Banquete ofrecido al presidente Eduardo Santos en el Teatro Colón de Bogotá Mayo 2 de 1942

Banquete ofrecido al presidente Eduardo Santos en el Teatro Colón de Bogotá, Jorge Obando

2014/01/23

Por Carolina Sanín

El pie de la foto explica que en el Teatro Colón de Bogotá se ofreció un banquete para el presidente Eduardo Santos el 2 de mayo de 1942. Es una reunión social en un teatro transformado en club, es un acto político, es una función teatral en la que se representa el espectáculo del poder y es un cuadro en el que se repite un patrón decorativo.

En la cena, ¿quién es el anfitrión y quién el convidado? En el espectáculo, ¿quiénes son los actores y quiénes los espectadores? ¿Qué efecto produce el diseño que forman los personajes en el cuadro?

Los hombres asistentes al evento están repartidos en orden riguroso en el espacio escénico y el lugar del público, mirándose los unos a los otros. Presumiblemente forman parte, en su mayoría, del gobierno de la República, y por tanto son los supuestos representantes de la nación colombiana. Impresiona su uniformidad. Parecen uno solo cuya imagen se multiplica a lo largo de líneas que convergen en el punto más alejado de quien mira la foto, y provoca la ilusión de que no se repite en el espacio sino en el tiempo. El personaje duradero es hombre, es blanco (o lo que en Colombia se considera blanco), está vestido de impecable etiqueta o gala aduladora, es un comensal y está entre otros hombres.

Las mujeres se ubican en los palcos de los niveles segundo y tercero. En público no están mezcladas con los hombres con quienes conviven. Están relegadas pero, desde arriba, tienen la vista más amplia sobre el auditorio. Sus figuras no conforman un patrón regular como el de sus padres y esposos. No están todas vestidas de igual manera. Tal vez la variedad de atuendos les da algo con qué distraerse mientras no comen. El gallinero, encima de ellas, no alcanza a salir en la foto.

Los hombres sentados a la mesa del escenario, que suponemos conforman el círculo más interno del poder, han sido retratados de espaldas al lente. Vemos el perfil del presidente, de pie, pero no la cara de quienes lo acompañan. No sabemos quiénes son ni cómo son, pero, ya que las calvas y las canas están en primer plano, advertimos que su edad es más avanzada que la de la mayoría de quienes hacen el papel del público. Cada uno de los actores-comensales sostiene en la mano un papel que en la foto ha quedado en blanco. Es como si fingieran leer delante de los espectadores palabras que no existen, quizás el libreto que todos traen en la memoria. Debido a la disposición de las sillas, muchos de los ocupantes de la platea se ven obligados a mirar el escenario de soslayo.

No sé si ese personaje de rasgos más indígenas que los de sus vecinos, que aparece abajo a la derecha, hacia donde mira el presidente, se había dejado crecer un bigote hitleriano, o si lo que parece bigote es una mancha del tiempo.

Puede ser que la mesa del presidente esté en el proscenio, y que la escena sea lo que aparece más atrás, en la esquina inferior izquierda del cuadro, ocupada por platos vacíos. Detrás de la mesa principal del poder hay un hombre con traje de calle, sentado sin silla, junto a un maletín. La posición de su cuerpo es más relajada que la de los demás. Se puede ver que es mucho más joven que los actores. Mira al presidente y ocupa un lugar más alto que él. ¿Pertenece al foro o hace parte de la tramoya? ¿Está donde debe estar, o está fuera de lugar?

Cuatro años antes de tomada la foto, Eduardo Santos, dueño del diario El Tiempo, había sido elegido presidente sin que hubiera ningún otro candidato. Dos años después de eso, fue rechazada la reforma integral a la educación propuesta por el ministro Jorge Eliécer Gaitán, quien duró ocho meses en el cargo. Habían pasado casi catorce años desde la masacre de las bananeras. Faltaban quince para que a las mujeres se les reconociera el derecho al voto. El Teatro Colón había sido diseñado a finales del siglo anterior por Pietro Cantini, el mismo arquitecto a quien se encargó el Capitolio Nacional. El reportero gráfico es el antioqueño Jorge Obando (1894-1982), recordado por documentar los movimientos sociales de la primera mitad del siglo xx en fotos de congregaciones multitudinarias.

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