La vida del ingeniero José Antonio, fue documentada en 'Infierno o Paraíso'.
  • La eterna noche de las doce lunas, de Priscila Padilla
  • Don Ca, de Patricia Ayala, fueron programados en las salas de cine del país.

Verité o mentiré: hagan sus apuestas

En Colombia se producen anualmente cientos de documentales que la mayoría del público jamás ve. Se trata de un silencioso fenómeno que este año cobró relevancia con la proyección de 'Infierno o paraíso', 'La eterna noche de las doce lunas' o 'Don Ca' en salas comerciales. Aunque muchos coinciden que falta promoción, algo está pasando.

2014/12/10

Por Tatiana Andrade Mejía* Bogotá



La primera vez que entré al Cartucho entré con César, un loco que se llamaba el Ratón, ingeniero también… Él está muerto. Es cuestión de que ya convivo con la muerte constantemente. Me parece muy normal que la gente se muera pero me parece muy anormal que la gente se asesine”. Esta es la voz de José Antonio, el personaje del documental Infierno o paraíso, del director Germán Piffano, quien siguió de cerca y durante casi 14 años, la odisea de rehabilitación de este ingeniero venezolano-español, desde su adicción al bazuco, cuando vivía como indigente en el callejón de la muerte del antiguo barrio Santa Inés, hasta conquistar una aparente vida normal en Sevilla, España. El documental se estrenó en Bogotá el pasado 23 de octubre, en las salas de cine Royal Films, un circuito alternativo de distribución de películas, y cinco semanas después sigue en cartelera. Desde su estreno en el pasado FICCI, Infierno o paraíso ha capturado el interés del público, no solo por la cruda realidad que muestra, y por los registros de la demolición del Cartucho y el desalojo de miles de familias indigentes, sino porque parece ser que este tipo de cine tiene una voz que marca diferencia. Los índices de audiencia del cine nacional están en picada desde hace varios años, pero pareciera que los documentales están ganando cada vez más seguidores y entonces aparece la pregunta de si se trata, en verdad, de una ventana diferente para observar nuestra realidad.

Luis Ospina, uno de los padres del documental en Colombia y a la vez crítico de las producciones de documentalistas nacionales, le otorga valor al documental porque permite una profundización única que, además, “si es bueno, produce una interpretación de la realidad y sirve como instrumento de contra información al discurso dominante. Ese quizá sea el aporte que le hace el documental no solo a la realidad colombiana sino también a la problemática social en todo el mundo”. Al respecto, la documentalista colombo-alemana Josephine Landertinger, recientemente ganadora del Premio Emerging Producer 2015, quien representó a Colombia en el Festival Internacional de Cine Documental de Jihlava, considera valioso hacer documentales en Colombia “para mostrarle a la gente que hay otro tipo de narrativas”. La producción de cine de autor es esencial para hacer un contrapeso a las producciones de Hollywood y a los estrenos anuales de comedias nacionales que tienen garantizada la afluencia del público al aplicar una fórmula de guion bien estudiada, pero con propuestas que no cuestionan, indagan o profundizan en historias íntimas; historias, en fin, que conecten con el público y que le otorguen la oportunidad de ser un espectador real, interpretativo y en diálogo con una experiencia artística.

La verdad no es el fin último del documental. Si bien es cierto que Infierno o paraíso es una obra meritoria al asumir una posición antropológica y social –lo cual le otorga verosimilitud al relato al registrar la rehabilitación del personaje– por esa misma intención de verismo, no hay una posición clara del documentalista. Aunque sería interesante conocer la mirada del realizador y la interpretación de esa realidad descarnada, el personaje parece recordar los documentales de los años setenta, cuando la “pornomiseria” –otro término acuñado por Ospina y Carlos Mayolo– se convirtió en la norma para hacer cine documental en Colombia. Elisa Puerto Aubel, guionista española y autora del falso documental de denuncia política Rajoya, insiste en que “un buen documental toma su trama principal como excusa para denunciar otro tema por debajo, que le llegue con más intensidad al espectador”. Al respecto, Luis Ospina hace énfasis en que “no hay que confundir el documental con la verdad ni con la objetividad: quizá por eso me inventé, un poco en broma y un poco en serio, el término “cinéma mentiré” cuando hice el falso documental, Un tigre de papel”, obra que cuestiona los mecanismos narrativos del documental.

Sandra Molano, quien recientemente estrenó Defensora pública, un documental que apuesta por seguir los giros de un personaje crudo y a la vez cómico-pesimista —una abogada que se involucra con sus defendidos— cree que Colombia está asistiendo a un boom de documentales: “Hay una necesidad de que se cuente la realidad de otra manera. No hay miedo a arriesgarse a experimentar con el lenguaje y con el género”. Quizá la Muestra de Cine Documental de Bogotá (MIDBO), realizada el pasado octubre, sea una prueba de que este género está buscando nuevos caminos. Además de la exhibición de varios documentales, se inauguró WebDocs, un taller de documental interactivo, con énfasis en proyectos transmedia. Allí convergieron Florent Maurin, Simón Duflo, Taller Estampa y Jorge Caballero para explorar las narrativas contemporáneas del Documental en la era de los cambios tecnológicos. Días después, el nombre de Jorge Caballero volvió a sonar, al recibir el Premio Nacional de Documental de la Convocatoria de Estímulos 2014 entregada por el Ministerio de Cultura, por Nacer, diario de maternidad, un retrato doloroso del significado de nacer en el desastrado sistema hospitalario colombiano. Christian Sida-Valenzuela, realizador mexicano y uno de los jurados del premio, calificó la cinta de Caballero como un trabajo que no es amateur o de encargo televisivo. Sin embargo, quiso insistir en que solamente diez de sesenta trabajos tenían “una calidad suficiente para ser mostrados en festivales internacionales” y concluyó que “el cine documental colombiano puede ser mejor”.

Si bien es cierto que el éxito en salas de Infierno o paraíso es un hecho aislado –quizá secundado por la exhibición de Don Ca, de Patricia Ayala, o La eterna noche de las doce lunas, de Priscila Padilla–, pues el sistema de distribución comercial no permite que un documental o, incluso, una película nacional estén en cartelera más de una semana, es oportuno reconocer que el Ministerio de Cultura está realizando proyectos interesantes para darles nuevas ventanas de formación y distribución a los documentales en Colombia y en el ámbito internacional. Ricardo Ramírez, asesor de la Dirección de Comunicaciones, junto con su equipo, llevará a cabo durante el 2015, en representación de Colombia, el liderazgo de la quinta edición de Doctv, un proyecto bianual que convoca a 18 países de Latinoamérica a concursar para la producción de un documental en cada país, cuyo objetivo es alimentar la parrilla de programación de los canales públicos de América Latina con la exhibición de los documentales ganadores. Por su parte, Adelfa Ramírez, directora nacional de Cinematografía, está preparando el lanzamiento de una plataforma de distribución de cine latinoamericano, liderado por Colombia, con la participación de Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador y México: “En el primer trimestre del año 2015 se publicarán los estudios sobre la política latinoamericana de distribución de contenidos y sus modelos de negocios. Y en esta plataforma va a existir una ventana clara para el documental”.

Estos esfuerzos del sector cultural son interesantes, pero al parecer, para el medio, no son suficientes ni rentables y a nivel de distribución, salas como Royal Films, Cine Tonalá o Cinemanía no suplen la demanda de exhibición de la gran producción de documentales nacionales. Sin embargo, Señal Colombia, el canal oficial del cine nacional, programa varias de las series documentales que se realizan en el país y, en sinergia con los canales regionales, ofrece una plataforma para los nuevos documentalistas. Series como Gente de papel, Los hijos del volcán o Puntos cardinales están explorando nuevas temáticas y una mirada renovada de la sociedad. Y a la par de los canales institucionales, no hay que desconocer que el documental también está permeando la franja de los canales privados. El nuevo espacio de Especiales Caracol promete documentales de buena factura donde los momentos históricos de la realidad colombiana y sus personajes son los protagonistas. Basta ver el rating del último documental Buenaventura, no me dejes más, sobre Yuri Buenaventura, uno de los artistas latinos más influyentes en Francia, producida por Laberinto Cine y Televisión, para entender que el público colombiano está dispuesto a apostarles a nuevas formas de contar historias.

Lea también:


Opinión Lucas Ospina: El documental como monumento.

Don Ca: Retrato de un hombre libre.

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