Pedro Adrián Zuluaga comunista de Arcadia.

Janis Joplin: más que una chica triste

Mediante cartas, archivos de entrevistas, grabaciones y conciertos, y testimonios de amantes, familiares y amigos, Amy Berg presenta a Janis Joplin como un ser humano complejo y una artista orgánica y visionaria. Pedro Adrián Zuluaga reseña el reciente documental 'Janis' que se estrenó sobre la artista.

2016/01/27

Por Pedro Adrián Zuluaga

Con el recuerdo fresco de películas biográficas como Steve Jobs o La red social, en cuyos créditos como guionista coincide el sobrevaloradísimo Aaron Sorkin, era natural tener reservas acerca de Janis, el documental sobre el ícono femenino del rock en los años sesenta. Jobs, Zuckerberg y Joplin son figuras paradigmáticas de creatividad, rebeldía o autodestrucción; tienen la dimensión de héroes que nunca traicionan una visión y que le entregan a la sociedad su “fuego prometeico”. Al ser moldeados por ese sistema de pensamiento de Hollywood, estos héroes son presentados como incapaces de hacer transacciones así el precio de su vehemencia sea la destrucción de los otros o de sí mismos.

Los héroes norteamericanos recientes, o al menos algunos de los que alcanzan la dimensión de prototipos, viven en el corazón de un trauma íntimo extraordinario, capaz de explicar su destino como personajes incluso más allá de las determinaciones sociales. Esto era cierto también para una película que, como Ciudadano Kane (1941), se autopromocionó como la gran iconoclasta, cuando en realidad no hacía más que llevar a un estilo narrativo y formal depuradísimo los valores de la cultura popular de Estados Unidos.

Janis, pese a ser un documental y a su carácter aparentemente fragmentado, toma elementos de esa narrativa de lo excepcional y de lo traumático, pero a la vez es capaz de mantener una ambigüedad. Mediante cartas, archivos de entrevistas, grabaciones y conciertos, y testimonios de amantes, familiares y amigos, Amy Berg presenta a Joplin como un ser humano complejo y una artista orgánica y visionaria. Janis estaba conectada no solo con su propio dolor sino con las incertidumbres de una década de cambios radicales como la de los sesenta, donde la vorágine de transformaciones era imposible de asimilar en un estado de sobriedad o apatía. Su intensa necesidad de amor y atención, no es explicado por la película a partir de un acontecimiento privado que como el Rosebud de Charles Foster Kane, concentre todo el sentido de una vida.

Janis provenía de una familia acomodada de Port Arthur, Texas. De esa medianía provinciana, tan dada al conformismo, extrajo su agudo sentimiento de inadecuación. El documental se desliza a ratos en explicaciones y obviedades. Entonces Janis habría sufrido porque no fue suficientemente amada o no respondía a un ideal de belleza. Pero para ser justos, la mayor parte del tiempo lo que Amy Berg muestra, gracias al montaje que hace de los materiales que busca y encuentra, es a una fuerza de la naturaleza que supera las restricciones a las que estaba sometida. Lo que Janis pareció entender es que esa dolorosa sensación de desamparo emocional o el no corresponderse con las normas resulta, en la vida de las personas, más la regla que la excepción.

La visión desgarrada que Janis maduró y profundizó estaba destinada al encuentro con el blues, como un arte ideal para expresar el dolor colectivo. Parecía imposible, tal como se menciona en la película, que una cantante blanca se conectara de tal forma con las fuentes del sufrimiento. Pero tanto Janis como otros artistas de su generación tuvieron el mérito de ir más allá de sus límites de clase, género o raza, y encontrar lo común de la humanidad. Así que la “pequeña niña triste” del título original de la película, Janis: Little Girl Blue, a su vez tomado de una de las canciones de la artista, describe solo a medias la compasión que domina su música.

La autodestrucción de Janis a causa del uso continuado de heroína y alcohol es un asunto al que el documental le da suficiente despliegue. Estos excesos no se muestran solo como un sacrificio personal. Son como el lado lunar de una sociedad cuyo sistema heredado de valores estalló. Individuos especialmente dotados, talentosos y sensibles como Janis Joplin pagaron con la desintegración de su yo, el privilegio de vivir en una época así.

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