Fotograma del cortometraje

Agarrando pueblo, Carlos Mayolo y Luis Ospina

2014/01/24

Por Lucas Ospina

Primera escena, una claqueta de cine en la mitad del encuadre dice: “Agarrando pueblo. Escena A. Toma 1”. La cámara se acerca a la entrada de una iglesia en Cali y vemos a dos hombres. Uno es un camarógrafo que filma a un viejo limosnero y otro, el director, observa, luego dice “corte”, le pide a la gente que se corra atrás, y le ordena al hombre de la cámara que vuelva a hacer la toma. En ese momento vemos las cosas como están siendo filmadas y del blanco y negro la escena pasa a color. El director dice al mendigo: “Mueva el tarro, mueva el tarro”; una mano entra a cuadro, lo asiste, el mendigo no parece entender lo que está pasando pero sonríe lelo y hace sonar las monedas del tarro. “Gracias, gracias, quedó bien”, dice el director, y los dos hombres salen afanosos de escena y se van sin dar limosna.

Las tomas siguientes son variaciones de lo mismo, “escenas de miseria”, “para mandar pa’ Europa, pa’ la televisión alemana”, como le responde el director al taxista que los pasea. “¿Qué nos falta? -pregunta el director-, faltan locos, mendigos, gamines, ¿qué más de miseria hay?”. En Bogotá filman gamines y de regreso a Cali visten a una familia con ropa de pobre para filmarlos frente a una casa de pobre escogida al azar por ser más pobre que las casas que la rodean. En plena filmación de la escena final aparece de la nada un hombre que los interpela. Resulta ser el dueño de esa casa, agarra un machete, se limpia el culo con los billetes con que lo pretenden comprar y amenaza al pobre actor que hace de pobre, le dice: “¡Abrí los ojos!”. Luego toma la cámara abandonada, le quita la película y danza con la cinta, la enreda en su cuerpo, parodia las preguntas que le hacía un entrevistador circunspecto a la familia que hacía de pobre. El hombre se ríe a carcajadas, en el rictus de su actuación se detiene y grita: “¡Corte!”, y pregunta: “¿Quedó bien?”.

Hasta aquí Agarrando pueblo es una sátira, un ejercicio que condena con sus propias acciones a todos los que hacen arte dentro del género de la pornomiseria. Pero la sátira también ata al que la hace al objeto de su ataque, y Luis Ospina y Carlos Mayolo, los directores de este cortometraje de 1978, también tuvieron que agarrar pueblo y ejercer cierta violencia para mostrar la misma violencia que retrataron. Sin dar limosna, porque en esta obra la manera de dar es diferente, aquí no hay paternalismo ni culpabilidad burguesa, Ospina y Mayolo terminan por compartir el rol de director con Luis Alfonso Londoño, el hombre de la danza macabra. “Dicen que las vacas que más cagan en el cine son los americanos, y ellos venían cagando desde hace mucho tiempo, pero ya no, ya hay otros que cagan más arriba, y más bastante, y nosotros los colombianos también podemos poseer ese don de movernos ante una cámara de cine, aunque nos falte cultura”, dice Londoño en este documental que parece falso pero que solo dice medias verdades o verdades y media, nunca la verdad.

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