Foto: Europa Press/ Getty Images/ Pedro Almodóvar.

El corazón de Almodóvar

El creador de inolvidables películas como Todo sobre mi madre, Volver o Hable con ella presentó su más reciente producción, Julieta, en el Festival de Cannes, donde compitió por la Palma de Oro. Arcadia habló con el cineasta español.

2016/06/28

Por Janina Pérez Arias*

Pedro Almodóvar (Calzada de Calatrava, España, 1949) irrumpió en el panorama cinematográfico hace tres décadas. Transgresor, barroco, rebelde sin frenos, creador de divertimentos, tragicomedias sociales e historias de arrebato pasional; ninguna lista puede abarcar su sustanciosa producción filmográfica que con Julieta, su más reciente largometraje, arriba a la veintena.

Esta vez, el cineasta, en pleno goce y disfrute de su madurez, tomó relatos de la canadiense Alice Munro, le fue muy infiel –tal como es su costumbre–, y los hizo suyos para crear Julieta, protagonizada por Emma Suárez y Adriana Ugarte, un melodrama con denominación de origen almodovariana, donde una mujer explora las oscuridades del sufrimiento, del abandono y de la pérdida.

El desarrollo de Julieta coincidió con algunos problemas de salud suyos. ¿Cómo le influyó esa experiencia en el proceso creativo de esta película?

Creo que todo te influye en tu obra. Yo, que no hago trabajos de encargo, que soy independiente, dependo de la inspiración para ponerme a trabajar. La experiencia del dolor profundo por problemas muy severos de ciática, además de una operación de la espalda, aunado a la soledad que he vivido durante estos años, están presentes en Julieta. En aquel momento de mi vida estuve condenado a esa soledad, a recorrer pasillos y calles solo, y mi vida se proyecta en mis películas de un modo inconsciente, es algo que no pretendo. Si hubiera escrito esta historia en los años ochenta o noventa, el personaje de Julieta no hubiese estado solo, habría salido a la calle para hacerse visible. Su nostalgia hubiera sido de otro modo, a pesar de que creo que ese dolor de cuando una hija te abandona es lo peor que le puede pasar a una madre.

Usted tuvo que cambiar el nombre que tenía originalmente para este filme, ya que había otro proyecto internacional con ese título. ¿Le afectó en algo ese cambio?

Silencio era el título previsto, y también se llama así el más reciente trabajo de Martin Scorsese. Empezamos a rodar casi a la vez, y en principio ambos teníamos derecho a usar ese nombre. La de Scorsese se llama Silencio como la novela de Shusaku Endo, en la que está basada la historia; es un libro maravilloso sobre unos misioneros jesuitas del siglo XVII que pretenden evangelizar a los japoneses. Se trata del silencio de Dios, porque esos jesuitas, entre torturas y persecuciones, se preguntan cómo es que Dios está permitiendo eso y pone tantas dificultades.

A mí me gustaba mucho ese título, además de que uno de los relatos de Alice Munro se llama así. Me gustaba porque entre los personajes principales de Julieta hay décadas de silencio, lo cual genera el sentimiento de culpa, y hace que ellos se conviertan en desconocidos. Por eso es que para mí Silencio era un título esencial, pero Paramount ya había empezado a rodar, y nos dijo que no podíamos usar ese nombre en varios mercados, como por ejemplo en Estados Unidos. Hubiéramos podido usarlo en España, y en otros mercados nos querían poner Almodovar’s Silence. Yo ya no estaba seguro, y un filme con diferentes títulos en diversos países me parecía que no era una buena idea… Con todo eso, decidí que se titulase Julieta, aunque me hubiera encantado que se llamara Silencio, la verdad.

En Julieta dos actrices diferentes interpretan a esta mujer en dos etapas de su vida. ¿Cómo logró la simbiosis entre Emma Suárez y Adriana Ugarte?

Desde el inicio tenía claro que quería a dos actrices porque no creo en el envejecimiento con maquillaje, es más fácil rejuvenecer. Como se trata de dos personas diferentes, al principio dudaba si una tenía que imitar a la otra, pero llegó un momento en el que nos olvidamos de eso, porque lo importante era que cada una de ellas representara la edad de la película. Me gustaba la idea de que se llegase a creer que la Julieta joven parezca casi la hija de la Julieta madura, lo que le da un aire de misterio, y de cuento de hadas a la narración de esa parte de su propia vida durante su juventud interpretada por Adriana.

Tener a dos actrices diferentes para interpretar un solo papel no es nada nuevo. Un paisano mío, Luis Buñuel, había hecho algo parecido hace mucho tiempo de un modo más radical y descarado. Fue en Ese oscuro objeto del deseo (1977), donde Ángela Molina y Carole Bouquet interpretaban una la parte apasionada y la otra la fría de un mismo personaje. ¡Eso sí que fue mucho más arriesgado!

Los colores están muy presentes en sus películas, pero sobre todo el rojo es muy predominante. ¿Qué significa el rojo en Julieta?

En la cultura española el rojo representa sobre todo la intensidad en todos los aspectos, en especial en lo pasional, en lo sexual. Es un color que me gusta mucho, es definitivo, o sea, es lo contrario de uno banal. Tienes que estar seguro a la hora de poner un rojo, y tienes que tener muy en cuenta con qué lo combinas. Hace mucho tiempo que experimento con los colores, y les he perdido el miedo.

Julieta empieza con un rojo que es el color de la sangre, se ve como una especie de tela, como si fuera un telón de teatro que palpita. Después descubrimos que debajo hay una mujer y que se ve el lado del corazón. Es una declaración: “Desde aquí voy a hablar, y me dirijo a este específico lugar de la anatomía”.

En cada una de sus películas se ven guiños, referencias y homenajes a otros artistas. ¿Qué tan importante es para usted plasmar esas admiraciones?

El arte está muy presente, lo cual ayuda al filme y a los personajes, e incluso a la propia narración. En principio trato de que explique un poco a los personajes, pero en cualquier caso proyecto mi propio gusto hacia determinados artistas. Voy tratando de buscar una emoción, pero trato de que todas esas referencias funcionen estéticamente, que sean fotografiables, que no resulten disparatadas.

¿Vuelve a ver sus películas?

No. Cuando las veo es por casualidad, por algún asunto técnico, o porque estamos haciendo alguna restauración, pero sobre todo por azar, cuando pongo la tele, porque como son ya 20, ¡en algún lugar están poniendo una peli mía! Me quedo viéndola entonces como media hora, y generalmente –¡no siempre!–, me siento orgulloso de haberla hecho. Me desvinculo mucho, ya que no las vuelvo a ver, y con muchas de ellas hay de por medio 30 años desde cuando las hice.

Se dice que en los actores hay un antes y un después de haber trabajado con usted. ¿Está consciente de esa percepción?

No creo ni en la buena ni en la mala suerte, pero si he de creer en algo, sería en la buena suerte. Reconozco que la gente que ha trabajado conmigo ha tenido luego mi buena suerte. No creo que sea yo el que se la dé, porque he trabajado con parte de los mejores actores y actrices españoles, de manera que he sido yo el afortunado.

Es también maravilloso ver cómo crece la gente con la que he trabajado, constatar cómo se hacen notar en otros lugares. Me encanta ver que Penélope (Cruz) haya llegado al cine americano, para convertirse en lo que es hoy. Siento orgullo, como parte de mi familia, tal como si yo fuera la madre y el padre.

Ha dicho que Julieta estaba en vías de ser una película en inglés, y que ya había conversado con una actriz muy famosa para ese papel.

En efecto, lo había hablado con Meryl Streep. Ella estaba de acuerdo, conocía los relatos de Munro, estuvimos hablando bastante. Yo soñaba con trabajar con ella, y Julieta era un vehículo muy apropiado. Hubiera hecho una película muy distinta a la que hice en España, claro… Pero en último momento, me invadió la inseguridad.

¿Sigue desechando la idea de hacer una película en Hollywood?

Hay muchas actrices y actores americanos con quienes me gustaría trabajar, pero no sé si tengo el dominio suficiente de la lengua, y sobre todo el conocimiento de la cultura americana. En algún momento tal vez acabe haciendo algo…

Aunque estuvo muy cerca de rodar una adaptación de la novela de Pete Dexter The Paperboy

Sí, llegué a escribir el guion también en inglés. Estaba pendiente de mejorar algunas cosillas, y hasta fui a Jacksonville (en Florida, Estados Unidos). En el último momento me eché para atrás. Sigo creyendo que The Paperboy es un extraordinario artefacto literario para el cine, y que dentro de esa historia hay una maravillosa película que todavía no se ha hecho. A mí no me gustó la que hizo Lee Daniels (en 2012, con Nicole Kidman y Matthew McConaughey), de manera que alguien debería hacerla.

Muchas de sus historias se centran en Madrid, ¿qué significaría para usted salir de ese entorno?

En Julieta tengo a Madrid como centro, como base, pero también rodamos en Galicia, en Andalucía, en los Pirineos y en otros lugares. Siendo visitante de distintas ciudades en el mundo, no sé si en mi etapa futura abordaría otros entornos. Necesitaría llevar un tiempo para estar seguro que conozco los detalles cotidianos del país.

Woody Allen se atrevió a abandonar Nueva York…

Creo que Woody Allen sigue siendo absolutamente Woody Allen sin importar dónde esté. También pienso que su discurso es el que ha ido construyendo a lo largo de 46 películas, por lo que no le importa tanto saber cómo se toma el café en Roma o cómo se comportan los camareros en esa ciudad o cómo funcionan las lavanderías. Yo sí necesitaría saber en qué lugar me tomo el café, si leo el periódico allí o en el ordenador, si hablo o no con los camareros, cómo me relaciono con la gente en la calle…Yo sí requeriría de esa experiencia, porque necesito sentirme más familiarizado con el lugar, y eso me tomaría tiempo. Sin embargo, estoy abierto, aunque no llevaría una vida itinerante tal como ahora la lleva Woody Allen.

¿Qué piensa de las versiones teatrales de sus películas?

Cuando una película está viva, uno debe entenderla como apetezca, y si quieren hacerle una adaptación, pues adelante. A todas esas versiones les he dado mucha libertad. Todo sobre mi madre funcionó muy bien en diferentes lugares, tenía muchas ganas de ir a Suecia a ver el montaje de esa pieza porque se me hacía que sería como verla al estilo (Ingmar) Bergman, y a mí me apasionaba la idea (se sonríe).

Sobre el musical Mujeres al borde de un ataque de nervios, a pesar de que pienso que había bastante talento, en las canciones, en el modo de dirigir, etc., me hubiera gustado que hubiese sido mucho mejor. La última vez que la hicieron fue en Londres, y estuvo seis meses. A los adaptadores les di absoluta libertad, la misma que quisiera para mí si adaptase alguna historia, pero tengo la impresión de que ellos tratan de capturar algo que es absolutamente personal, y no sé si es el mejor modo de acercarse a mi obra. Les deseo siempre lo mejor, y después, si no lo consiguen, pues lo siento por ellos, pero no puedo ser crítico con esos trabajos.

*Periodista

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