Instalación

Alacena con zapatos, El Sindicato

2014/01/24

Por Oscar Roldán-Alzate

Algunas de las características fijadas a las artes plásticas por la Modernidad fueron el afianzamiento del trabajo solitario de los artistas, el ensalzamiento del genio creador y la decidida voluntad de cada uno de ellos por romper con la tradición y establecer nuevas tendencias. Todo esto fue expresado en las vanguardias artísticas que desde principios del siglo xx hasta finales de la década de los sesenta dominaron el mainstream.

Uno de los quiebres de esta realidad fue la agremiación colectivizada de artistas para sumar singularidades, en una fórmula que desdibujaba el principio de autoría. En 1978 un grupo de artistas autodenominado El Sindicato sorprendió la escena artística nacional al ser el ganador del XXVII Salón Nacional de Artistas. La obra, una cómoda o alacena de solo tres peldaños saturada con zapatos desechados, ponía sobre la mesa de discusión –de forma inusitada– dos tipos de objetos ordinarios, con naturalezas contrapuestas, que se reunían para crear, a través del ya sabido ready made, otros horizontes de sentido con singular relevancia en un país de alta desigualdad social. El nombre de la pieza no podía ser otro más que el demostrativo directo: Alacena con zapatos, una fuerte contradicción que habla del estado de las cosas, del hambre y de la falta de oportunidades, recuerda víveres que han sido reemplazados por el vacío que representa la ausencia de estos personajes que ya no están más en sus zapatos.

En 1976 Efraín Arrieta, Alberto del Castillo, Aníbal Tobón, Ramiro Gómez y Carlos Restrepo, desde Barranquilla, se propusieron cuestionar la realidad con formas no convencionales de arte, formatos mucho más cercanos a la vida misma. El resultado, un incisivo modelo de producción de arte conceptual y participativo como nunca antes se había visto en Colombia.

Esta pieza se volvió una obra referente del arte colombiano, no por ganar el importante galardón, sino más bien por el escándalo que este hecho suscitó, pues buena parte de la crítica consideró el veredicto como una burla al Salón. Sin embargo, esta obra es trascendente porque, una a una, las tipologías de la modernidad fueron desmontadas por ella. Primero, la decisión de conformar un colectivo con un nombre de ideología social proponía un palco privilegiado para la democratización de la acción creativa, para la apropiación del espíritu de “la idea” más allá de la noción de propiedad privada; segundo, el uso de soportes ordinarios y materiales pobres, desechados del sistema productivo, denotó un afán no por lo novedoso o por quebrar paradigmas; por el contrario, invitaba a tener una mirada atenta sobre nuestro entorno, sobre la contingencia del desarrollo y lo efímero de la vida. En tercer lugar, y como suma de lo anterior, el desmonte de la idea del genio creador es casi en sí misma la declaración de principios que hace Alacena con zapatos.

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