Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano

Alma provinciana, Félix Joaquín Rodríguez

2014/01/23

Por Mauricio Durán

En 1925, el abogado santandereano Félix Rodríguez dirigió Alma provinciana, película basada en una comedia teatral escrita por él mismo. Rodríguez escribió el guion, dirigió a los actores, diseñó y construyó los decorados, y procesó él mismo el revelado de la película. Ya había trabajado como exhibidor de cine en provincias y conocía el oficio cinematográfico desde su viaje a los Estados Unidos, donde hizo de extra en algunas películas.

 

Desde el recurso del melodrama, Alma provinciana explora dos tensiones paralelas: la generada por las diferencia de clases, y la que surge del choque entre las costumbres tradicionales de la provincia y la costumbres más modernas en la capital. El argumento entrelaza las historias de los dos hijos de un hacendado. La hija, enamorada del mayordomo de la finca, y el hijo que estudia en la capital, enamorado de una obrera. Esta segunda parte transcurre casi toda en diversos escenarios bogotanos, y conforma sin querer un invaluable documento histórico sobre la ciudad: vemos la llegada en tren; el modernista Parque de la Independencia; el metropolitano carnaval de estudiantes en plena carrera séptima; la pasión de los jóvenes por los carros; las candidatas al reinado de los estudiantes asomándose a balcones de las calle Florián; el barrio colonial de La Candelaria; la fuente de La Rebeca y la fachada del Salón Olimpia (la primera sala de cine en la ciudad); y la fábrica textil y el barrio obrero donde vive la novia del joven. También el costumbrismo hace su aparición en escenas como la del coqueteo del policía con la empleada doméstica, que en su descuido termina quemando la ropa que plancha.

La misma historia de la llegada del joven de provincia a la capital y su deslumbramiento con la gran ciudad y su ambiente bohemio, resuenan con la propuesta visual de Rodríguez y revelan un país que comienza tímidamente a darle la bienvenida a la modernidad, puesta en evidencia en la aceptación final por parte del padre de la relación de su hijo.

Las imágenes de Rodríguez describen la ciudad a través de postales en movimiento: nuevas construcciones, costumbres populares, fiestas y carnavales, retratos de muchachas y una reveladora panorámica de la ciudad observada desde los cerros orientales, que queda como testimonio documental de Bogotá a mediados de los años veinte. Gracias a la labor de la viuda de Félix Rodríguez y de la Fundación Patrimonio Fílmico, hoy se conservan las dos horas de esta película.

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