Congreso de la República de Colombia

Caconia, Hernando Martínez Rueda

2014/01/23

Por Catalina Holguín

Martinón (1907-1977) fue el apodo que sus amigos le dieron a este cirujano bogotano, miembro fundador de la hjck y políglota prodigioso que se hizo famoso por sus poemas satíricos. El libro A la manera de, publicado póstumamente por el Banco de la República en 1980, recoge cerca de 70 poemas publicados en columnas de opinión y recitados a sus amigos de tertulia en los que se burlaba del estilo de los poetas más reconocidos –Eduardo Carranza, Guillermo Valencia, León de Greiff –, de los hechos políticos del momento y de la idiosincrasia nacional. Recientemente, el poema “Caconia” fue leído en el Congreso a raíz de uno de los grandes desfalcos al fisco que son parte del devenir cotidiano de esta gran “cacoteca”.

No es Caconia país subpolar como Islandia o Laponia
sino bella región tropical: el hermoso país de Caconia.
Con dos costas y mares azules más claros que el Jonio,
todo clima acaricia, todo fruto se rinde al caconio;
mas no vive el caconio de los dones que brinda Natura
sino de robar limpiabrisas o cualquier otro objeto de manufactura.

No hay Parnaso en Caconia, ni Musas, ni fuente Heliconia;
sólo un arte, caquear, es la flor y el placer de Caconia,
pues Caconia no es más que una vasta, una gran cacoteca
en donde hay que enrejar los bombillos y amarrar la caneca.
Al llegar a Caconia las copas se van de los rines
y se erizan los pelos del resorte de Omega o Longines

Por la calle, en Caconia, refunfuña la gente con cierta acrimonia
porque no hay albañal que conserve su tapa en Caconia;
y sostienen los caconílogos que no es embeleco,
que se roban la tapa y que vuelven después por el hueco.
Y no hay cárcel, panóptico, fortaleza, prisión o colonia
que pudiera guardar tanto caco como hay en Caconia.

El caconio es famoso en Taiwan y temido en Estonia
como toda la prensa mundial a la vez testimonia
porque roba una aguja sin ojo, una brocha sin hebra.
Un caconio dejó sin botones de timbre a Ginebra,
y robaron los hilos de la luz, cierta noche, en Osaka,
dos caconios: un caco varón y una caca.

Todo caco del mundo quisiera vivir en Caconia
porque allí es un Brahmin, es un lord, un Medina Sidonia
y como es Palestina al sionista y Ucrania al cosaco
es Caconia la patria ideal de cualquiera que es caco.
Es lo más natural que se sienta en su casa todo caco en Caconia
como crece feliz en mitad del pulmón la pulmonia.

Y la acción más bolonia, y la más infantil ceremonia
es poner contra un caco un denuncio por robo en Caconia;
porque el juez, que es caconio, a la vez tan cabal como probo
suelta al caco en razón de que el caso fue de hurto, no robo.
Fuero igual no tuvieron siquiera los zares:
porque al caco, y es claro, en Caconia lo juzgan sus pares.

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