El actor David Aldana en la segunda parte de Violencia. Fotograma

Víctimas y victimarios desde el cine arte

Después de su celebrado estreno en la pasada edición de la Berlinale, la ópera prima de Jorge Forero, un sutil y doloroso tríptico del conflicto armado que vive el país, se estrena en salas enmarcada como una obra de arte: el 23 y 24 de octubre se proyectará en varias ciudades del país en la franja alternativa de Cine Colombia. Tendrá dos funciones más el 31 de octubre y el 1 de noviembre.

2015/10/23

Por Samuel Castro* Medellín

Decir “cine arte” debería estar mal visto. Porque cuando alguien lo hace, cuando alguien califica en público a una película como “cine arte”, al menos la mitad de las personas alrededor anotan mentalmente el título para no verla jamás. Usada muchos años después de que Ricciotto Canudo utilizara el término “séptimo arte” por primera vez, en 1911, para referirse al cine, lo de “cine arte” siempre ha parecido una contradicción. Si todo el cine es arte, ¿por qué algunas películas son más arte que otras? ¿Y quién puede juzgar y hacer la distinción?

Aunque la expresión se hizo popular en los cincuenta para referirse a ciertas películas cuyos propósitos artísticos fueran más evidentes que los comerciales, pronto fue una fórmula cómoda en los medios estadounidenses para designar casi todo el cine extranjero, que tenía menos presupuesto y estaba empeñado en tratar a la realidad con mayor crudeza. Al final, la cosa se simplificó a tal punto que hoy muchos en Estados Unidos todavía creen que basta con que una película tenga subtítulos para ser “cine arte”.

Por otro lado, muchas películas entraron a esa categoría cuando comenzaron a popularizarse las salas “de arte y ensayo”, programadas generalmente con los títulos que no se atenían a los canales más comerciales (y más caros) de distribución, y que algunas veces estaban alojadas en los museos, por lo que la frasecita se volvió demoledora: si era cine arte, la película desde su nacimiento, era “una pieza de museo”, lo que no parece el elogio que alguien quiera para su obra al comienzo de su carrera.

 

Vea el "making of" de Violencia exclusivo de Arcadia

Violencia, el primer largometraje del director Jorge Forero, es una pieza de cine arte si tomamos literalmente aquello de tener menor presupuesto que una película comercial (aunque jamás se nota, ni en la calidad de las imágenes, ni en el nivel actoral) y lo de mostrar con mayor crudeza la realidad. Porque lo que tenemos acá con altas dosis de nuestra realidad: la historia de dos víctimas y de uno de los victimarios usuales en esta violencia nuestra de cada día en Colombia. Un pobre hombre (los personajes no tienen nombres ni apellidos en la historia, para que nadie pensara que estas eran historias particulares y para evitar señalamientos y prejuicios) que está secuestrado hace años en la selva; una pobre muchacho que no sabe a qué lo llevan cuando le consiguen un trabajo lejos de sus adoradas rampas para bicicletas en Bogotá; y un pobre tipo que no sabe cómo enamorar a una mujer mientras determina los destinos de otras personas bajo su poder.

Como su director explica, la película surgió como idea hace cinco años, en uno de los picos de polarización del país, cuando las peleas en torno a quiénes eran los buenos o los malos, y los motivos de cada bando, eran pan de cada día. Y aunque en un principio la idea era que la cinta fuera mucho más descarnada, más gráfica, Forero siente (y así seguramente lo percibirá el público) que era más potente depurar las imágenes hasta dejar que las historias fueran contadas sin elementos superfluos ni distractores, con solo lo necesario para que pudiéramos conocer a esas personas, el momento de su existencia que están viviendo y para que, por unos minutos, realmente podamos ponernos en su lugar.

El autor como artista

Decir cine arte debería estar bien visto. Porque cuando alguien lo hace, cuando alguien se refiere así a una película, normalmente utiliza la expresión para decir que la historia es inteligente u original, que no apela a normas trilladas y se sale de las convenciones del género o que es la obra de un “autor”, como empezaron a ser llamados algunos directores de cine después de aquel famoso artículo de François Truffaut en Cahiers du Cinéma, que vino a darles el estatus de creadores a quienes querían expresar ciertas ideas con sus películas, y que ponían en su obra mucho de lo que eran, de lo que creían o de su formación previa. Resumiendo, de artistas.

Jorge Forero es egresado de Cine y Televisión de la Universidad Nacional, con estudios posteriores en Cuba y Brasil, y tiene un amplio bagaje en televisión educativa y cultural. Junto con Diana Bustamante, la actual directora del ficci, es fundador de Burning Blue, la joven productora colombiana de mayor prestigio en la actualidad, gracias a la buena figuración en importantes festivales internacionales de sus películas, entre las que se encuentran Los Hongos (2014) y La tierra y la sombra (2015). Violencia no fue la excepción y recibió reseñas positivas en la más reciente edición del Festival de Cine de Berlín. Pero a pesar de los logros, al hablar con Forero es fácil reconocer la constante reflexión sobre su trabajo, propia de los directores con vocación, antes que la suficiencia segura de los productores. Como él dice, frente a la incertidumbre de cuándo van a juntar de nuevo los recursos para filmar, los directores colombianos que desean crear una obra propia siempre están haciendo la película de su vida, una de las que puedan sentirse orgullosos si no vuelven a filmar más. Como si a un pintor le dieran solo un lienzo cada dos años.

Además de productor de Burning Blue, el bogotano Jorge Forero (1981) es director de cine. Acá, en una de las locaciones de Violencia. / Foto: Pablo Andrae

Después de ver Violencia uno puede no estar de acuerdo con todas las decisiones de guion y dirección de la película, pero conversar con Forero es entender que cada una de ellas fue fruto de una reflexión cuidadosa por su parte. Si el extraordinario diseño de sonido hace que los ruidos de la selva, esa especie de estática vegetal compuesta de rumores, aleteos y grillos, sea como un corrientazo de baja intensidad, una opresión constante en la sala de cine, se debe a que en casi todos los libros que leyó con los testimonios de los secuestrados, ellos hablaban de la selva como una cárcel al aire libre, un lugar en el que daba igual si les quitaban la cadena, porque no tenían para dónde coger. Era lo que él necesitaba para que el público se transportara al lado del secuestrado.

O si algunos de los espectadores se sienten ofendidos porque al paramilitar, que encarna con enorme talento el actor Nelson Camayo, no se lo pinta como un monstruo terrible en todos los momentos de su vida, la intención precisamente era recordar que las cosas nunca son blancas o negras. Que ese mismo tipo capaz de entrenar muchachos en labores de asesinos era el que saludaba amablemente a la señora que le servía el desayuno. Por este enfoque Forero recibió una de las reacciones más emocionantes en una proyección en Alemania, cuando al final un hombre de la platea se paró a decir que el episodio le recordaba a su papá, un oficial de la SS, que siempre fue el hombre más cariñoso y tierno con sus hijos, aunque venía de masacrar judíos en el campo de concentración en el que trabajaba. Igual que ocurre con las obras de arte que cuelgan en los museos, películas como Violencia adquieren nuevos significados según el público que las aprecie.

El arte de saber exhibir una obra de arte

Aunque las películas de cine arte no corran con el aprecio del gran público en Colombia (basta con ver la bajísima taquilla de Sueño de invierno, ganadora de la Palma de Oro de Cannes en 2014) año tras año crece la aceptación de los contenidos alternativos, en que las otras artes se aprecian a través de las pantallas de cine. Prácticamente es necesario adquirir el abono completo si uno quiere ver una función de la temporada de ópera de la Metropolitan Opera House, y en la reciente versión de Frankestein del National Theater de Londres hubo que programar una función adicional porque el público quería ver a Benedict Cumberbatch en los dos papeles principales. Hasta hubo un stand de Cineco Alternativo en la reciente ArtBo.

Se antoja entonces como un paso lógico exhibir películas ambiciosas, con una fuerte visión personal de su director, como Violencia, en el espacio de los contenidos alternativos. Nasly Boude, directora de la división Cineco Alternativo de Cine Colombia, le hizo esa propuesta a Jorge, quien aceptó, esta vez pensando como productor. No solo porque entiende que esta es una mirada estética a la violencia, que encaja más fácilmente en un menú en el que se incluyen las visitas a los museos, sino porque cree que el riesgo será beneficioso para la película. “Películas como esta tienen muy poco tiempo de vida en la cartelera comercial. El público de este tipo de contenidos sabe que se va a enfrentar a otro tipo de experiencia y tiene una disposición diferente”. Y además, como agrega Boude, contará con las ventajas de difusión que el programa ya ha conquistado.

Frente a si se ve entonces como un artista o como un director de cine, Forero acepta que hoy las fronteras entre una u otra definición no están tan nítidas. “Me veo como una persona que se expresa con imágenes”. Y cuando dice esto uno no puede dejar de pensar que algunos de los momentos más crueles que retrata Violencia están pudorosamente ocultos al público. En algún momento el secuestrado tiene una crisis, pero la oscuridad de la noche nos permite solo adivinarla a través de los sonidos y de unas pocas líneas que alcanzamos a reconocer; la víctima del torturador está fuera de cuadro casi siempre. Las interpretaciones podrían ser muchas: la violencia siempre está ahí, aunque no la veamos; ocultar la violencia no va a cambiar nada…cada quien podrá tener una cuando vea la película. Pero, como confesó Forero, nadie podrá quedar indiferente ni pensar que las respuestas son fáciles. Nadie podrá decir en reuniones sociales, como le tocó a él mismo escuchar, que “estamos en una guerra y hay gente que tiene que morir”, como si fuera una justificación válida.

Decir “cine arte” seguirá siendo un problema. Será la justificación para que muchos eviten esas películas que no se contentan con respuestas fáciles y, más bien, prefieren hacernos preguntas. Pero a lo mejor, por el camino que ha empezado a seguir Violencia, será la forma de que por unos pocos días todos los reflectores noticiosos estén puestos en una obra que merece la pena, y que el público que sabe apreciar estas películas no se las pierda.

 

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