rey Arturo: La leyenda de Excálibur', que se estrena en el país el 18 de mayo. Nos sentamos con él en Londres para hablar sobre mitos, humor y cultura.

2017/05/22

Por Janina Pérez Arias* Londres

Lo maravilloso de hacer cine es que puedes reescribir las reglas del juego”, dice Guy Ritchie. A pesar de contar con una filmografía modesta, el cineasta británico ha logrado desarrollar un sello personal aclamado tanto por la crítica como por el público. Con Juegos, trampas y dos armas humeantes (1998), su debut en la gran pantalla, el británico llevó a la audiencia al mundo de los bajos fondos y allí mismo regresó en sus dos próximos éxitos internacionales: Snatch: Cerdos y diamantes (2000) y RocknRolla (2008). Un años después, en sus manos recayó la figura sagrada de Sherlock Holmes (2009 y 2011), la cual Ritchie no dudó en reinventar (o más bien reescribir), sacudiéndole el polvo y convirtiéndolo en un hombre que suda, pelea a puños y sangra.

Próxima a estrenarse está King Arthur: Legend of the Sword (Rey Arturo: la leyenda de Excálibur), otro mito británico que Ritchie se ha encargado de desmontar como guionista, productor y director. En esta versión, donde se mezcla el cine de aventuras, acción y fantasía, se cuenta la génesis del rey Arturo (Charlie Hunnam), quien crece como un pequeño pero adorable delincuente hasta que saca la legendaria espada de la piedra y le llega la hora de enfrentarse a su tío Vortigem (Jude Law).

Guy Ritchie nos recibió en el fabuloso hotel Claridge’s en Londres, con el sosiego y alivio que solamente puede otorgar haber concluido una película después de dos años de trabajo.

¿Cuál fue su intención al hacer una película sobre la leyenda del rey Arturo?

Me interesé en el reto de tratar de hacerla contemporánea. Gran parte de ese desafío radicaba en cómo me enfrentaría a este género cinematográfico, que no había tratado nunca antes, entonces me pregunté cómo podía hacerlo relevante hoy, descubrir la esencia de la mitología e intentar capturarla. Por otra parte, me confronté con la disyuntiva de cómo convertir a“un buen chico” en un “tipo interesante”, cómo hacer que el rey fuese atractivo, un monarca que le importa a la gente, y cómo se podía establecer una relación con la audiencia al hacer de ese rey un hombre normal. Existen millones de razones que te puedo decir por qué me atrajo esa leyenda o la mitología del Rey Arturo. Supongo que hice el intento de captar la esencia de su evolución, que es en sí lo que se relata en esta película.

En su empeño por filmar la contemporaneidad, ¿en qué medida tuvo presente el universo de superhéroes que abundan en la gran pantalla hoy?

Esa pregunta me remite más bien a la polarización entre televisión y cine. Hasta cierto punto el cine se ha convertido en un formato sensacional; la audiencia se pregunta “¿por qué tendría que ir al cine si la televisión me puede ofrecer tanto?” Entonces, el cine necesita brindar aún mucho más de lo que hacía antes, necesita ser una especie de evento debido a que la televisión se ha convertido en un medio muy atractivo para el público. Y de allí se produce la polarización entre lo que el cine y la televisión tienen que hacer hoy. Estoy consciente de las reglas del cine contemporáneo, que debe ser toda una experiencia, de lo contrario no tiene sentido, y te verás haciendo sencillamente televisión.

Si el cine tiene que ser un evento, ¿qué pasa cuando se convierte en algo más grande que la vida misma? ¿Cuándo se da cuenta de que debe ponerse un límite?

Bueno, recuerda que en Rey Arturo tenemos 300 elefantes (se sonríe). Y con eso nos quedamos en el mundo fantástico. Si voy al cine, es para ver todo aquello. En ciertos filmes se sustenta un balance, pero particularmente en este género, tienes que reescribir las reglas de la llamada realidad. Lo aceptas o no. Es que uno se puede permitir ser bastante fantástico y supongo que es por eso que este trabajo es interesante, porque en realidad no necesitas atenerte a las reglas, Sin embargo, tengo que admitir que existen ciertas “reglas de credibilidad” que se toman en cuenta tanto en la narración como en la esencia de la película. No creas, sí que tuve mis momentos de “¡Oh, eso es demasiado para mí!” (se ríe). No sé, es una cosa que se tiene que sentir, que el actor debe así mismo sentir, y el director tiene que percibir esa sensibilidad hasta el final, aunque te empeñes en tener 300 elefantes (se ríe).

Desde el punto de vista cinematográfico, es notable la manera como usted narra la historia, fragmentando diálogos que se suceden en diferentes momentos, o contando desde diferentes puntos de vista un mismo diálogo, dándoles dinamismo y humor a las escenas. ¿Se planteó esta forma desde el principio?

No lo había pensado hacer así hasta un año después de haberla rodado…

¿Acaso temía que fueran recursos reconocibles de sus filmes anteriores?

Sí, pero surgió de esa manera. Mi intención era hacer algo diferente, pero inevitablemente pensamos que esos recursos eran los ideales.

¿Cuál es el secreto para lograr un óptimo resultado en la edición?

Soy muy cuidadoso con eso de dar algún consejo porque en realidad no entiendo del todo el proceso (se sonríe). Lo único que sé con certeza es que se suceden muchísimos felices incidentes, aunque también surgen ciertas desgracias (se ríe). Tienes una misión, que en realidad es una pregunta relacionada con tu objetivo, pero también es cuestión de construir puentes para llegar al destino final.

A mí no me da miedo el proceso, sino más bien lo tomo como un desafío. Al principio puede que esté algo asustado, pero cada día me dedico a construir esos puentes para llegar a mi destino. Durante el rodaje se trata de echar mano a los instintos tanto como sea posible, porque luego te puedes ocupar de los detalles. Intuitivamente empiezas a sentir que lo que haces tiene como punto de partida esa especie de caldero en lo que se ha convertido tu mente. Y es que en realidad más que un proceso intelectual, el cine se trata de uno visceral e intuitivo.

Charlie Hunnam interpreta al rey Arturo en la película.

Su cine siempre se ha caracterizado por su desparpajo, humor y frescura. ¿Siente que al hacerse mayor se está volviendo más serio?

¿Te refieres a volverme “convencionalmente serio”? (se ríe). Es muy duro… Pienso que inconscientemente estoy experimentando un proceso orgánico. Sería interesante responder a esa pregunta en los próximos diez o veinte años (se sonríe). Estoy consciente de que el cine que me gusta, o más bien muchas de las películas que me encantan, son “serias”. Sin embargo mi naturaleza se adueña de la película, y eso lo veo particularmente en este filme.

Para ser honesto, el uso del humor no fue tan intencional, pero me di cuenta de que inevitablemente el mismo entraba a hurtadillas en la historia (se ríe). Eso me alegró mucho porque tenía que surgir de una forma más bien orgánica. Había tomado la decisión de no ser gracioso, de no ser evidentemente entretenido, pero ya ves que no resultó (se ríe). Admito que quería hacer una película solemne, pero no salió así, sino algo diferente. Es que en el fondo eres lo que eres.

¿Por qué quería que fuese solemne?

Porque por lo general las películas de este género son así, y ese era mi objetivo. Pero entonces te pones a hacer una escena, y la misma te da la vuelta, como que tus sensaciones te conducen por otros caminos. Eso es todo un reto, porque al mirar de cerca un género en particular, lo que puedes lograr es que te intimide, especialmente si estás acostumbrado a hacer otro tipo de cosas. Te dices: “No voy a ser un pelmazo”. Sherlock Holmes, por ejemplo, se presentaba como un drama de época ambientado en la Inglaterra del siglo XIX. Me dije “¡demonios!”, pero me puse manos a la obra de todos modos. A medida que me empecé a familiarizar con esos diferentes elementos que antes me resultaban exóticos e intimidantes, se me hizo una tarea desafiante y emocionante. Y el género en el que está enmarcado Rey Arturo no es una excepción, a pesar de que es difícil.

Usted ha tomado dos mitos ingleses, Sherlock Holmes y el rey Arturo, para destruirlos y reconstruirlos a su antojo. En esa reinvención, ¿qué papel han jugado los recuerdos de su infancia?

Me sentí lo suficientemente cómodo en los terrenos del rey Arturo o de Sherlock Holmes, ya que tenía referentes culturales y personales para reconstruir mis remembranzas partiendo más que todo de mis sensaciones. Todo esto ha sido un proceso más visceral que intelectual. Había cosas que me eran muy familiares. Al fin y al cabo, no hice El séptimo samurái (se sonríe). He trabajado con lo que culturalmente hablando me es cercano. Admito que no es que me haya sentido del todo cómodo evocando la leyenda, aunque sí estuve a gusto lo suficiente como para trabajar con ese material.

La magia es otro elemento importante en la leyenda y, por ende, en esta película. ¿Qué tanta magia necesitamos en estos días y cuál es el significado de la magia para usted?

Podría hablar durante un buen rato al respecto… El otro día leí algo bastante interesante sobre la suerte. Era un texto que sostenía que la suerte, o la oportunidad, en realidad no existe, sino más bien lo que hay es nuestra incapacidad de rellenar el espacio existente entre causa y efecto. No existen cosas como “milagro” o “suerte”, pero sí nuestra incapacidad debido a las limitaciones de nuestra mente que nos lleva a identificar algo como “sencillamente suerte”, lo cual viene a ser como una coartada conveniente o una respuesta sencilla. Eso mismo se podría decir de la magia. ¿Existe la magia o lo que tenemos es la incapacidad de entender verdaderamente la fabricación de una realidad?, o ¿es la magia realmente una especie de versión abreviada de describir las leyes naturales?

Acojo la magia, pero probablemente más en el sentido del entendimiento de que existe un vínculo hacia ella; tal vez la realidad no sea tan mágica como lo permite la imaginación, pero hay una sensación maravillosa que se obtiene a través de la no comprensión de las leyes de la naturaleza. Es la misma sensación que tienen los niños con la magia. Sospecho, sin embargo, que ella está correlacionada con algo aún más profundo e intuitivo también.

*Periodista.

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